Itongadol/Agencia AJN.- Mientras el mundo se conmueve por el ataque israelí de ayer contra el hospital Nasser de Khan Younes, no está de más recordar el testimonio de Sharon Aloni, esposa del rehén argentino David Cunio, en enero del año pasado, tres meses después de la Masacre del 7 de Octubre, perpetrada por terroristas palestinos en el sur de Israel.
Ella reveló que la mayor parte de sus siete semanas de cautiverio las pasó con su marido y sus dos hijas gemelas de entonces 3 años, Yuli y Emma, en ese hospital de Gaza, al igual que decenas de otros rehenes israelíes.
Los llevaron allí al noveno día secuestrados. “Trajeron una ambulancia y disfrazaron a David de cadáver. Me pusieron ropa tradicional árabe, me pusieron a Yuli encima y la cubrieron con una sábana”, explicó Aloni.

El hospital Nasser “había unas tres habitaciones con rehenes. En cada una había de 10 a 12 personas. Habitaciones pequeñas, de 1 metro cuadrado, así que no había mucho espacio”, dijo.
Un enfermero atendía a todos cada dos días. “Sabía quiénes éramos; él seguía la corriente”, afirmó Aloni.

Terroristas de Hamas querían filmar a la familia “y, de repente, oí la voz de un bebé que lloraba al otro lado de la puerta” y que parecía la de Emma. Al principio, pensó que estaba alucinando, pero alguien entró con la niña y se la entregó “como un paquete”, contó.
Hicieron falta varias noches para tranquilizar a Emma, ya que “se despertaba gritando y no se calmaba en horas”, lo que provocaba que los terroristas “nos gritaran que nos calláramos”, dijo Aloni.
Habló de las duras condiciones que soportaron en cautiverio: dormían sobre una almohada ensangrentada y había un baño fuera de su habitación, pero la puerta podía tardar horas en abrirse, lo cual era un tormento, sobre todo porque “todos teníamos diarrea y vómitos”.
En un momento les dieron un balde y un vaso para lavarse, pero solo pudo hacerlo cinco o seis veces en ese mes y medio. Apenas les daban algo de comer y era mohoso.
Aloni no tenía su medicación para la depresión y “lloraba casi todos los días”, mientras que la frustración llevaba a David a “golpearse a veces en la cara hasta sangrar”, añadió.

