La preocupación crece entre la comunidad de empresarios y la población, en tanto que los movimientos de manifestaciones se mantienen fuertes y Mubarak sigue resistiendo a la presión.
El movimiento egipcio resistió la creciente presión de hoy del aliado clave, Estados Unidos, y las todavía enérgicas protestas populares entran en su día Nº17, demandando un cambio político radical e inmediato.
Miles de manifestantes estaban en la Plaza Tahrir esta mañana y cientos habían acampado durante la noche cerca de los edificios parlamentarios. Las demostraciones no se calmaron luego de las recientes promesas gubernamentales de reformas e insistieron permanecer en la plaza hasta que el presidente egipcio Hosni Mubarak se baje de su mandato.
La creciente preocupación de la comunidad empresarial y de la población sobre el impacto económico de más de dos semanas de disturbios aumenta la tensión a la que se enfrenta el gabinete creado por Mubarak hace diez días para intentar superar el obstáculo sin precedentes de su mandato de 30 años.
El ejército, que ha provisto de líderes egipcios por seis décadas, sigue permaneciendo y viendo a los demonstradores pro-democracia acampar en el Cairo, mientras promete ayudar a restaurar la vida normal y mantener la estabilidad política.
La Casa Blanca dijo ayer, una vez más, que los ministros egipcios deben hacer más que cubrir las demandas de los manifestantes, quienes quieren que finalicen inmediatamente los 30 años de poder de Mubarak y tener cambios legislativos.
El gobierno de Mubarak golpeó lo que llamó intentos para “imponer” la voluntad americana en un aliado de Medio Oriente y dijo que unas reformas muy rápidas serían riesgosas.
El ministro de relaciones exteriores, Ahmed Aboul Gheit, sobreviviente del recambio llevado a cabo por Mubarak en un intento de frenar las protestas, le dijo a un periodista americano que estaba “impresionado” por el pedido del vicepresidente americano, Joe Biden, de una inmediata finalización de la ley de emergencia que Mubarak ha usado en varias oportunidades para manejar a la oposición.
“Cuando se habla de un ahora inmediato, como si se estuviera imponiendo sobre un gran país como Egipto, un gran amigo que siempre ha mantenido la mejor relación con Estados Unidos, está imponiendo su voluntad sobre él”, dijo Aboul Gheit.
La nueva fricción en una alianza que se ha largamente nutrido con billones de dólares de ayuda de EE.UU. fue un recordatorio de lo mucho que ha cambiado en el Cairo en las dos últimas semanas, de lo mucho que es incierto en el futuro de Egipto y de la influencia americana en Medio Oriente, cuyos líderes autocráticos están luchando para contener el descontento social.
Desde que las protestas comenzaron el 25 de enero, en parte inspiradas por la salida de otro hombre fuerte árabe en Túnez, la administración del presidente americano, Barak Obama, ha andado a veces por una línea confusa entre al apoyo de un aliado clave en el conflicto de Washington con el islam y el apoyo de aquellos que demandan tener una democracia.

