Por primera vez desde el cierre de la «Ley de Nacionalidad para Sefardíes» en 2021, España ha vuelto a conceder la ciudadanía a un descendiente sefardí. Pero no lo ha hecho por la vía ordinaria: el 18 de febrero de 2025, el Real Decreto 115/2025 otorgó la nacionalidad por Carta de Naturaleza a Peter René Pérez, ciudadano austríaco y superviviente de la Shoá, marcando un precedente que reactiva el mecanismo más excepcional y soberano para la reparación histórica.
Esta distinción legal no es menor. Mientras la Ley 12/2015 procesó decenas de miles de solicitudes durante seis años mediante un procedimiento especial y masivo, la Carta de Naturaleza es un instrumento discrecional reservado para casos de «circunstancias extraordinarias». Esta misma vía ya había devuelto la ciudadanía a unos 6.000 sefardíes antes de 2015, pero el caso de Peter la reactiva ahora para quienes, como él, encarnan una historia que trasciende cualquier procedimiento ordinario.
Una historia extraordinaria forjada en los campos
La vida de Peter es el fiel reflejo de esa excepcionalidad, forjada en uno de los capítulos más oscuros del siglo XX, pero también en uno de los más luminosos ejemplos de solidaridad.
Su historia comienza en Viena, en 1936, en el seno de la pequeña comunidad judía sefardí. Su familia era un mosaico de la compleja identidad europea: un padre sefardí de origen búlgaro que le hablaba en ladino y una madre vienesa y católica. Este frágil equilibrio familiar se hizo añicos en marzo de 1938 con la anexión de Austria por la Alemania nazi. La persecución de la Gestapo obligó a su padre y a su tío a huir a París. Meses después, Peter y su madre lograron reunirse con ellos, iniciando un exilio que pronto se vería truncado por la guerra.
En 1941, la familia fue capturada e internada en el campo de Rivesaltes, en el sur de Francia, un lugar que el régimen de Vichy destinaba para confinar a «extranjeros indeseables», categoría que incluía a republicanos españoles, gitanos y judíos.
La solidaridad que cambió un destino
Separado de sus padres a los cinco años, Peter encontró en los prisioneros españoles compañía y salvación. Con ellos aprendió sus primeras palabras en castellano. Con los niños gitanos compartió el cante flamenco que usaban como código de supervivencia: cada mañana, las voces de los barracones que respondían al canto revelaban quiénes habían logrado sobrellevar otra noche de hambre y temperaturas gélidas.
Esa solidaridad se tradujo en actos concretos y heroicos. Un vecino gitano, el señor Vargas, defendió a su padre de un gendarme con un cuchillo. Más tarde, refugiados en la mina de La Caunette, los mineros españoles votaron para cederle la única ampolla de una medicina que le salvó la vida. Pero el acto más decisivo ocurrió en septiembre de 1942, cuando un grupo de prisioneros republicanos españoles falsificó los documentos de la familia Pérez eliminando todo rastro de judaísmo y así pudieron eludir la deportación a Auschwitz.
El círculo que se cierra
En enero de 2024, durante el Día de la Memoria del Holocausto, pronunció en el Senado de España una frase que resume su legado y sirve como advertencia universal: «El antisemitismo no empieza con los campos; empieza con el silencio». Estas palabras sin duda resonaron en una parte significativa de la sociedad española que se opone a la política antisemita de su actual gobierno y que se solidariza con el difícil presente del pueblo judío.
Finalmente, el 29 de julio de 2025, en la Embajada de España en Viena, el círculo de esta reparación histórica se cerró con la entrega de su pasaporte español. Este gesto final selló dos conexiones profundas: la que nació de la solidaridad en los campos de concentración, reconocida por la nación ochenta y tres años después, y la que los une a sus ancestros, quienes quince generaciones atrás tuvieron que abandonar su tierra para conservar su fe, pero se llevaron consigo para siempre su amada Sefarad.
Más información para sefaradíes que quieran gestionar la ciudadanía española en pasaportesfl.com o en @pasaporte.sfl

