Por Sal Emergui
«Si no estás en la mesa de negociación, estarás en el menú». Esta frase expresa la sensación de muchos israelíes tras el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán. Tras iniciar la ofensiva militar junto a su gran aliado el pasado 28 de febrero, Israel quedó completamente al margen del proceso negociador que desemboca en un memorando de entendimiento que no incluye la renuncia al plan nuclear del régimen iraní (a la espera del resultado del nuevo período de negociación), no limita sus misiles balísticos ni acaba su apoyo a proxis regionales como los grupos palestinos Yihad Islámica y Hamas o el libanés Hizbulá.Y si limita algo, ven con preocupación, es la libertad de acción ante este grupo proiraní.
«Con o sin acuerdo, Irán no tendrá armas nucleares», declaró el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en una rueda de prensa convocada tras el acuerdo y las críticas internas ante lo que la oposición define «gran fracaso estratégico». Según él, sin las dos ofensivas en el último año, Irán ya tendría bombas atómicas. «Hemos alejado el peligro de destrucción inmediata. Hemos salvado a Israel de la amenaza de la destrucción nuclear porque Irán avanzaba rapidamente hacia la capacidad nuclear», añadió esta noche.
«El acuerdo con Irán es malo para Israel y para el mundo libre en su totalidad», reaccionó antes el ministro de Finanzas, el ultranacionalista Bezalel Smotrich, reiterando la aspiración a la caída del régimen de los ayatolás y el compromiso de que su país no permitirá que Irán tenga armas nucleares.
La decisión por ejemplo de posponer la discusión en torno a la extracción de los 440 kilogramos deuranio enriquecido al 60% es vista con honda preocupación por el liderazgo político-militar de Israel. Teme por ejemplo que Irán, que se mueve con un reloj mucho más pausado y paciente que el del presidente estadounidense Donald Trump, logre aplazar la decisión hasta que éste último se canse o simplemente no le interese el asunto.
«A cambio de la apertura de las rutas marítimas (Ormuz), que en la práctica ya estaban abiertas antes de la guerra, Teherán espera obtener importantes alivios económicos sin renunciar a ningún activo estratégico fundamental», afirma el analista israelí, Danny Citrinowicz, que desde el primer día de la guerra ha sido muy crítico con la estrategia de su país ante un régimen hoy «fortalecido y más radical».
El creciente malestar de Trump con Netanyahu, así como la vinculación que Teherán ha realizado con éxito entre su milicia en Líbano y la negociación con EEUU añaden motivos para la decepción y frustración del Gobierno israelí.
CAMPAÑA MILITAR EN LÍBANO
Mientras Israel considera la campaña contra Hizbulá y la ocupación militar de la «franja de seguridad» en el sur del Líbano como medidas para defender a las poblaciones del norte del país ante proyectiles e infiltraciones armadas, Trump lo ve como un problema menor que molestaba en el diálogo para desbloquear el Estrecho de Ormuz y rebajar el precio del petróleo.
A expensas de lo que ocurra en los 60 días de negociación entre EE.UU e Irán, Israel intenta evitar que el acuerdo anunciado anoche influya en su libertad de acción contra Hizbulá. Esta mañana, el ministro de Defensa, Israel Katz advirtió a Irán con una respuesta enérgica si les ataca «por los acontecimientos en Líbano» como hizo hace ocho días y casi hace este domingo tras un ataque israelí contra un objetivo de Hizbulá en su feudo en Beirut.
«El ejército permanecerá en las franjas de seguridad en Líbano, Siria y Gaza sin límite de tiempo para defender desde allí la frontera y las comunidades israelíes ante elementos yihadistas», añadió Katz, reiterando una posición que, según reveló, Netanyahu dijo a Trump.
«Cualquier infraestructura terrorista por debajo y por encima de la tierra, incluyendo las casas en aldeas que fueron usadas como posiciones terroristas serán destruidas. Es la principal lección de los hechos del 7 de octubre del 2023», añadió en alusión al ataque de Hamas que desencadenó una devastadora ofensiva en la Franja de Gaza, dos escaladas con Hizbulá iniciadas por el grupo chií en apoyo de Hamas (8 octubre del 2023) y de Irán (2 de marzo del 2026) y dos guerras con Irán iniciadas por Israel (13 de junio 2025) y EE.UU e Israel (28 de febrero).
En la oposición denuncian que no se lograron los objetivos declarados en las dos ofensivas mientras Netanyahu señala que de no haber actuado, «el régimen que aspira a la destrucción de Israel ya tendría armas nucleares».
Hace 107 días, Netanyahu declaró que uno de los objetivos era «crear las condiciones» para que los iraníes se rebelen y acaben con el régimen tras la represión interna de principios de año que acabó con varias decenas de miles de muertos. Hoy el acuerdo garantiza, al menos a corto plazo, no solo la continuidad del régimen de Jamenei (el hijo Mojtaba como líder supremo en lugar de su padre Ali abatido en el ataque inicial) sino su consolidación. Por eso, algunos en las redes sociales en Israel lamentan que «la ayuda está en camino» anunciada por Trump en enero llegó pero no a los iraníes que se manifestaban sino a la Guardia Revolucionaria.
El consenso israelí en considerar el acuerdo como «pésimo» para los intereses del país se difumina ante la pregunta si su situación estratégica ha mejorado o empeorado. Una pregunta clave también a nivel político. Con las elecciones previstas en septiembre u octubre, la coalición de Netanyahu mantiene su retórica para demostrar que no cede ante la presión externa mientras sigue su huida hacia adelante desde el 7-0.
«Uno de los grandes éxitos en las dos ofensivas en Irán es que demostramos al mundo y a nosotros mismos que tenemos la capacidad, Inteligencia y recursos para golpear duramente al régimen», comentó el ministro de Energía, Eli Cohen, a la emisora pública.
«El próximo Gobierno tendrá una misión histórica: reparar el daño causado por la incapacidad de Netanyahu para convertir los logros militares en éxitos estratégicos», acusó el líder de la oposición, el ex primer ministro Yair Lapid después de que los duros golpes recibidos por Irán y su «anillo de fuego» en torno a Israel no han llevado al cierre de ningún frente en la guerra más larga de su historia.
«Trump firma un acuerdo que inyecta miles de millones de dólares al régimen de los ayatolás, deja intactas las infraestructuras nucleares, mantiene vigente la amenaza balística y otorga un salvavidas al régimen asesino de Teherán», reaccionó el líder del partido de izquierdas, Yair Golan, que acusa: «Netanyahu es bueno para Hamas, Irán y Hizbulá y no es bueno para Israel».
Uno de sus principales retos de Netanyahu ahora es reconducir la relación con Trump marcada en los últimos tiempos por las recriminaciones del presidente estadounidense. De presumir de una colaboración íntima y sin precedentes en la historia de los dos países, Netanyahu contempla cómo Trump le critica duramente en privado y en público en el peor momento de sus relaciones.
El líder israelí se mostró sorprendido con algunas de las expresiones que le dedicó así como con el veto a responder en Beirut a los proyectiles y drones de Hizbulá pero intenta evitar un enfrentamiento con su gran y casi único aliado en la esfera internacional. De momento, algunos comunicadores identificados con Netanyahu en Israel no dudan en acusar a su otrora referente Trump de «perdedor» y de «capitular» ante Irán.
Fuente: www.elmundo.es

