Inicio ISRAEL El legado de Barnea al frente del Mossad: los duros golpes al programa nuclear de Irán y Hezbollah

El legado de Barnea al frente del Mossad: los duros golpes al programa nuclear de Irán y Hezbollah

Por IG
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Itongadol/Agencia AJN.- Las figuras que aparecieron en las pantallas de televisión el 13 de junio de 2025, con cascos de visión nocturna, instalando a sus pies un sistema en territorio iraní parecían soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), pero un informe indicó que se trataba de agentes del Mossad que habían operado horas antes como parte del ataque sorpresa inicial de la operación «León Ascendente».

Ahora se puede afirmar que se trataba de un equipo de agentes iraníes entrenados en Israel, que habían regresado a su país y continuaban con su vida civil esperando la misión: neutralizar una instalación de defensa aérea para lograr libertad de acción en los cielos de Teherán.

Posteriormente, fueron activados para lanzar un misil contra un objetivo crítico en la región.

Se les había enviado equipamiento personal, armas y armamento especializado adaptado a la misión por rutas secretas, incluyendo misiles, drones y ojivas que fueron desmontadas en pequeñas piezas e integradas en objetos que no levantaran sospechas.

Los miembros del equipo habían aprendido a ensamblarlas durante su entrenamiento en Israel.

Esa noche hubo otros agentes del Mossad desplegados para otras misiones. Por ejemplo, el que ayudó a la Fuerza Aérea a «descabezar» a toda la cúpula de las fuerzas aéreas y espaciales de la Guardia Revolucionaria. O iraníes opositores al régimen que trabajaron para paralizar componentes de los sistemas de defensa aérea y misiles balísticos de la Guardia Revolucionaria en Teherán y el oeste de Irán.

La actuación del Mossad en ese ataque inicial y en operaciones que lo precedieron en Irán y el Líbano demostró la necesidad y el éxito de la reforma que lideró su jefe saliente, David «Dedi» Barnea, desde que asumió el cargo, hace unos cinco años.

Algunas de esas operaciones, principalmente los esfuerzos para desarticular el programa nuclear y de misiles de Irán (por ejemplo, la eliminación de Mohsen Fakhrizadeh, el «padre de la bomba nuclear iraní», atribuido a Israel), le valieron al Mossad una reputación mundial entre los servicios de inteligencia extranjeros y una imagen disuasoria en los países de la región.

Pero para Barnea no era suficiente. Como hijo de sobrevivientes de la Shoá, padre de cuatro soldados y jefe de la organización encargada del «expediente iraní», veía su programa nuclear y militar como una amenaza existencial para el Estado de Israel y sus ciudadanos y creía tener el deber personal y nacional de eliminarlo por completo.

Quienes trabajaron con Barnea afirman que ya al asumir el cargo, en junio de 2021, estaba convencido de que el Mossad podía hacer mucho más y lograr resultados incomparablemente más efectivos para detener los planes de destrucción de Israel por parte del régimen del ayatolá y sus aliados, especialmente Hezbollah. Para ello, debía centrarse en tres aspectos:

1. Maximizar el uso de las capacidades cibernéticas, informáticas y de alta tecnología.

2. Desarrollar capacidades tecnológicas y humanas que le permitieran llevar a cabo simultáneamente un gran número de operaciones en diferentes escenarios y contra distintos objetivos, generalmente en cooperación con las FDI, pero también sin ellas.

3. Adaptar los métodos operativos del Mossad, sus agentes y combatientes a un entorno laboral en el que el enemigo utiliza tecnologías biométricas, como el reconocimiento facial, para revelar su identidad.

Barnea también manejó su relación con el primer ministro, Benjamin Netanyahu, sin dramas ni crisis manifiestas, aunque una de ellas sí tuvo publicidad y fue la relacionada con el nombramiento del general de división Roman Gofman como su sucesor.

    En el Mossad afirman que existió una relación de confianza y respeto mutuo con Netanyahu, que lo había designado. Ambos comparten puntos de vista estratégicos similares y Barnea, al igual que Netanyahu, cree que el acuerdo firmado por la administración Obama acercó a Irán a las armas nucleares. Por ello, se alegró cuando el presidente Trump se retiró del mismo.

    Barnea no dudó en enfrentarse a dos primeros ministros -Netanyahu y Naftali Bennett- en relación con la ayuda catarí a Hamás. Les advirtió que esos fondos mensuales para supuestamente pagar los salarios de funcionarios en realidad financiaban su rearme militar, lo que, en última instancia, hizo posible la Masacre del 7 de Octubre.

    Luego fue el principal impulsor del primer acuerdo de liberación de rehenes.

    Como exdirector de la división Tzomet del Mossad (encargada del reclutamiento y manejo de agentes) y oficial con décadas de experiencia en esa área, Barnea estaba convencido de que mediante un gran número de equipos de agentes-combatientes bien entrenados y equipados que operaran por sorpresa en territorio iraní en coordinación con las FDI, sería posible destruir las zonas subterráneas de inmunidad que los iraníes habían construido.

    Barnea tuvo una turbia relación con los jefes de las FDI por diferencias de carácter y visión profesional: prefería una iniciativa ofensiva y se oponía al enfoque de «contención» que caracterizaba a las FDI en general, y en el Líbano en particular, incluso respecto de la ejecución del muy exitoso operativo «beepers», que golpeó duramente a Hezbollah. También hubo una lucha por el mérito en torno a la operación para eliminar a Nasrallah.

    Cuando Zamir fue nombrado jefe del Estado Mayor y Shlomi Binder jefe de Inteligencia Militar, la cooperación y el respeto mutuo entre los altos mandos de las FDI y el Mossad mejoraron drásticamente.

    Barnea, de 61 años, graduado del internado militar de Haifa y excomando de Sayeret Matkal, se alistó en el Mossad tras el asesinato de Rabin y los atentados suicidas de 1995.

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