Inicio ACT. COMUNITARIA AMIA | La comunidad judía se prepara para recibir la festividad de Simjat Torá

AMIA | La comunidad judía se prepara para recibir la festividad de Simjat Torá

Por M S
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Itongadol/Agencia AJN.- La salida de la primera estrella de mañana marcará el comienzo de Simjat Torá, la festividad en la que se señala el final del ciclo anual de lectura de la Torá y el comienzo de uno nuevo.

“La Torá es mucho más que un libro de instrucciones, un sistema de leyes o una colección de historias y tradiciones”, advirtió el Gran Rabino de AMIA, Eliahu Hamra, en la reflexión que escribió en vísperas de la celebración.

“La Torá es el plan divino del mundo; es el código espiritual mediante el cual el mundo puede alcanzar su plenitud y el ser humano puede descubrir el propósito de su vida”, destacó.

Compartimos aquí la columna completa:

Simjat Torá: Cuando el cielo se encuentra con la tierra

Por Eliahu Hamra, Gran Rabino de AMIA

El viernes, con la puesta del sol, la comunidad judía comenzará a celebrar Sheminí Atzeret, y a la salida del Shabat empezará Simjat Torá, la última festividad de la cadena especial de las fiestas de Tishre.

El recorrido comenzó en Rosh Hashaná, continuó durante los Diez Días de Teshuvá hasta Iom Kipur, y de allí pasamos a los siete días de Sucot, hasta llegar a Sheminí Atzeret y Simjat Torá.

Hay aquí un proceso completo: desde Rosh Hashaná, en el que proclamamos al Santo, Bendito Sea, como Rey y pedimos renovar nuestro mundo; pasando por Iom Kipur, en el que recibimos la oportunidad de corregir y hacer teshuvá; continuando con Sucot, cuando salimos de nuestra casa permanente hacia la sucá y experimentamos de manera tangible la cercanía de Hashem; hasta llegar a Simjat Torá.

En Simjat Torá señalamos el final del ciclo anual de lectura de la Torá y el comienzo de un nuevo ciclo. La costumbre es leer la parashá “VeZot HaBerajá” e inmediatamente después comenzar con la primera parashá, “Bereshit”, para crear una continuidad entre el final de la Torá y su comienzo nuevamente, sin interrupción.

El final de la Torá y el nuevo comienzo no son dos cosas separadas. Precisamente porque terminamos, nos apresuramos a comenzar nuevamente. Si esperáramos hasta el Shabat siguiente para volver a comenzar, el final podría parecer una despedida. El comienzo inmediato nos enseña que el final no es un final en el sentido de una separación, sino que está destinado a permitir un nuevo comienzo, con el deseo de volver a estudiar.  

La Torá: el código divino del mundo

La Torá es mucho más que un libro de instrucciones, un sistema de leyes o una colección de historias y tradiciones. La Torá es el plan divino del mundo; es el código espiritual mediante el cual el mundo puede alcanzar su plenitud y el ser humano puede descubrir el propósito de su vida.

Nuestros Sabios dijeron: “Istakel beOraita uBará Alma”, el Santo, Bendito Sea, miró la Torá y creó el mundo.

La gran novedad de la Torá es, entonces, la conexión entre el cielo y la tierra: existe un lenguaje divino, celestial, a partir del cual fue creado el mundo, y, sin embargo, ese lenguaje puede manifestarse dentro de nuestro mundo sencillo y cotidiano.

Podemos pensarlo mediante un ejemplo del mundo de la tecnología. Utilizamos un dispositivo, presionamos un botón y vemos una acción sencilla que ocurre ante nuestros ojos. Pero sabemos que detrás de esa acción aparentemente simple existe un sistema complejo de códigos, lenguajes y procesos que no vemos.

Así también ocurre con la Torá. Externamente, muchas veces nos encontramos con ella a través de una enseñanza sencilla: una mitzvá, una halajá, un versículo o un relato. Pero detrás de esa simplicidad se esconde una profundidad celestial: esa misma Torá que es la sabiduría divina según la cual fue creado el mundo.

