Inicio ISRAEL «El pasado no ha quedado atrás»: las madres de rehenes liberadas de Gaza hablan sobre el regreso y el dolor que perdura

«El pasado no ha quedado atrás»: las madres de rehenes liberadas de Gaza hablan sobre el regreso y el dolor que perdura

Por Gustavo Beron
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Itongadol/Agencia AJN.- El día en que el cuerpo de Ran Gvili fue devuelto a Israel desde Gaza, Orly Gilboa, madre de la soldado de vigilancia Daniella Gilboa, aún tenía una cinta amarilla y su foto en el auto.

“Recién después de hacer una visita de shivá a la familia hice una pequeña ceremonia”, dijo, en referencia al tradicional período judío de duelo de siete días. “La quité y dije: ‘Ese capítulo de nuestras vidas ha terminado’”.

“Me refería a nuestra familia directa y al milagro de que las chicas hayan regresado. Por supuesto, recuerdo que hay otras familias que perdieron hijos, y para ellas ese capítulo nunca se va a cerrar”.

“Incluso ahora, cuando el capítulo de traer de vuelta a los vivos y a los muertos ha terminado, el pasado no ha pasado realmente”, agregó Ayelet Levy, madre de Naama Levy. “Todo lo que nos ocurrió, realmente ocurrió, y no estoy segura de que la gente lo vea lo suficiente, o incluso de que yo misma le dé el espacio necesario. A veces tengo que recordarme que pasó”, dijo, apretando las manos sobre la mesa.

De derecha a izquierda: Daniella, Liri y Naama el día de su puesta en libertad.

“Por un lado, Naama está en casa, está en casa. Por otro, estuvo allí más de un año y tres meses, y es un dolor fantasma que todavía sentís”.

Shira Albag, madre de Liri Albag, que fue secuestrada junto a Levy y Gilboa, añadió: “Hasta que no secuestran a tu hija, no entendés lo que significa que no hay vida y no podés respirar. Así que incluso cuando Liri ya había vuelto y dormía en su propia cama, no podíamos dejar de pensar en quienes seguían allí”.

“Recién pude respirar en octubre, cuando regresaron los rehenes vivos. Y cuando también trajeron a los muertos, finalmente sentí que no tenía que disculparme por estar feliz”, dijo, mirando a las otras mujeres con una comprensión silenciosa. “Tenía miedo de que, Dios no lo quiera, si quedaban rehenes que nunca regresarían, vivos o muertos, eso perseguiría a Liri y a las chicas el resto de sus vidas. Está claro que ahora su recuperación es completamente diferente”.

Abrazos, risas y planes de futuro

El 25 de enero de 2025, tras 477 días en Gaza, cuatro soldados de vigilancia —Liri Albag, Daniella Gilboa, Naama Levy y Karina Ariev— fueron liberadas del cautiverio de Hamás. Cinco días después, también fue liberada Agam Berger.

Al cumplirse un año y tres meses de su liberación, Shira Albag, Ayelet Levy y Orly Gilboa —madres de tres de las jóvenes— se reunieron frente a cámara.

“Es lindo ver sus ojos brillando”, dijo el fotógrafo, mientras las tres se abrazaban, reían y se elogiaban entre sí —desde el esmalte de uñas hasta la ropa— y hablaban de sus planes: la familia Albag viajará a Tailandia, los Levy visitarán a su hijo Amit en Costa Rica, y los Gilboa celebrarán el Seder de Pésaj en su casa en Petah Tikva.

¿Y los planes a futuro?

Orly: “Les cuesta planificar a largo plazo. Todo es a corto plazo, vivir el presente, porque lamentablemente entienden que nadie sabe qué va a pasar, como tampoco imaginaron lo que ocurrió el 7 de octubre”.

Shira: “Hay días en que la gente te abraza y está bien, y otros en que no querés que nadie te diga ‘Liri, sos increíble’. Depende de cómo fue la noche y de los disparadores. Y además, siguen siendo adolescentes, porque fueron secuestradas muy jóvenes”.

Ayelet: “Coincido. Para Naama la vida es solo aquí y ahora. Como mucho planifica dos meses adelante”.

