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La conexión argentina

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¿En qué medida gira el mundo alrededor de Medio Oriente? Ni la Argentina, aparentemente distante, ha quedado al margen: dos años después de la voladura de la embajada de Israel, Ibrahim Hassan Baro, ciudadano libanés, habría sido el comando suicida que ejecutó en 1994 el atentado contra la AMIA por encargo de Hezbollah y con conocimiento del gobierno de Irán, según las investigaciones del Mosad (servicio de inteligencia de Israel).
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«La SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado) presentó en diciembre del año pasado un informe bastante bien trabajado y detallado sobre la responsabilidad intelectual y operativa del atentado contra la AMIA -dice Oron-. Nuestras investigaciones son coincidentes en lo que se refiere a la conexión internacional y a la responsabilidad política del gobierno iraní y la responsabilidad operativa de Hezbollah.»
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Dentro de América latina, la Argentina era considerada un país de oportunidades. Razón por la cual, según Oron, está mencionada en el informe del Mosad como «la segunda Israel» tanto por la cantidad de judíos radicados como por sus vínculos con Israel: «Hay muchas cosas que no se hicieron al comienzo de las investigaciones y eso, naturalmente, tiene su precio -dice-. Se perdió mucho tiempo». Las responsabilidades de adentro no reportan más que otra desilusión: no hay detenidos ni procesados por el atentado contra la embajada; los procesados por el atentado a la AMIA no están ligados al atentado en sí, sino a la venta del vehículo utilizado como coche bomba.
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La desilusión no tiene marca registrada. En su momento, una placa sobre el escritorio de Harry Truman, presidente de los Estados Unidos, decía: «La decisión se toma aquí». Era mayo de 1948 y, según Thomas Friedman, debía lidiar entre su asesor político de mayor confianza, Clark Clifford, a favor de reconocer el Estado de Israel, y el secretario de Estado, general George Marshall, en contra de ello.
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Después de Irak, Bush enfrenta una disyuntiva similar. Con la diferencia de que su secretario de Estado, Colin Powell, otro general, piensa que el fin de la historia, o del conflicto de Medio Oriente, podría contribuir a mejorar el rating de los Estados Unidos en el mundo árabe, en tanto contemple la creación del Estado palestino, mientras su asesor político de mayor confianza, Karl Rove, así como el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, insisten en que Arafat no es más que un terrorista y en que la caída de Saddam abre nuevas oportunidades. De ser cierto, o tan fácil, quizá la desilusión tampoco tenga fecha de vencimiento. Sobre oportunidades perdidas gira la historia. Sin fin.
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Por Jorge Elías La Nacion

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