Los especialistas en Gerontología recomiendan que lo mejor es envejecer en casa, junto a la gente que uno/a quiere, con sus objetos, muebles, recorridos, rutina; pero hay ciertas situaciones en la que la persona mayor requiere asistencia diaria -por ejemplo, por fragilidad, discapacidad- y a fin de aliviar la sobrecarga de tareas del cuidador/a familiar y mantener la autonomía del adulto/a mayor es necesario contratar un asistente gerontológico domiciliario -también llamado cuidador domiciliario o cuidador formal- para el día, la noche, o solo algunos días u horas. Cabe destacar que hay otras situaciones, donde es necesaria una internación en una residencia geriátrica, pero eso se tratará en otra nota.
Consultada por cuándo y cómo contratar un cuidador/a domiciliario, la coordinadora de dicho servicio de la AMIA, Dora Vorobechik, explicó que un/a asistente gerontológico no es ni un enfermero/a ni una dama de compañía -como se los/as suele confundir-, sino “una persona que se forma en cursos interdisciplinarios para lo que tiene que ver la asistencia, el cuidado y la contención de los adultos/as mayores en las actividades de la vida diaria”.
“Acá suelen llamar familiares que nos dicen que la mamá está sola y tienen miedo que le pase algo, tuvo caídas o comenzó con los primeros indicios de demencia. Y el/a asistente gerontológico es un apoyo para las familias, una persona que ayuda a descomprimir la tarea del cuidador/a familiar -pareja, hija/o, hermano/a que en muchos casos también son adultos/as mayores-”, señaló.
Las funciones
Al respecto ejemplificó: “Acompaña a la persona mayor al médico, a pedir los turnos; si tiene PAMI, va a buscar las recetas; la acompaña al centro de jubilados/as para que no salga sola a la calle; la ayuda en las actividades de la vida diaria como comer, lo que implica también cocinarle; si la ayuda a bañarse, tiene que mantener la limpieza del baño; se ocupa de lo que son las cosas de la persona que atiende, de hacer la cama, de la habitación”.
Sin embargo, la profesional aclaró que “esto no significa que el cuidador/a se va a poner a limpiar los vidrios ni nada, pero sí se ocupa del orden del espacio de la persona que cuida”.
También otra función es detectar “los signos de alerta, los cambios que puede tener el adulto/a mayor para informarle a la familia y consultar al médico”.
“La idea de contratar a un/a asistente gerontológico domiciliario es contar con una persona que se formó para cuidar a personas mayores y aliviar el estrés familiar y los conflictos. La familia va a seguir teniendo las responsabilidades con/para el adulto/a mayor, pero el cuidador/a formal es un medio para descomprimir la sobrecarga de tareas”, remarcó.
La capacitación
En la AMIA se dicta un curso de asistente gerontológico domiciliario, donde se forma “sobre lo que es un adulto/a mayor -que no es un niño/a y no se lo debe tratar como tal, es una persona con experiencia de vida que necesita respeto y mantener la autonomía-; el vínculo cuidador-adulto mayor; la comunicación, si presenta alguna patología; el manejo del tiempo libre -no como un tiempo muerto sino de estimulación y descubrimiento de habilidades y capacidades-; adaptar lo que tiene en la casa para que pueda seguir teniendo autonomía, por ejemplo, si quiere agarrar un cubierto y tiene dificultad para cortar se le enseña distintas estrategias, como darle un cubierto con un puño más grande”.
También indicó que se enseña “como bañar a una persona que está en cama; la higiene de la dentadura y de los pies; cómo lavarle la cabeza; cómo rotarlo en la cama; cómo hacer la cama con una persona acostada; cómo trasladarla de la cama a una silla sin cargar el esfuerzo en la espalda del cuidador/a; las características de las distintas enfermedades y terminología a fin de entender lo que dice el médico/a y trasmitírselo a la familia; cómo organizar la medicación”; entre otros puntos.
Además, en el servicio que coordina Vorobechik se orienta gratuitamente a las familias: “Vienen, nos cuentan el caso y hacemos un diagnóstico para ver si se necesita un cuidador/a, las características de esa persona mayor, cuáles serían las funciones a cumplir y se selecciona a cuatro o cinco de los cuidadores/as de los que formamos -quienes serían los más idóneos para esa situación-, luego la familia los entrevista y elige”.
En este punto Vorobechik señaló que “es importante que el adulto/a mayor participe de la elección del cuidador/a formal”, dado que es a él/la a quien van a cuidar y “para que no sienta que la familia le mete a alguien en la casa, sino que su opinión es importante, lo cual es un porcentaje de la aceptación, y si no le gustó ninguno/a se sigue buscando y probando con otros/as”.

