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Israel. Kfar Saba, la ciudad de los latinoamericanos, despidió al soldado que creían secuestrado

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Itongadol/AJN.- Hoy, domingo, no fue un día más en Kfar Saba, una de las “capitales” de la inmigración latinoamericana en Israel, situada muy cerca de Tel Aviv, al nordeste.

Es que esta tarde se realizó, en el cementerio militar de Kfar Saba, el funeral del teniente Hadar Goldin, de 23 años, oficial de la Unidad de Reconocimiento de la Brigada Givati, a quien se temía secuestrado por terroristas palestinos, pero finalmente se dictaminó que no había sobrevivido a un ataque junto a la boca de un túnel en el sur de la Franja de Gaza.

“Las calles estaban ‘tapizadas’ de automóviles y los únicos que podían circular eran los autobuses, y por las calles laterales; había más de 10.000 personas que llegaron caminando o en autobuses, tren o auto, incluso de lugares distantes; una masa humana impresionante, en absoluto silencio y orden, con respeto y un dolor terrible”, describió Ariana Gidekel de Platkin (foto), vicepresidenta de la filial local de la Organización Latinoamericana, España y Portugal (OLEI).

Había “mucha gente de la OLEI, señoras de la WIZO (Organización Sionista Internacional Femenina) y jóvenes” porque “en Kfar Saba hay una comunidad latinoamericana muy grande y estamos en todos lados”, incluso “formamos parte de la Asociación de Voluntarios de la ciudad, que reúne a más de 60 entidades”, informó.

Sus “padres -cuya entereza es algo fuera de serie- viven a una cuadra de mi casa, que está a dos del cementerio militar, y pidieron que viniera todo el pueblo; lo mismo pasó cuando mataron a esos tres chicos y por lo cual empezó todo este asunto”, equiparó la dirigente voluntaria argentina, en referencia al secuestro y posterior asesinato de los adolescentes estudiantes de ieshivá Naftali Fraenkel, Gil-Ad Shaer y Eyal Yifrach, el 12 de junio.

“Sus padres son médicos y él tocaba el violín, una delicia de chico; eran cuatro hermanos y Hadar tenía un mellizo”, Tzur, agregó.

Por otra parte, “a pesar de la situación y de que muchas entidades cerraron sus puertas, (en la OLEI) seguimos con nuestras actividades con cuidado y con el refugio abierto, iluminado y con aire acondicionado, así que cuando el otro día sonó la sirena en medio de una clase de arte, las catorce personas nos fuimos allí”, contó Platkin.

“La sirena te corta el aliento y te para el corazón, y tenés que reaccionar como todo el mundo, ir adonde te dicen y quedarte tranquilo, y después seguir tu vida”, pero “el problema es que mucha gente latinoamericana no entiende muy bien hebreo y ésa es una situación muy complicada porque a veces entendés el 50 por ciento y no sabés para dónde ir”, relató.

Por eso “mucha gente pregunta y tratamos de recibir todos los llamados, tenemos una revista una vez al mes, donde sacamos las últimas novedades, y todas las semanas aparece el Noti-OLEI, que publica la central con las cosas que pasan acá y en Latinoamérica”, donde “se ha levantado una terrible ola de antisemitismo”, como en Inglaterra y Francia, lamentó la ex directora de las escuelas Wolfsohn y Talpiot.

“La gente se reúne, y si no hacemos una actividad, se queda charlando de lo que está pasando y de los chicos que están en el frente; tratamos de crear un ambiente de pseudonormalidad para poder adelante”, agregó.

“Casi todas las filiales (de la OLEI) están haciendo colectas para mandarles a los jaialim (soldados) artículos de higiene, golosinas, ropa interior; es una manera de sentir que estás haciendo algo, y lo mejor que podemos hacer es mantenernos unidos, atentos, ser cuidadosos y ayudarnos los unos a los otros porque hay gente mayor que está sola en su casa y necesita que alguien vaya o levante un teléfono para preguntarle cómo está y que sienta que alguien está pensando en ellos”, señaló la vicepresidenta de la filial de Kfar Saba.

De todos modos, Platkin destacó que “hay una increíble sensación de unidad y serenidad en el pueblo, a la espera de que las cosas lleguen a una solución”.

Hoy, “a las 17.15, cuando se estaban realizando velorios y entierros en distintas partes del país, estaba sentada en una clínica, hablando por teléfono, y sonó una sirena estremecedora; enseguida nos llamaron para ir rápido a las escaleras y poco después de que terminó la alarma se escucharon 4 ó 5 explosiones, cuando Kipat Barzel, la Cúpula de Hierro, destrozó misiles prácticamente sobre Tel Aviv”, narró.

“Nací en Buenos Aires, donde no estamos acostumbrados a esas cosas, pero mirando a la gente a mi alrededor veía a todo el mundo muy tranquilo y eso te contagia, así que me fui caminando a tomar el tren para volver a Kfar Saba; estaba lleno de chicos y soldados y nos avisaron que estaban atrasados porque había habido muchas alarmas en la zona del Sharón, en los alrededores de Tel Aviv”, prosiguió la dirigente voluntaria argentina.

“Todos estaban tranquilos, no había corridas ni mayores comentarios; no estamos en el frente, pero somos soldados de la retaguardia”, definió.

“Ya murieron sesenta y pico de muchachos en el frente y cada uno que cae o está herido nos duele porque somos todos familia, y por ejemplo al hijo del director de nuestro coro latinoamericano, Abi Cohen Tarica, lo sacaron de Gaza gravemente herido -todos sus compañeros murieron- y por suerte salió adelante, pero hubo toda una terrible conmoción” en Kfar Saba, transmitió Platkin, quien no quiso terminar la entrevista sin un mensaje para las comunidades judías de la Diáspora: “Estén fuertes ahí, necesitamos que no aflojen”.

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