Inicio ISRAEL Discurso completo de Isaac Herzog en el Día de la Recordación: homenaje a los caídos, memoria nacional y llamado a la unidad

Discurso completo de Isaac Herzog en el Día de la Recordación: homenaje a los caídos, memoria nacional y llamado a la unidad

Por Gustavo Beron
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Itongadol/Agencia AJN.- El presidente de Israel, Isaac Herzog, encabezó la ceremonia oficial de Iom Hazikaron (Día de la Recordación) en el Muro Occidental, en Jerusalem, donde brindó un extenso y emotivo discurso en homenaje a los soldados caídos y a las víctimas del terrorismo, combinando relatos personales, referencias históricas y un llamado a la cohesión nacional en un contexto de guerra.

El mandatario abrió su intervención recordando la historia del mayor (res.) Dr. Eitan Menachem Neeman, un médico de la unidad de cuidados intensivos pediátricos del Centro Médico Soroka, en Be’er Sheva, que dedicaba su vida a salvar niños de toda la región del Néguev. Relató que el 7 de octubre, Eitan acudió de inmediato al hospital para asistir a los heridos, y que al día siguiente fue convocado al servicio de reserva, decisión que tomó sin dudar pese a su rol clave en el sistema de salud.

Herzog detalló que el 9 de octubre, mientras operaba en las afueras de Sderot, el equipo de Neeman se encontró con terroristas. Eitan avanzó al frente, como solía hacerlo, y combatió hasta caer junto a sus compañeros, el capitán Yuval Halivni y el sargento mayor (res.) Avihay Amsalem. Posteriormente, su familia descubrió que murió sosteniendo una granada que había sido lanzada contra su unidad, la cual logró interceptar, aunque no tuvo tiempo de devolverla. Tenía 45 años, y dejó esposa, siete hijos, su madre, cinco hermanas y una comunidad que le debía la vida.

El presidente utilizó esta historia para conectar el presente con una tradición milenaria. Mencionó que una prima de Neeman publicó en su memoria un poema litúrgico hallado en la Genizá de El Cairo, escrito hace casi mil años por el rabino Natan ben Yeshua tras la muerte de su hijo. Herzog citó sus palabras: “Lloro, lloro, y mi espíritu está envuelto… sobre un racimo arrancado de la vid… antes de poder probar su vino, me fue arrebatado”, subrayando el hilo que une el dolor personal con la memoria colectiva a lo largo de generaciones.

En ese marco, Herzog señaló que Israel atraviesa aún una campaña militar activa, y expresó su respaldo a todos los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel y a las fuerzas de seguridad, tanto en servicio regular como en la reserva. Agradeció también a los equipos de rescate, emergencia y asistencia, y deseó la pronta recuperación de todos los heridos, tanto física como emocionalmente.

El presidente describió con profundidad el silencio que deja la guerra: un silencio pesado, cargado de ausencia. Habló del dolor de las madres que revisan álbumes, de las parejas que no pudieron despedirse, de los hijos que ya no tendrán abrazos, y de las promesas que quedaron sin cumplir. En ese contexto, se dirigió directamente a las familias en duelo, pidiendo permiso simbólico para acompañarlas en su dolor en nombre de toda la nación.

Herzog destacó que en los últimos años el país se ha llenado de imágenes de los caídos, en carteles, calles y espacios públicos, acompañadas por frases que reflejan sus valores y deseos: “No dejen de bailar”, “Con una sonrisa”, “Sean buenos”. Definió estas expresiones como parte de una “canción de generación”, una memoria viva construida a partir de las voces de quienes ya no están.

A lo largo de su discurso, el presidente evocó a distintos soldados caídos, como el capitán Be’eri Hazak, cuyos poemas reflejaban un llamado espiritual; la sargento Adi Odeya Baruch, fotógrafa que murió en Sderot y dejó escritos que celebraban la vida; el sargento mayor Zechariah Pesach Haber, académico y combatiente que dejó una obra intelectual significativa; y Maher Khatar, integrante de la comunidad drusa que eligió servir y murió en combate en el norte. Cada uno, señaló, representa a miles de hombres y mujeres que dejaron un legado más allá de su sacrificio.

El mandatario enfatizó que Israel no vive “por la espada, sino junto a ella”. Explicó que la defensa es una necesidad, pero que el propósito es preservar el espíritu: un espíritu que busca el bien, la paz, la libertad y la dignidad. “La espada es una herramienta; el espíritu es el propósito”, afirmó.

En un pasaje central, Herzog hizo un llamado a la unidad nacional. Recordó que el pueblo de Israel siempre fue una sociedad de múltiples voces, y que su fortaleza radica en su capacidad de mantenerse unido. Advirtió que cuando las voces se silencian entre sí, el peligro aumenta, mientras que cuando se armonizan, la nación se fortalece.

Citando testimonios de soldados, destacó la diversidad de la sociedad israelí, con combatientes provenientes de distintos orígenes, creencias y regiones, pero unidos por un destino común. “Todos tenemos una tierra, todos tenemos rostros hermosos”, citó.

Finalmente, Herzog cerró su discurso con un compromiso colectivo: no olvidar a los caídos y continuar construyendo el futuro en su nombre. “Llevaremos su memoria en el corazón de la nación, y en su nombre cantaremos juntos la canción que vendrá después de la guerra”, concluyó, en un mensaje de esperanza en medio del dolor.

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