Inicio NOTICIAS Para ex secretario de la AMIA: “No alcanza con un resultado numérico para dirigir la comunidad eficientemente”

Para ex secretario de la AMIA: “No alcanza con un resultado numérico para dirigir la comunidad eficientemente”

Por
0 Comentarios

 

Edgardo “Nataniel” Gorenberg es un dirigente comunitario surgido de las filas del movimiento juvenil sionista jalutziano Hanoar Hatzioni que ocupó la vicepresidencia y la secretaría general de la DAIA en diversas cadencias, en las décadas del ’80 y ’90 del siglo pasado, y fue el secretario general de la gestión anterior de la AMIA.
En la actualidad, Gorenberg continúa ligado a la vida interna de la comunidad judeoargentina, pero sin ocupar cargo de conducción alguno.
 
P: ¿Qué balance hace de su gestión en la AMIA, a poco más de dos años de haber culminado su mandato?
Nataniel Gorenberg (NG): En los tres años en que fui secretario general me di cuenta de que debemos generar -lo digo como sugerencia e, inclusive, como autocrítica- mejores mecanismos de consulta o de democracia participativa. Sorprende ver el “democratismo” que nuestros mayores supieron implementar en la AMIA: instrumentos como las elecciones o el Rat (Asamblea de Representantes de Socios) son de una magnitud importantísima. Ahora bien, ¿son realmente utilizados a fondo? Por otra parte, me sorprende el no haber sido consultado en lo más mínimo por la (actual) conducción para trasmitir las experiencias, tanto las positivas como las negativas, que hemos compartido con los compañeros de la mesa. Esto no sólo me mortifica, sino que me preocupa, pues señala una discontinuidad que debería ser motivo de reflexión para el futuro.
P: ¿Qué piensa de la política comunitaria que se lleva a cabo en las instancias centrales: OSA, DAIA y AMIA?
NG: Para mí, la OSA debería ser la “niña mimada” de la comunidad porque todos sabemos que, hoy en día, el antisemitismo se encarniza con el sionismo y sus valores, Medinat Israel e incluso la memoria del Holocausto. Desde varios puntos de vista es la OSA la institución que debe encarar una lucha frontal en favor del sionismo, en el ishuv (comunidad) y la sociedad general. Con respecto a la DAIA, pienso que sus mecanismos estatutarios deben ser motivo de una seria reflexión. Tengo mis serias dudas acerca de que represente fielmente la opinión política de la comunidad judía. Habría que saber si las grandes instituciones -sociodeportivas y escuelas, especialmente- consultan a sus bases sobre quiénes las representan. Al mismo tiempo, a la DAIA la veo vacilante a la hora de tomar una posición frontal de apoyo a valores que nos son muy caros: Israel, sionismo, lucha contra el antisemitismo. Al terminar nuestro mandato, estaba preocupado por el devenir de la AMIA, por lo que me alegra reconocer que la actual conducción del señor Borger está realmente ejercida con moderación y con un criterio constructivo digno de elogio. Pero creo que la AMIA debe definirse sobre algunos temas porque la comunidad lo reclama. Por ejemplo, tenemos un estatuto que ofrece dificultades para su cambio, pero por la vía de la reglamentación debería responderse a la inquietud de la familia judía por integrarse a la comunidad y satisfacerse con más vehemencia la inclusión en la educación judía de los niños cuyas familias tienen dificultades ciertas. También debería esclarecerse si estamos en medio de una crisis de la educación media judía -si no, aprovechar de la manera que corresponde a las escuelas- y si estamos formando morim y futuros líderes comunitarios. Además, la AMIA debe agotar los mecanismos de conocimiento de la realidad de la comunidad judía. Debe haber un censo, encarado con un sentido científico, para saber cuántas familias somos y cuántas de ellas están interesadas en ser miembros de la AMIA. Si lo son, averiguar en qué están de acuerdo y en qué no, y si no lo son, por qué razón. En ese mismo contexto, debería conocerse cuántos