Itongadol/Agencia AJN.- Un equipo de científicos israelíes identificó que la capacidad del cerebro para distinguir entre un objeto nuevo y el mismo objeto visto desde distintos ángulos habría evolucionado hace al menos 320 millones de años, cuando mamíferos y reptiles se separaron de un ancestro común. El hallazgo surge de un estudio realizado con tortugas de agua dulce y recientemente publicado en la revista Science Advances.
La investigación fue liderada por Milan Becker, Nimrod Leberstein y Mark Shein-Idelson, del Departamento de Neurobiología de la Tel Aviv University. El objetivo fue explorar cuál pudo haber sido una de las funciones más tempranas de la corteza cerebral, la región responsable de habilidades cognitivas superiores y del procesamiento complejo de información.
Shein-Idelson explicó que eligieron tortugas de agua dulce porque poseen vías neuronales similares a las de los mamíferos que conectan la retina con la corteza cerebral, donde se analiza la información visual compleja.

Tanto reptiles como mamíferos evolucionaron a partir de un ancestro común que abandonó el medio acuático para adaptarse a la vida en tierra firme. Se estima que ese ancestro poseía una corteza cerebral de tres capas —estructura que aún conservan las tortugas— mientras que los mamíferos desarrollaron posteriormente una corteza de seis capas.
A diferencia de los peces y otras especies marinas con visión de corto alcance, este ancestro terrestre habría desarrollado capacidades visuales más avanzadas, necesarias para sobrevivir en un entorno donde la detección de depredadores y presas dependía en gran medida de la vista.
Los investigadores registraron la actividad neuronal de las tortugas mientras monitoreaban sus movimientos oculares mediante cámaras especialmente diseñadas. Así pudieron analizar cómo respondía el cerebro ante la repetición de un mismo estímulo visual y frente a la aparición de uno nuevo, incluso cuando la imagen impactaba en diferentes zonas de la retina debido al movimiento de la cabeza o los ojos.
“Si una tortuga mueve la cabeza y un objeto se ve distinto, su cerebro entiende que es el mismo objeto que ya vio, solo que desde otro ángulo”, explicó Shein-Idelson. Según el investigador, los resultados sugieren que una de las funciones originales de aquella corteza ancestral era precisamente realizar este tipo de cálculo.
El desafío es clave para cualquier animal terrestre. “Imagine que un depredador aparece en un punto del campo visual. Usted mueve la cabeza y la imagen cae en otra parte de la retina. ¿Es el mismo depredador?”, detalló el científico. Aunque la imagen cambia con cada movimiento ocular, los objetos del mundo permanecen iguales. El cerebro debe integrar esa información en una representación coherente e independiente de los movimientos de la mirada.
El equipo ahora planea evaluar si las tortugas pueden reconocer un mismo objeto cuando se presenta a distintas distancias —y por lo tanto con diferentes tamaños aparentes— o bajo condiciones de iluminación variables.
Shein-Idelson realizó su posdoctorado con Gilles Laurent en el Max Planck Institute for Brain Research, en Alemania, reconocido por sus estudios sobre cerebros de reptiles. En 2018, Laurent publicó investigaciones sobre tortugas anestesiadas que sentaron bases metodológicas para trabajos posteriores.
El nuevo estudio refuerza la hipótesis de que mecanismos cerebrales fundamentales para la percepción estable del entorno surgieron mucho antes de la aparición de los mamíferos modernos, y que humanos y tortugas aún comparten esa antigua arquitectura funcional.