La Torá nos enseña que el mundo que vemos ante nuestros ojos no constituye toda la realidad. Detrás de la realidad visible existe una profundidad mayor, y detrás de la vida que vivimos cada día existe un significado y un propósito que no se pueden medir solamente por aquello que vemos y podemos cuantificar.

¿Cómo conectamos la Torá celestial con nuestra vida?  Si la Torá es celestial, ¿cómo puede una persona que vive en este mundo conectarse con ella? La propia Torá nos da la respuesta.

La Torá no le pide al ser humano que huya del mundo para encontrar al Santo, Bendito Sea. Por el contrario. Le pide introducir la santidad dentro del mundo y convertir su propia vida en un lugar donde la Torá se haga realidad.

La Torá nos enseña que la clave para comprender la vida no puede encontrarse solamente dentro de la vida misma. Si el ser humano fuera únicamente el resultado de la realidad, sería difícil encontrar dentro de esa misma realidad una respuesta a la pregunta: ¿para qué vive?

La Torá viene y dice: el sentido de la vida no se encuentra solamente dentro de la vida; llega desde una fuente que está por encima de ella.

Pero esa fuente celestial no está desconectada del ser humano. Por el contrario: desciende hacia él, le habla, lo guía y lo acompaña dentro de su propia vida. Y esta es la maravillosa conexión de la Torá: es del cielo, pero fue entregada a seres humanos que viven en la tierra.

Una Torá que no permanece en el estante

Esta idea también podemos verla en la manera en que la Torá acompaña nuestras vidas.

La Torá no está guardada en un armario como un tesoro oculto, que solamente unos pocos elegidos tienen permitido contemplar. Está destinada a ser una parte inseparable de la vida cotidiana de cada judío.

“Y las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.”

Enseñar a la próxima generación, hacer accesible la Torá, transmitir la sabiduría divina también a un niño pequeño que recién comienza su camino.

No es necesario ser un gran estudioso de la Torá para conectarse con ella. La propia Torá busca llegar al ser humano allí donde se encuentra y acompañarlo desde ese lugar.

Y este es quizás un gran milagro: la Torá es santa y celestial, pero no permanece encerrada en los cielos. Desciende a la tierra para iluminar la vida. Por eso nos alegramos con la Torá

Desde aquí podemos comprender el significado de Simjat Torá. No se trata solamente de terminar un libro. Se trata de completar un círculo y, de inmediato, comenzar nuevamente.

Y esta culminación está acompañada de una enorme alegría. ¿Por qué?

Porque la verdadera alegría nace cuando una persona descubre una armonía. Cuando cosas que parecían separadas de repente se conectan; cuando descubre que los valores en los que cree pueden integrarse a su vida concreta; cuando descubre que su misión no es algo externo a su vida, sino algo que le otorga significado. Esa es precisamente la alegría que trae la Torá.

La Torá revela que el mundo de la santidad y la espiritualidad no es un mundo extraño para el ser humano. Puede integrarse a la vida de una persona sencilla: a sus preocupaciones, sus logros, su familia, su trabajo, sus preguntas y sus aspiraciones.

Durante las fiestas de Tishrei atravesamos todo un proceso de descubrimiento de esta conexión.

En Rosh Hashaná proclamamos el reinado del Santo, Bendito Sea, sobre el mundo. En Iom Kipur buscamos corregirnos y regresar a Él. En Sucot salimos de nuestra casa permanente y entramos en la sucá, para vivir durante siete días dentro de una realidad en la que estamos rodeados por una mitzvá y por la cercanía del Santo, Bendito Sea. Y al final del proceso llega Simjat Torá.

En realidad estamos diciendo: El mundo de aquí abajo y el mundo espiritual no son dos mundos separados. Existe un camino para conectarlos. Por eso rezamos: “Alegría para Tu tierra y regocijo para Tu ciudad”.

Cuando una persona descubre que la Torá, su misión espiritual y las fuerzas que recibió no están en contradicción con su vida, sino que precisamente le otorgan significado, la alegría irrumpe desde su interior.

