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Por Pilar Rahola. Buenismo progre e islamismo

Por M S
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Itongadol.- Fue lunes pasado. Una amiga afgana exiliada me acababa de pasar las últimas imposiciones violentas del Talibán contra las mujeres de su país, entre otras, la obligación de ir con burka a la Universidad y viajar en los autobuses con una mampara que las segrega de los hombres. Pueden imaginar el castigo, si osan infringir las normas… También me había pasado la foto de una maestra que llevaba una escuela de niñas, a la cual habían asesinado. Se llamaba Kathera Noorzehi y tenía 37 años. La ahogaron con su propio pañuelo. Su imagen la pueden ver en el hashtag @standwithafganwomen.

Será cuestión del azar, o que la casualidad la carga el diablo, un rato más tarde me vi justo en medio de una jarana en las redes tan patética, como delirante. Un amigo me envió el anuncio de una «Raval fashion week«, organizada con dinero público, cuyo reclamo era el dibujo de tres mujeres con hiyab y vestimenta adecuadamente islamista, que desfilaban en una pasarela de moda. Es decir, el cartel naturalizaba, y encima con aires glamurosos, el símbolo de dominio de la mujer por parte del islamismo. Mi reacción fue inmediata y, reconozco, visceral, no en balde conozco muy de cerca la lucha de las mujeres musulmanas contra la opresión. Indignada, pues, escribí: ¿»Qué puñetas es eso? La diarrea multicultural empieza a ser grave.» No hay que decir que este tuit abrió la caja de Pandora en forma de insultos de todo tipo, dirigidos a mi hereje figura, que, a día de hoy, todavía continúan. Entre otros, incluso me hizo el honor un insigne concejal de distrito, una larga lista de plumíferos progres del Twitter y el mismo diputado Ruben Wagensberg, que cayó en la excelsa originalidad de compararme con Vox. Por el camino, «racista de mierda», «fascista», «xenófoba» y la petición clamorosa de que me echen de cualquier altavoz mediático, no fuera que contaminara, con mis perversas ideas, a la ingenua ciudadanía. Ante una estima tan considerable, me ha parecido oportuno hacer dos cosas. Una, ratificarme: la diarrea multicultural empieza a ser grave. Y dos, plantear el tema con los argumentos que, personalmente, sustentan mi posición. La cuestión de los insultos la dejo para el grupo de intolerantes de la progresía que se presentan como los gurús del pensamiento correcto, felizmente acostumbrados a las listas negras, a la censura ideológica y a la estigmatización de quien no comulga con el dogma de fe de la izquierda auténtica. Para muchos de ellos, la Stasi queda pequeña.

Artículo publicado por Pilar Rahola en www.elnacional.cat

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