Itongadol.- (Por Daniel Berliner, desde Israel) Adrián Israelson, profesor del departamento de Fisiología y Biología celular de la Universidad Ben Gurión y uno de los únicos cuatro investigadores de Israel de la enfermedad neurodegenerativa conocida como ELA, recibió a ItonGadol en su oficina para destallar los avances conseguidos en la lucha contra la enfermedad.
Israelson también se refirió a las dificultades que enfrentan a raíz del 7 de octubre de 2023, con boicot académicos, estudiantes en el frente de batalla y el duelo por la muerte de gente cercana, pero cómo a pesar de ello siguen estudiando para mejorar la calidad de vida de las personas con esta enfermedad.
-¿Cuándo hiciste aliá? ¿Cómo fue tu desembarco en la Universidad Ben Gurión?
-Yo nací en Argentina y cuando tenía 14 años hicimos aliá con mi familia, mis padres, mi hermano y yo. Vivíamos en Olivos, a cien metros de la quinta presidencial. Iba al Scholem Aleijem de Florida. Cuando mis papás hicieron aliá fueron a Beersheva. Hice el secundario en Beersheva y después hice los tres años del ejército, como todos. Después me fui a pasear por Latinoamérica como mochilero por un año, y cuando volví me puse a estudiar acá en la Universidad Ben Gurión.
-¿Cuál es tu tarea y a qué te dedicás?
-Soy profesor en el departamento de Fisiología y Biología celular. En nuestro laboratorio lo que nos dedicamos a estudiar es la enfermedad de ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Cuando abrí mi laboratorio me dediqué específicamente a esta enfermedad, pero antes de eso estudié bioquímica y después me quedé a hacer el doctorado en bioquímica acá en la Universidad de Ben Gurión. Cuando terminé el doctorado, decidí seguir investigando, pero específicamente a las enfermedades neurodegenerativas, por un tema familiar. Mi abuela del lado materno tenía Alzheimer, estuvo internada muchos años y falleció con Alzheimer. Mi papá tuvo Parkinson. Entonces decidí investigar esas enfermedades. Cuando hice mi doctorado tenía más o menos 30 años. Entonces al decidir investigar este tipo de enfermedades busqué el mejor laboratorio posible para hacer el post doctorado, el más renombrado del mundo, que justo estudia la enfermedad de ELA.
-¿En qué tiempo nos encontramos respecto a estas enfermedades?
-Estamos en tiempos realmente muy importantes. Hace dos años, por primera vez, la FDA aprobó una terapia para ELA que puede afectar la progresión y la proyección de la enfermedad. Se trata de una terapia genética aplicada solamente a pacientes que tienen una mutación. En la mayoría de los casos de ELA, alrededor de un 90 % de los casos, son lo que nosotros llamamos enfermedad esporádica, quiere decir que no hay historia familiar. En esos casos se desata y no sabemos por qué. Solamente el 10 % pasa en familias y conocemos los genes. Para el que tiene la enfermedad es terrible, pero es algo.

-¿En tu caso comenzaste estudiando directamente esta enfermedad o comenzaste por otra?
-No, yo comencé directamente por el ELA. En ese momento vi laboratorios en Harvard, en Stanford, en San Diego y los mejores laboratorios del mundo que estudiaban el Parkinson y Alzheimer, y cuando me encontré con este laboratorio que hacía ELA casi no conocía la enfermedad. Volví a Israel y empecé a buscar quién estudiaba acá la enfermedad, pero me encontré con que nadie la estudiaba. En ese momento me encontré con un paciente que estaba empezando a crear una asociación de ELA acá en Israel y con el resto de los pacientes. Me metí en el tema, vi que había pacientes y cuando me di cuenta de la necesidad que había, ahí me convencí. Se puede decir que ese día, el día que conocí a ese paciente, me senté con él y después de una hora ya sabía que eso es lo que iba a hacer toda mi vida. Él estaba enfermo, tenía 40 años e hijos chiquitos, y en ese momento me dijo que le quedaban 2 o 3 años de vida y había que hacer todo lo posible no para él, ya que sabía que para él era demasiado tarde, sino que había que hacer todo lo posible para los pacientes que vengan después. Ahí él me convenció y decidí ir al laboratorio de San Diego, que se puede decir que es el laboratorio principal del estudio de ELA del mundo, y ahí fui para dedicarme al estudio de esta enfermedad.
–¿Qué descubrimientos pudieron hacer sobre la enfermedad?
-Por primera vez en la historia hay una terapia específica. Estas enfermedades neurodegenerativas, tanto ELA, como Alzheimer y Parkinson, no tenían ninguna terapia que podía interrumpir la evolución de la enfermedad. Ahora por primera vez hay una terapia genética para un porcentaje chico de pacientes con ELA, que tienen mutaciones en un gen especifico, el gen Superoxide Dismutase 1 (SOD1), el primer gen que se descubrió en el año 1993. Estamos hablando que dentro del 10 % genético, hay un 20 % de esos pacientes que tienen mutaciones en este gen. Y ahora hay una terapia específica para estos pacientes que puede intervenir en la enfermedad, y los pacientes no solo que no están peor, sino que están mejor. Es algo inédito en la historia, es algo impresionante.
–¿Cuántos enfermos han podido recibir esta posibilidad de mejora?
-Obviamente en todo el mundo se aplica este tratamiento para pacientes que tienen estas mutaciones en este gen. En Israel, por ejemplo, hay unos 650 pacientes con ELA, no hay más pacientes porque se mueren rápido lamentablemente. Dentro de esos, hay 12 que tienen estas mutaciones y obviamente están tratados.