Esta es Simjat Torá. La alegría de Simjat Torá no es solamente la alegría personal del individuo. Es la alegría por la Torá que existe en el pueblo de Israel, por el vínculo que ella crea entre el pueblo de Israel y el Creador del mundo, por un mundo de Torá que continúa existiendo de generación en generación, y por las personas dentro de este pueblo que dedicaron sus vidas a estudiarla.

Incluso si todavía no encontré el tiempo y el lugar para ello en mi propia vida, la Torá no me es ajena. Bailar con la Torá no es solamente una expresión de una alegría que ya existe en el corazón. A veces, precisamente la alegría es la que crea el vínculo.

Cuando una persona baila con la Torá, se introduce a sí misma dentro de la alegría, incluso si al principio no siente una conexión profunda con el estudio de la Torá. El propio esfuerzo por alegrarse puede abrir el corazón y preparar a la persona para un nuevo vínculo con la Torá.

Una alegría que lleva consigo el recuerdo

Pero en los últimos tres años se agregó una dimensión más a los días de Simjat Torá. Simjat Torá del año 5784 quedó grabado en la conciencia del pueblo de Israel a raíz de los acontecimientos dolorosos que tuvieron lugar ese día, el 7 de octubre. Ese día, mientras el pueblo judío terminaba de leer la Torá, la realidad de Israel cambió. Y hay algo simbólico muy poderoso: ese día también terminó una lectura, pero la Torá no terminó.

Junto con la alegría y la festividad, desde entonces llevamos también un profundo recuerdo de los asesinados, de los secuestrados, de los caídos y de las familias que resultaron afectadas durante aquellos días difíciles.

Precisamente por eso, parece que la idea de Simjat Torá adquiere un significado aún más profundo.

Frente al caos, la violencia y el terrorismo, nuestra respuesta no consiste solamente en intentar comprender la realidad desde la propia realidad. Buscamos aferrarnos también a algo que está por encima de ella: a ese código divino que nos fue entregado en el Sinaí; a la Torá que nos enseña que el mundo tiene un significado, que el ser humano tiene una misión y que, incluso dentro de una realidad que no siempre comprendemos, existen valores a los cuales estamos comprometidos.

Al día siguiente no se dejó la Torá a un lado. Se volvió a Bereshit. No porque lo ocurrido pudiera borrarse. No porque se pudiera volver a ser quien éramos antes. Sino porque había que continuar, así como continuamos con la Lectura de la Torá.

Somos un pueblo resiliente y resiliencia no es olvidar lo que pasó. No es volver a ser quienes éramos antes. Es aprender a seguir siendo nosotros después de lo que pasó.

La Torá no termina. Nosotros tampoco. Después del 7 de octubre aprendimos, quizá más que nunca, que continuar no significa olvidar lo vivido, sino transformar el dolor en fuerza, sostener la esperanza y seguir escribiendo nuestra historia, sabiendo que siempre el Cielo continúa conectado a la tierra y que Hashem sigue a nuestro lado. Esa es la verdadera alegría.

Simjat Torá y la alegría de vivir no significan alegrarnos porque todo es perfecto. Significan alegrarnos porque sabemos a dónde pertenecemos. Alegrarnos porque recibimos una Torá que conecta el cielo con la tierra.

Una Torá que proviene de una fuente celestial, pero que fue entregada a seres humanos para vivirla aquí, en este mundo. Una Torá que busca transformar nuestra vida cotidiana en un lugar donde la santidad pueda manifestarse.

La Torá no es solamente algo que leemos. La Torá es el camino a través del cual vivimos. Y quizás ésta sea la razón más profunda por la cual el día en que terminamos la Torá se llama precisamente Simjat Torá.

Porque cuando una persona descubre que el cielo puede encontrarse con la tierra, que la santidad puede encontrarse con su vida y que la Torá divina puede convertirse en una fuente de significado dentro del mundo en el que vive, tiene verdaderamente un motivo para alegrarse.

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