"Como psicóloga empleada en el servicio público y madre de dos hijos, le imploro ejercer su autoridad para permitir que la mayoría de esos 400 niños se queden en Israel", escribió Sara Netanyahu al ministro, según la prensa.
Yishai, jefe del partido ultraortodoxo Shass, rechazó su petición en nombre de la "defensa del carácter judío del país", amenazado, según él, por la inmigración clandestina, precisó la prensa.
Varios miles de israelíes, entre ellos Aliza Olmert, la esposa del ex primer ministro Ehud Olmert, se manifestaron el sábado por la noche en Tel Aviv contra la expulsión de los niños.
El gobierno decidió el 1 de agosto expulsar a casi 400 hijos de inmigrantes ilegales, pero autorizó que otros 800 se quedaran en el país.
Según la decisión gubernamental, los niños que vivieron cinco años en Israel y hablan hebreo tendrán derecho a quedarse en el país. Los otros serán enviados con sus familias hacia su país de origen en las próximas semanas.
La suerte de esos niños provocó una ola de emoción en Israel. Hablan hebreo, van a escuelas israelíes y consideran que Israel es su patria.
Si bien los residentes ilegales no tienen acceso a los derechos sociales, sus hijos pueden ir gratuitamente a la escuela y tienen cobertura médica.
Según los cálculos oficiales, unos 220.000 trabajadores extranjeros están instalados en Israel, de los cuales más de 100.000 son empleados ilegalmente.

