Itongadol/Agencia AJN.- Las nuevas restricciones comerciales adoptadas por distintos países europeos contra productos provenientes de los asentamientos israelíes podrían tener un impacto que exceda ampliamente el volumen de mercadería directamente alcanzado por esas medidas. El principal interrogante es si las nuevas exigencias regulatorias y el riesgo reputacional asociado al origen de determinados productos pueden llevar a más empresas israelíes a trasladar parte de su producción al exterior.
El caso más reciente es el de Países Bajos, donde esta semana entró en vigor una prohibición sobre la importación, compra y comercialización de productos originados en asentamientos israelíes. La medida también contempla servicios de intermediación vinculados con esos bienes y acciones destinadas a eludir las restricciones.
A primera vista, el impacto directo de la medida neerlandesa sería limitado. El volumen de productos fabricados más allá de la Línea Verde y exportados a Países Bajos es demasiado reducido como para modificar de manera significativa las cifras generales de exportaciones israelíes.
Sin embargo, Países Bajos ocupa actualmente el primer lugar entre los destinos europeos de las exportaciones israelíes de bienes. Según los datos publicados por la Oficina Central de Estadísticas de Israel, entre enero y agosto de 2026 Israel exportó bienes por unos 1.800 millones de dólares a ese país, superando a Alemania tanto si se incluyen como si se excluyen los diamantes.
La medida neerlandesa tampoco constituye un veto general a los productos israelíes. Las nuevas normas distinguen explícitamente entre bienes originados en los asentamientos y aquellos producidos dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas de Israel.
Precisamente esa distinción puede generar un desafío adicional para las empresas. Un comprador europeo no necesariamente tiene conocimientos detallados sobre la geografía de Israel y puede no querer determinar si un producto fue fabricado en Ra’anana o Ariel, de dónde proceden sus materias primas o qué subcontratista produjo alguno de sus componentes.
A medida que aumentan las restricciones y los requisitos de documentación, también pueden crecer los costos de cumplimiento. Esto podría generar un incentivo para que algunas compañías europeas elijan proveedores cuyo origen no requiera controles adicionales.
El fenómeno es descripto como un posible “efecto disuasorio”: no se trata necesariamente de un boicot directo contra una fábrica ubicada en un asentamiento, sino de que empresas y consumidores opten por reducir su exposición a productos israelíes para evitar eventuales riesgos legales, regulatorios o reputacionales relacionados con su origen.
Para algunas empresas israelíes, una eventual respuesta podría consistir no en abandonar el país por completo, sino en trasladar determinadas etapas de producción al exterior. Una compañía podría mantener en Israel su dirección, investigación y desarrollo, propiedad intelectual y parte de sus ganancias, mientras fabrica un producto o adquiere materias primas en China y comercializa directamente desde allí hacia Países Bajos.
La empresa continuaría siendo israelí, pero los bienes dejarían de tener origen israelí a efectos comerciales.
Existe un antecedente en el traslado de producción desde los asentamientos. SodaStream, por ejemplo, trasladó su fábrica de Mishor Adumim al Negev, en parte en un contexto de presión internacional por sus operaciones más allá de la Línea Verde.
Al mismo tiempo, ya existe un movimiento más amplio de producción israelí hacia otros países que no puede atribuirse exclusivamente a los boicots. La empresa fabricante de medidores de agua Arad, por ejemplo, trasladó parte de su producción a España, Italia y México.
Las compañías israelíes enfrentan desde hace años distintos incentivos económicos para fabricar fuera del país, entre ellos la fortaleza del shekel, los elevados salarios y costos de producción, la productividad laboral, los impuestos y las regulaciones, además de la posibilidad de ubicar las fábricas más cerca de los mercados de destino.
A estos factores se suma ahora una variable adicional: el riesgo reputacional, o lo que algunos analistas describen como el costo asociado al “origen israelí” de los productos.
Los datos sobre el comercio exterior muestran la magnitud de un fenómeno que ya está ocurriendo. Durante el segundo trimestre de 2026 se registraron unos 11.200 millones de dólares en exportaciones de bienes vendidos en el exterior sin que las mercaderías ingresaran o salieran físicamente de Israel.
En estas operaciones, una empresa residente en Israel vende bienes a un cliente extranjero y la propiedad pasa de un residente israelí a uno extranjero, pero los productos nunca ingresan ni salen de Israel y, por lo tanto, no aparecen en los registros aduaneros como exportaciones físicas.
Ese volumen representó cerca del 40% de las exportaciones de bienes durante el trimestre.
El porcentaje es considerablemente mayor que el registrado en años anteriores. Hasta 2023, este tipo de operaciones representaba alrededor del 9% de las exportaciones. El incremento comenzó principalmente durante el tercer trimestre de 2023, entre julio y septiembre.
Desde entonces, el volumen de exportaciones de bienes aumentó en unos 10.500 millones de dólares, pero solamente 1.700 millones, equivalentes al 16,5% de ese incremento, correspondieron a bienes cuyo origen se encontraba físicamente en Israel.
El cambio no puede atribuirse exclusivamente a los boicots o a las restricciones comerciales. También intervienen transformaciones estructurales de la economía, condiciones macroeconómicas, cambios geopolíticos y políticos y la aparición de nuevas cadenas internacionales de producción.
Sin embargo, las cifras muestran que para una empresa israelí resulta cada vez más posible separar el lugar donde se generan las ganancias del lugar donde se fabrican los productos.
Esto puede tener consecuencias sobre el empleo. Una empresa puede conservar su sede, sus operaciones de investigación y desarrollo y parte de sus ganancias en Israel mientras traslada una fábrica a México, China u otro país. En ese escenario, parte de los beneficios continúa vinculada con Israel, pero los puestos de trabajo asociados directamente a la producción se generan en el exterior.
El impacto puede ser especialmente relevante para las industrias tradicionales, donde una mayor proporción de los puestos de trabajo corresponde a trabajadores con menos alternativas ante un eventual traslado de las plantas.
El escenario europeo también registra nuevos movimientos. Reino Unido, Francia y Canadá anunciaron recientemente planes para avanzar con restricciones comerciales, mientras que un total de 12 países comunicaron su intención de imponer restricciones relacionadas con el comercio de productos provenientes de los asentamientos, respaldar medidas europeas o estudiar iniciativas similares.
Por eso, el interrogante ya no se limita a cuántos millones de dólares en productos provenientes de los asentamientos podrían quedar fuera del mercado neerlandés.
La cuestión es qué ocurrirá si un número creciente de empresas israelíes considera que resulta más sencillo, económico o seguro fabricar fuera de Israel.
Las restricciones están dirigidas a productos originados más allá de la Línea Verde, pero sus posibles efectos económicos podrían extenderse mucho más allá de los asentamientos y reforzar una tendencia que ya aparece en las estadísticas de comercio exterior de Israel.
Fuente: CTech
40% of goods exports no longer pass through Israel. That’s no coincidence

