Itongadol.- El 14 de octubre de 1990 falleció en Nueva York, a los 72 años, Leonard Bernstein, uno de los directores de orquesta, compositores y pianistas más influyentes del siglo XX. Reconocido por su talento para acercar la música clásica al gran público, dejó una huella profunda tanto en las salas de concierto como en Broadway, con obras que trascendieron generaciones.
Bernstein nació el 25 de agosto de 1918 en Lawrence, Massachusetts, en el seno de una familia de inmigrantes judíos provenientes de Ucrania. Su nombre original era Louis Bernstein, aunque desde pequeño su familia comenzó a llamarlo Leonard. Se interesó por la música durante su infancia y empezó a estudiar piano a los diez años. También recibió formación en hebreo, en un entorno familiar en el que las raíces judías ocupaban un lugar importante.
Su carrera despegó en 1943, cuando reemplazó de urgencia al director Bruno Walter al frente de la Filarmónica de Nueva York. La actuación tuvo una repercusión extraordinaria y marcó el inicio de una trayectoria internacional. En 1958 se convirtió en director musical de esa orquesta, un cargo que ocupó hasta 1969 y desde el cual contribuyó a ampliar el alcance de la música sinfónica en Estados Unidos.
Como compositor, Bernstein alcanzó fama mundial con West Side Story, el musical estrenado en Broadway en 1957 que trasladó la historia de Romeo y Julieta a las calles de Nueva York, en medio de las tensiones entre dos grupos juveniles. La obra combinó música clásica, jazz, ritmos latinos y canciones que se convirtieron en clásicos, como Maria, America y Somewhere. También compuso On the Town, Candide y varias sinfonías, entre ellas la Sinfonía n.º 3: Kaddish, cuyo título remite a la oración judía tradicional por los difuntos.
Su vínculo con el judaísmo también se expresó en obras inspiradas en la tradición religiosa. En 1963 estrenó la Sinfonía Kaddish, dedicada a la memoria del presidente estadounidense John F. Kennedy y construida alrededor de un texto que dialoga con la oración judía. En 1965 compuso Chichester Psalms, una obra coral que utiliza textos del Libro de los Salmos en hebreo. Ambas piezas reflejan su interés por explorar, a través de la música, preguntas espirituales y humanas.
Bernstein mantuvo además una relación estrecha con Israel y con la Orquesta Filarmónica de Israel, a la que dirigió en numerosas ocasiones. En diciembre de 1948, poco después de la creación del Estado de Israel, dirigió una serie de conciertos para las tropas israelíes durante la Guerra de Independencia. Años más tarde, continuó colaborando con músicos e instituciones del país y presentó allí algunas de sus obras más importantes.
A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos, entre ellos once premios Emmy, un Tony y un Grammy a la trayectoria. También se destacó como educador: sus conciertos televisivos para jóvenes contribuyeron a acercar la música clásica a millones de espectadores y consolidaron su imagen como uno de los grandes divulgadores musicales de su época.
En sus últimos años, Bernstein enfrentó problemas de salud vinculados a un enfisema y un mesotelioma. El 9 de octubre de 1990 anunció su retiro de la dirección de orquesta y murió cinco días después, el 14 de octubre, en su departamento de Manhattan, a causa de un paro cardíaco relacionado con su enfermedad. Su legado permanece vivo en sus composiciones, sus grabaciones y su contribución a la difusión de la música clásica en todo el mundo.