Las tres coinciden en que el año y tres meses en que “el tiempo se detuvo” generó vacíos importantes en el crecimiento de sus hijas.

“Muchas veces, cuando hablamos de algo, Liri nos recuerda: ‘Se olvidan de que no estuve en casa durante un año y tres meses’”, contó Shira.

“A veces Naama pregunta por algo trivial que no sabe que pasó, y ahí digo: ‘Realmente no estaba acá, y se generó un vacío’”, agregó Ayelet.

Shira continuó: “Ayer mi sobrino hizo un gesto de enojo con la mano, y de repente Liri le dijo: ‘No hagas eso. Es un gesto terrorista, me recuerda a miembros de Hamás’”.

“Sí, volvieron con ganas de aprovechar la vida, de recuperar lo perdido. Pero hay muchos disparadores de los que ni siquiera somos conscientes”, señaló.

El trauma que persiste

El tema de posibles abusos durante el cautiverio surgió con cautela.

“Siempre estaban esos pensamientos sobre lo que podría estar pasando”, dijo Shira.

“Había muchos miedos”, añadió Orly.

¿Cómo hicieron para sobrellevarlo?

“No subestimen el poder de la represión”, respondió Ayelet.

Orly explicó que esa represión le permitió funcionar sin parar para traer a su hija de vuelta.

“Siempre me preguntan cómo lo hice”, dijo Shira. “Hoy, con todo lo que sé, no creo que pudiera hacerlo otra vez. ¿De dónde salió esa fuerza?”.

“De entender que Liri sobrevivió al 7 de octubre, que estaba secuestrada en Gaza, y que si no éramos nosotros, nadie iba a luchar por traerla de vuelta”.

Ayelet recordó: “Hubo un momento en que mi hijo mayor, mi pareja y mi hermana —que estuvieron conmigo todo el tiempo— literalmente me sostenían, porque ya no tenía fuerzas. Llegué a pensar que me habían quitado incluso el derecho a quitarme la vida, porque ¿cómo hacerlo si mi hija estaba allí? Me decía: ‘No tenés opción. Tenés fuerza’”.

Orly agregó: “Soy una persona realista y activa, y sabía que tenía que levantarme y luchar por Daniella. No había opción de esperar y lamentar mi destino”.

Una vida después del cautiverio

Las jóvenes siguen en contacto, con un grupo de WhatsApp y encuentros frecuentes.

“No nos preguntan nada”, dijo Shira entre risas al ser consultada si intentan protegerlas.

Orly contó que Daniella ya vive con su novio, Roy, y su perro. “Intento acompañarla cuando me deja, pero es independiente”.

Shira explicó que Liri aún vive en casa: “No la dejamos irse tan rápido. Está como corriendo contra el tiempo, quiere hacer todo: amigos, ejército, recuperación. El boxeo le devolvió la confianza”.

Ayelet destacó que la recuperación de Naama pasa por mantener su vida en privado. “No se siente cómoda como figura pública. Cada uno tiene su propio ritmo”.

Las secuelas y la falta de apoyo

Los momentos más difíciles, coincidieron, eran los fines de semana y las festividades.

Durante el cautiverio, hubo puntos de quiebre, como el asesinato de la rehén Noa Marciano o incidentes en los que otros rehenes murieron.

“Ahí entendimos que nadie estaba a salvo”, dijo Orly.

Tras el regreso, el trauma persiste. “Somos todos postraumáticos”, afirmó.

Ante la falta de un sistema estatal integral de apoyo, las familias crearon la “Organización 255”, con ayuda de la Shashua Family Foundation, para acompañar la rehabilitación y reclamar reconocimiento.

“Cuando las chicas estaban secuestradas, estábamos en ‘modo lucha’. Cuando volvieron, en ‘modo euforia’. Ahora entendemos lo que vivimos: fue un trauma”, explicó Shira. “No somos las mismas personas y no podemos volver a la misma vida”.

Ayelet lo resumió con una frase que podría ser el título de su historia:

“El pasado no ha pasado. Siempre seremos madres de chicas que estuvieron cautivas, y no sabemos dónde nos va a encontrar eso dentro de diez años”.

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