Por Lic. Eduardo Alberto Chernizki.- Los pedidos de licencia del tesorero de la DAIA, Ariel Cohen Sabban, y de los protesoreros, Bernardo Zabuski y Jorge Leicach, se convirtieron en renuncia, las cuales fueron aceptadas en la sesión del Consejo Directivo de ayer, lunes.
Las motivaciones de un hecho tan significativo no han sido oficialmente especificadas al momento de escribirse el presente comentario, pero no es difícil suponer que las mismas se deben a disidencias sobre la manera de conducir la institución.
Era sabido, y lo hemos escrito, que casi desde el mismo momento en que asumieron las actuales autoridades de la DAIA se produjeron roces entre los miembros de la Tesorería y la Secretaría, debido a divergencias de opinión sobre la manera en que ambas instancias debían ordenar el manejo administrativo.
Éstas se fueron incrementando con el paso de las semanas, hasta llegar a que Cohen Sabban, Zabuski y Leicach decidieran solicitar una licencia en sus cargos, a fines de junio.
Pese a los intentos de varios directivos de buscar una forma de entendimiento, éste no se produjo y los tres tomaron la resolución de renunciar.
En la DAIA, como cualquier otra instancia comunitaria en la cual sus conducciones son electas no por listas sino por persona, las comisiones directivas que asumen pueden asemejarse a una pieza de cristal: es posible que se mantenga impecable hasta la finalización del mandato o que se rompa si algunos de sus miembros no se adapta a las reglas o son rechazados por el resto.
Aun dándose una de esas posibilidades, quizá la pieza no se rompa pues quienes no se adaptaron o fueron rechazados, si bien desde lo formal deberían integrar la conducción, en realidad no lo hacen porque -de alguna forma- son un agregado.
Qué pasará de ahora en más en la DAIA es algo que sólo el paso del tiempo lo indicará, y recién entonces sabremos si los renunciantes formaban parte o no de la virtual pieza de cristal a la que nos referimos como ejemplo.
Lo que sí podemos decir es que hace 44 meses, cuando Ariel Cohen Sabban asumió como tesorero de la DAIA por primera vez, la institución tenía graves problemas económicos y financieros que en la actualidad no sólo no existen, sino que -a la vez- se generó una vinculación política y económica con grandes empresas del país que ha permitido generar recursos que se utilizan para la actividad propia de la entidad, lo que es -sin ninguna duda- un hecho ponderable.
También es necesario recordar que cuando se debió elegir, en noviembre de 2006, al Consejo Directivo de la DAIA, mientras que para cada cargo había dos o más postulantes, el único candidato a tesorero era Cohen Sabban.
Esto se repitió en noviembre de 2009, de lo cual es válido deducir que su elección no dependió de acuerdos ni de gestiones para conseguir que las instituciones adheridas lo votaran.
Este hecho, volviendo a nuestro ejemplo de la pieza de cristal, nos permitiría suponer que Cohen Sabban fue un agregado al resto, que sí debió sortear los avatares de ambas elecciones, compitiendo con otros postulantes.
Pero independientemente de estas consideraciones, hay algo que no debemos obviar: estas renuncias ponen de manifiesto disidencias internas que, sin lugar a dudas, han repercutido en el funcionamiento de la DAIA y que si bien ahora pueden desaparecer, han de dejar su cicatriz, en el mejor de los casos, pero también pueden ser como ciertas heridas que cuando parecen estar cerradas, vuelven a abrirse.

