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Fuerte polémica por la certificación de carne kosher en Argentina

Por Martin Klajnberg
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Itongadol.- Días después de que Roberto Goldfarb, el dueño de la cadena de supermercados mayoristas Diarco, anunciara en diálogo con Iton Gadol que comenzaría a comercializar carne kosher a un «precio razonable», el debate no se hizo esperar. El rabino Samuel Levin, referente del sector ultraortodoxo, acusó al empresario de «no cumplir con el kashrut» y de ser un «maleducado» por llamar mafiosos a quienes comercializan carne kosher. «Que venda harina o fideos, pero que no se meta donde no debe», asestó el rabino.

El conflicto se desató después de que Goldfarb dijera que no va a aceptar «los tratos mafiosos del gremio de la carne kosher», acusando a quienes comercializan estos productos de «robarle a la gente» incluyendo grasa o huesos en el precio, al que calificó de «exhorbitante». «Estamos tratando de darle un servicio a la comunidad para que la gente pueda acceder a la carne kosher», dijo el empresario a Iton Gadol.

En respuesta a los dichos de Goldfarb, Levin, director de la Ieshivá Jafetz Jaim de Buenos Aires y supervisor de la carne kosher del frigorífico Gorina, desestimó las acusaciones y aseguró que el precio elevado al que se vende la carne es por incluir supervisiones especiales, entre otros recaudos que se deben tomar y que repercuten en el precio final. «Se tienen unos cuidados que hacen que el proceso sea más lento. Yo trabajo con 30 personas, 10 ‘shojatim’ (quienes faenan la carne kosher) y 20 supervisores, que son especialistas. Por eso se paga», explicó.

La carne kosher que se comercializa desde el 5 de octubre en Diarco.

El rabino apuntó al empresario, al que llamó «sinvergüenza», y al rabino Yosef Feigelstock, de Jabad Lubavitch, quien supervisa la carne que se vende desde la semana pasada en Diarco. «Son unos sinvergüenzas, unos maleducados. Y más maleducado es Feigelstock, que le da la certificación. No puede ir cualquiera a hacer una supervisión y certificar la carne kosher. La gente nos compra a nosotros porque sabe que nuestra carne está bien supervisada. Que Diarco se ocupe de vender harina y esas cosas, pero que no se meta con el kashrut», señaló.

En relación a la supervisión, Goldfarb aseguró que quiere llevar a cabo algo inédito, convocando a otros importantes rabinos que participan en el negocio a realizar una «triple supervisión», entre los que mencionó al rabino Iosef Chehebar, Gran Rabino de la Congregación Sefardí de Argentina, y al rabino Daniel Oppenheimer. «Intento hacer algo que no se hizo nunca en la comunidad argentina, para que haya tres supervisiones en cada paquete de carne», expresó el empresario.

Los productos kosher comercializados por el rabino Levin.

«Si quiere vender carne diciendo que es kosher, que lo haga. Pero que no nos llame mafiosos», respondió Levin. «¿Piensa que la gente paga más caro sin saber por qué? La gente compra nuestra carne porque sabe que está bien supervisada, y sabe que eso cuesta más. Hay una supervisión estricta, no puede hacerla cualquiera, y eso tiene un precio. La gente no es tonta».

El rabino dijo además que supervisa su carne, la cual se exporta y es consumida en Israel, sin cobrar por ello, debido a que no quiere ser el causante de un precio mayor. Sin embargo, explicó que el resto de los trabajadores, entre «shojatim» y supervisores, cobran por su trabajo, y eso se traslada a los precios. «Cada uno de los que tienen su propia ‘shjitá’ (ritual de faenado de animales), como el rabino Chehebar, sabe que cuesta un dineral, porque incluye supervisiones especiales. Se paga $150.000 a cada ‘shojet’, y hay que pagarles el remis ida y vuelta», agregó Levin.

Además, señaló que la carne kosher posee mucha merma, y que casi el 40% de la carne se pierde en el proceso de faenado debido a cuestiones de kashrut. «Se saca la grasa, el cebo, hay que cortar pedazos enteros para que sean 100% kosher», explicó.

«La gente va a comprar donde tenga confianza. No se puede engañar a la gente, y si no entiende de kashrut, que no se meta», expresó, molesto, Levin. «Las cosas hay que conocerlas a fondo. No puede venir un hombre que no tiene nada que ver, que no es ni religioso, a armar lío. Si habla mucho, le voy a poner el «herem» (prohibición) a él. No me asusta alguien que tiene plata», concluyó el rabino.

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