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El Grito del Amanecer: Las Selijot Sefardíes en el Mes de Elul

Por Iton Gadol
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Por Leonardo Abadi

«Ben Adam, Ma Lecha Nirdam». «Hijo del Hombre, ¿por qué duermes?». Con la fuerza de un trueno en medio del silencio, este verso del libro de Jonás resuena en las sinagogas sefardíes desde la primera madrugada del mes de Elul. Es una llamada urgente a despertar del letargo espiritual y confrontar la finitud de la existencia. Para la tradición sefardí, los cuarenta días previos a Yom Kipur comienzan las Selijot, una maratón espiritual donde la poesía, la música y la comunidad se entrelazan para preparar el alma para los Iamim Noraim.

Cuarenta fueron los días que Moisés pasó en el Monte Sinaí, intercediendo por su pueblo tras el pecado del becerro de oro: un tiempo simbólico de reconciliación. La costumbre ashkenazí concentra las Selijot en los días previos a Rosh Hashaná. La sefardí, en cambio, abraza todo el mes de Elul hasta Yom Kipur, convirtiendo la introspección en un hábito cotidiano. El núcleo de estas madrugadas de plegaria es la invocación de los trece atributos de la misericordia “‘Amonay, Amonay, E-l Rajum veJanun …. » (Éxodo 34:6). Pero como suele suceder en el judaísmo, siempre hay otra vuelta de tuerca: el sabio Eliyahu de Vidas enseña que más que recitarlos, debemos imitarlos. Perdonar como anhelamos ser perdonados, ser pacientes como esperamos que sean con nosotros.

El alma de las Selijot se expresa a través del piyyut, el poema litúrgico que convierte el precepto en arte. Gigantes de la Edad de Oro española como Shlomo Ibn Gabirol o Yehuda Halevi prestaron su genio para darle voz al anhelo de perdón. El corazón de la ceremonia es el Viduy, la confesión. Lejos de ser una lista de pecados individuales, se recita siempre en plural: «Hemos traicionado», «hemos hablado con arrogancia», «hemos sido hipócritas». Esta elección gramatical subraya un concepto fundamental: la responsabilidad colectiva del pueblo judío. El Viduy se articula en tres pasos: la admisión del error (hakarat hajet), la confesión verbal (viduy) y la firme decisión de abandonar el acto (azibat hajet), un proceso que busca una transformación real y no una mera expiación ritual.

La fuerza de las Selijot reside también en su capacidad de tejer comunidad. El simple acto de reunirse antes del amanecer, la lucha compartida contra el sueño, crea un lazo invisible y poderoso. Es una tradición que se manifiesta con vitalidad asombrosa en cada sinagoga sefardí donde apenas se llega al minian, en los servicios multitudinarios frente al Muro Occidental en Jerusalén de 50.000 personas, o en las oraciones de los soldados del ejército israelí que buscan un momento de conexión antes de iniciar su jornada. La ceremonia trasciende los muros de la sinagoga y se convierte en un pilar de la identidad sefardí contemporánea.Las Selijot sefardíes son, en esencia, una experiencia multisensorial: el eco de poetas medievales, la vibración de melodías ancestrales y el calor de una comunidad que despierta unida. En un mundo que a menudo nos adormece con sus ruidos, la vieja pregunta —Hijo del Hombre, ¿por qué duermes?— resuena hoy con una pertinencia sobrecogedora, invitándonos a un despertar que trasciende la liturgia.

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