–¿Cuál es el mensaje para que descubre su enfermedad o la está transitando?
–No es una pregunta fácil, es una enfermedad realmente terrible. Yo creo que sí es importante hacerse el examen genético, porque los casos genéticos sí tienen tratamiento hoy y se están haciendo ensayos clínicos en otros genes. Obviamente cuanto más investiguemos, así nos acercamos a una solución también para los otros pacientes. El mensaje es que no paramos un segundo de investigar, que cada vez hay más investigación y cada vez sabemos más.
–¿Hay algo que desata la ELA?
–Se sabe que hay correlaciones con el ejercicio muy intenso, por ejemplo, gente que hace triatlón. Esa población tienen más ELA que la población general. Cualquier tipo de deporte muy intenso se relaciona con eso. También se relaciona con golpes en la cabeza, traumas en la cabeza. En lugares donde hay tóxicos en el ambiente también hay más posibilidades de que aparezca la enfermedad.
–¿Qué relación hay entre la ELA y otras enfermedades neurodegenerativas?
–Cuando estudiamos otras enfermedades, como Parkinson o Alzheimer, es impresionante ver la similitud que hay entre las distintas enfermedades. Lo que encontramos en ELA se puede aplicar tal vez en otra patología. Son los mismos mecanismos celulares que están involucrados en una y en otra enfermedad. Cuando estudiamos la ELA, la estudiamos como modelo. Pero es aplicativo también para las otras enfermedades neurodegenerativas.
–¿Se están encontrando cuestiones que mejoran la calidad de vida del enfermo?
–En Parkinson, sí, hay avances y remedios, que pueden mejorar la calidad de vida de los enfermos. No se puede curar todavía, pero por lo menos se puede mejorar la calidad de vida. Y el Alzheimer recién ahora, estos últimos años, salieron cosas nuevas. Todavía no tan efectivas, lamentablemente.

–¿La Universidad Ben Gurión se destaca en esta tarea?
–Sí. No somos muchos investigadores acá en Israel que estudiamos esta enfermedad. Yo hice el post doctorado en el mejor lugar que podía en el mundo sobre ELA, y traje ese conocimiento acá a la Universidad Ben Gurión. Hoy en día somos cuatro investigadores de ELA que estudiamos la enfermedad acá en Israel, que es algo increíble. Hace 15 años no había nadie, no había ningún laboratorio en Israel que estudiara la enfermedad.
–¿Cómo influyó la guerra? ¿Después del 7 de octubre hay una introspección por parte de los profesores y muestran menos su trabajo? ¿Cómo es la convivencia de trabajo con otros países?
–Sí, la guerra afectó totalmente, hubo un cambio 180 grados, de lo que era antes del 7 de octubre y después. No solo por lo que pasamos acá, que fue terrible, sobre todo para la Universidad de Ben Gurión, que estamos a 20 minutos del desastre. Tengo amigos que fueron asesinados y secuestrados, hijos de amigos secuestrados, fue muy muy jodido. En segundo lugar, muchos de los estudiantes son reservistas, al estar en el ejército no están en el laboratorio, así que todo va más despacio. Y tercero, el boicot, el mundo se puso en contra de Israel, y yo lo viví en carne propia. Tuve dos situaciones bastante difíciles. Una situación fue con una colaboración, un profesor de Irlanda me tenía que mandar un modelo de ratones que habíamos acordado. De pronto dejó de contestarme los emails. En 2024, me llamó por teléfono y me dijo: “No te puedo mandar lo que quedamos, nosotros no colaboramos con instituciones israelíes”.
La segunda situación fue en un congreso súper importante en Estados Unidos. Uno de los presentadores empezó a decir “stop the starving in Gaza, never again is forever”. Éramos cuatro israelíes presentes en el público, y todos se levantaron a aplaudir. No sabíamos cómo reaccionar, qué hacer. Fue un momento difícil. Hubo algunos que vinieron y nos pidieron perdón, porque no es el lugar para esto, era un congreso científico, no es algo político. Pero no es fácil, la situación no está fácil.
–¿Esto fue mejorando?
–Yo creo que todavía estamos ahí, estamos mal mundialmente, Israel está muy mal visto ahora mundialmente, lamentablemente. Soy positivo, yo espero que esto en unos años mejore, pero no está fácil.
Antes del 7 de octubre, yo decía soy de Israel, con el pecho afuera, en Harvard, en Columbia, en todas las universidades, y ahora cambió.
En la academia, principalmente lo que afecta es que hay muchos israelíes que van y hacen postdoctorado afuera y que después tienen que volver, a abrir sus laboratorios, y esos israelíes por ahora no vuelven por la situación actual del país.
Pienso que tiene que haber un cambio radical, porque como están las cosas están mal.
–¿Si algún profesor universitario de otro país lee esto, qué le dirías?
–Los avances que se consiguen con la investigación del ELA son algo universal. No es para los israelíes ni para los judíos, es algo para la humanidad. Y cualquier boicot que nos hagan, está afectando que podamos encontrar algo que va a servir para todos. Es un beneficio para la humanidad. Y eso es lo que nos interesa. Seguir investigando y tratar de ayudar a nuestros pacientes, que tienen una enfermedad terrible. Cualquier cosa que encontremos para ayudarlos, es muy importante.