niños están quedando fuera de la educación judía porque no quieren o no pueden (asistir a una escuela comunitaria) y qué nos pasa con los sectores jóvenes de la comunidad, que no pueden disfrutar de las instituciones sociodeportivas, pese a la manifiesta buena voluntad -a veces- de (sus dirigencias), y tienen serias dudas sobre el sentido de la Kehilá, porque no la conocen o no han sido debidamente aleccionados. Comprendo que no es fácil hacerlo y que la realidad económica a veces modera o paraliza, pero estoy seguro de que hay sectores de la sociedad que nos apoyarán si somos capaces de presentar propuestas conducentes en estos temas, que son de una urgente necesidad.
P: En la comunidad se están gestando nuevos factores políticos comunitarios -Amia es de todos, Plural JAI, el Bloque Unido Religioso- y también cambios en los ideológicos tradicionales. ¿Por qué pasa esto?
NG: Pienso que los factores ideológicos se han aplicado firmemente a los temas de la AMIA, la DAIA y la OSA, mientras que la agenda de los otros se complica por sus objetivos específicos: religiosos, culturales o deportivos. Por lo tanto, nunca desmerecería a los factores ideológicos. Con respecto a los que se van generando, quiero ser especialmente cauto porque tienen un camino por recorrer. Tendrán que demostrar cuánto aspiran a la unidad comunitaria y del pueblo judío y a dar la sensación de que son un ingrediente coherente y eficiente. Hasta el momento, algunos se manifiestan de una manera que me produce algunas dudas en torno a este objetivo de formar parte de un conjunto. Como dirigente del movimiento sionista, aspiro a que éste tenga una clara connotación sionista y que ella sea el centro de nuestra vida comunitaria. Respeto a quienes están excluidos (de esa visión), pero para mí no alcanza con un resultado numérico para dirigir la comunidad judía eficiente, coherente y razonablemente.
P: Quien observa la comunidad desde afuera ve una polarización: seculares o laicos y religiosos liberales (conservadores y reformistas) frente a observantes ortodoxos. ¿Cómo ve esto?
NG: Miro con cierta admiración y gran respeto a los dirigentes que, en 1981 -primera presidencia de Alberto Crupnicoff- y 2001 -gestión de Abraham Kaul-, fueron capaces de articular una forma de satisfacer a todos los sectores de la comunidad judía y generar listas de unidad y condujeron la comunidad en épocas turbulentas como la que ofrece la actual realidad mundial, y la argentina en particular, en un año electoral y con la crisis económica que sobrellevamos. Es difícil lograrlo ahora porque para eso habría que tener respuestas unívocas de todos los factores a preguntas cuya dificultad reconozco: qué opinamos de la condición judía, de la constitución de la familia judía, de la rabanut (rabinato) única, de aquellos que miran al judaísmo de una manera diversa a la que hoy se observa. Quizá son desafíos novedosos, que debiéramos afrontar y superar de alguna manera. Ésa podría ser una aspiración. De todas maneras, pienso que la comunidad judía sabrá elegir -en una o dos cadencias- lo que quiere para sí, pero estamos usando poco los instrumentos de la democracia participativa. Al mismo tiempo, en la AMIA quizá debería articularse una renovación por partes, porque no puede ser que, cada tres años, la comunidad se vea en la expectativa de que surja de una elección una conducción revulsiva con respecto a lo que se venía haciendo. También debería consultarse a todo aquel que se considere judío qué quiere para esta comunidad. Ello seguramente servirá de inspiración a los dirigentes que hoy en día se preocupan por generar sus programas. En general, creo en la reunión de opiniones de los factores moderados y en las nuevas generaciones, que seguramente llevarán a la comunidad para adelante, como siempre sucedió.
EACh-CGG

 

También te puede interesar

Este sitio utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario. Aceptar Ver más