Inicio ISRAEL El protocolo secreto de la Fuerza Aérea israelí que derribó las defensas de Irán

El protocolo secreto de la Fuerza Aérea israelí que derribó las defensas de Irán

Por Gustavo Beron
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Itongadol.- La operación “León Naciente” reveló por primera vez la capacidad de Israel de penetrar directamente en el espacio aéreo de Teherán y atacar con precisión a pesar del denso sistema antiaéreo iraní. Un plan ultrasecreto conocido como “Stand-in Tehran” (SIT) permitió sorprender y desestabilizar al régimen, generando un “shock sistémico” en su estructura militar.

Dentro del centro de comando subterráneo de la Fuerza Aérea, conocido como “el Foso”, la señal de ataque resonó con el código repetido “Alpha… Alpha… Alpha”. Era el inicio de una fase inédita: por primera vez, aeronaves israelíes atacaban desde el propio espacio aéreo de Teherán, destruyendo objetivos críticos con precisión milimétrica. Un oficial de alto rango relató: “La tensión era inmensa por el temor a sorpresas iraníes. Cuando comenzaron a llegar los reportes ‘Alpha’ y vimos que los misiles impactaban en el corazón de Teherán, entendimos que estábamos ante un momento histórico”.

Según las fuentes militares, drones no tripulados fueron derribados por los misiles iraníes, pero ningún avión tripulado se perdió en combate. La clave fue el plan SIT, que consistía en acercar a los pilotos a distancias mínimas y emplear armamento avanzado, rompiendo la lógica de ataques remotos desde cientos de kilómetros. Esa cercanía sorprendió al denso entramado antiaéreo de Irán, que quedó momentáneamente neutralizado.

El concepto fue diseñado como parte de un triángulo estratégico: la defensa aérea de Israel y la protección del frente interno; ataques de largo alcance, como la “Operación Narnia”, que incluyó la eliminación de 14 científicos nucleares; y la “Operación Boda Roja”, centrada en la eliminación de altos funcionarios de seguridad iraníes. Sobre esa base, SIT fue la pieza disruptiva ideada por Amir Baram, entonces subjefe del Estado Mayor y hoy director general del Ministerio de Defensa.

Baram introdujo la doctrina del “system shock”, una idea desarrollada entre las dos guerras mundiales que apunta a provocar el colapso psicológico y organizacional del enemigo con un golpe sorpresivo y preciso que interrumpe sus sistemas de mando, control y comunicación. Según analistas militares, eso fue exactamente lo que ocurrió durante el golpe inicial en Teherán, que paralizó a la Guardia Revolucionaria y desestabilizó sus instalaciones.

El 15 de septiembre de 2024, Baram convocó a un taller del Estado Mayor con representantes de Inteligencia Militar, el Mossad, la Fuerza Aérea, la Dirección de Planificación, Ciberdefensa y el Ministerio de Defensa. Allí advirtió que un ataque sobre Teherán parecía irrealizable por la distancia y el riesgo, pero que era necesario para lograr un resultado histórico. Pese al escepticismo de algunos oficiales, el proyecto fue clasificado como “ultrasecreto” y cada rama aportó sus capacidades para hacerlo posible.

En pocas semanas, el plan pasó del papel a la práctica. El 6 de noviembre de 2024, la Fuerza Aérea, bajo el liderazgo del general Omer Tishler, comenzó a delinear entrenamientos para aplicar la nueva doctrina. Un día después, SIT se convirtió en programa oficial. A diferencia de los ataques “standoff”, realizados desde lejos, el concepto exigía penetrar profundamente en territorio enemigo y aumentar la velocidad y precisión de destrucción de objetivos.

Un veterano piloto lo resumió así: “Cada kilómetro que un avión vuela desde Israel tiene un costo altísimo en planificación y riesgo. Pero el SIT descansaba en décadas de entrenamiento y en la calidad de los equipos. Lo que se logró demuestra lo que la Fuerza Aérea es capaz de hacer”.

La presión política también fue determinante. El entonces ministro de Defensa, Israel Katz, dijo a los mandos: “Irán está hoy más expuesto que nunca a ataques contra sus instalaciones nucleares. Tenemos la oportunidad de eliminar la mayor amenaza existencial para el Estado de Israel”.

El 20 de noviembre, Baram aprobó el SIT como plan operativo y reasignó 2.600 millones de shekels del presupuesto del Estado Mayor para acelerarlo, aun a costa de otros proyectos. “La urgencia era evidente”, explicó una fuente involucrada. “Después quedó demostrado que valió cada esfuerzo”.

Desde entonces, revisiones semanales aseguraron que los entrenamientos avanzaran según lo previsto, hasta que la Fuerza Aérea declaró su plena capacidad para ejecutar el plan. Lo que comenzó como un concepto “casi de ciencia ficción” terminó materializándose en un golpe quirúrgico dentro de Teherán, que no solo desarmó el escudo antiaéreo iraní, sino que también reconfiguró el tablero estratégico en Medio Oriente.

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