Más de 1.300 estudiantes de escuelas judías y 300 bailarines de elencos comunitarios fueron protagonistas durante cuatro funciones en el Teatro Coliseo de la Ciudad de Buenos Aires, ante 4.000 personas que disfrutaron con música, danza y mucha emoción.
Los festivales organizados por Keren Kayemet LeIsrael Argentina, el Li-Laj en su 43° edición y el Keren Dorot en su 9° edición, representan una propuesta educativa icónica para nuestra comunidad. Este año se celebraron los días 24 y 25 de agosto bajo el lema “Nos movemos por Israel”, que propuso un recorrido por distintos puntos del mapa israelí para celebrar sus paisajes, ciudades, historias y valores.
Cada escuela y elenco participante eligió una ciudad, una región o un lugar cargado de significado y, a partir de allí, construyó su propia historia y coreografía. Así, “moverse por Israel” adquirió múltiples sentidos. Fue bailar, cantar y saltar, pero también conocer, involucrarse y elegir estar presentes aún a la distancia. Cada producción se convirtió en una manera de fortalecer el vínculo con Israel y de expresar, desde la educación y el arte, la pertenencia a una historia compartida.
Uno de los momentos destacados del Festival fue la entrega de la 3ra edición del Premio a la Educación Judía, una iniciativa de KKL Argentina junto a Fundación Filgo, creada para reconocer a quienes dedicaron y dedican su vida a educar, sembrar identidad, construir comunidad y dejar huellas en nuevas generaciones. En esta oportunidad el premio fue otorgado a Batia Nemirovsky, en reconocimiento a una trayectoria de décadas formando educadores, acompañando instituciones y desarrollando proyectos dentro de la educación judía.


En el marco del Festival también se realizó un reconocimiento especial al DAC por su trabajo y compromiso constante. Danilo Gelman, su Director Ejecutivo, subió al escenario a recibir un certificado de plantación de un árbol en el Bosque KKL NOVA, pronto a inaugurarse en la ciudad de Mendoza.
El Festival Keren Dorot volvió a sumar al encuentro la participación de elencos comunitarios, ampliando el escenario y haciendo del Festival una experiencia que reunió a distintas generaciones alrededor de la danza, la identidad y el vínculo con Israel.

Durante dos jornadas, estudiantes, docentes, familias, bailarines e instituciones fueron parte de una celebración que trascendió el escenario. El Festival volvió a mostrar que el vínculo con Israel se consolida desde el encuentro, la experiencia compartida y desde aquello que somos capaces de crear juntos.
Movernos juntos por Israel también es una manera de conectar, conocer, descubrir y elegir involucrarnos. Movernos juntos, en comunidad, para celebrar con orgullo nuestra identidad y construir un futuro mejor.
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