Itongadol/Agencia AJN.- El sábado, el mundo despertó inmerso en una nueva realidad geopolítica en Sudamérica. En una operación militar sin precedentes por su magnitud desde la invasión a Panamá en 1989, fuerzas especiales de Estados Unidos (Fuerza Delta) irrumpieron en Caracas, neutralizaron los sistemas de defensa venezolanos y capturaron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.
No se trata de otro episodio clásico de “cambio de régimen”, sino de una aplicación agresiva de la doctrina de “paz mediante la fuerza” del gobierno de Trump, que combina la lucha contra el terrorismo, el control de los recursos energéticos y la delimitación de líneas rojas frente a potencias extranjeras en el hemisferio occidental.
La operación comenzó en la madrugada del 3 de enero de 2026, bajo un corte de luz total impuesto sobre Caracas.
A continuación, más de cien aeronaves destruyeron la fuerza aérea venezolana y los sistemas de defensa aérea S-300 de fabricación rusa en cuestión de minutos.
Las fuerzas Delta asaltaron el complejo “Puerto Tiuna”, la fortaleza fuertemente protegida de Maduro. Una vez capturado, el presidente venezolano fue trasladado a un buque de la Armada estadounidense y desde allí partió a Nueva York, donde enfrenta una acusación federal por “narcoterrorismo” y tráfico de cocaína.
La dimensión energética: “hacer fluir el petróleo”
Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, pero bajo Maduro la industria colapsó. Trump declaró inmediatamente después de la captura: “Estados Unidos administrará el país de manera temporal y hará que el petróleo fluya”.
El control estadounidense directo o indirecto del petróleo venezolano rompe el monopolio de la OPEP y provocaría una caída drástica de los precios globales de la energía.
Con respecto a China, Trump dejó claro que Beijing “recibirá su petróleo”, pero bajo condiciones estadounidenses. De esta manera, Washington recupera el control del recurso estratégico más importante de Sudamérica.
La dimensión geopolítica: expulsar a Irán y Rusia del “patio trasero”
Durante una década, Venezuela funcionó como un puesto avanzado del llamado ‘‘eje del mal’’, compuesto por Irán, Rusia y Cuba, en el corazón del continente americano.
La República Islámica utilizó a Venezuela como base para evadir sanciones, lavar dinero y realizar actividades de inteligencia de la Fuerza Quds.
Rusia, por su parte, perdió a su activo estratégico más importante en la región. La caída de Maduro corta un brazo crítico del eje antioccidental y representa una declaración clara de Estados Unidos: la Doctrina Monroe regresó con fuerza.
La perspectiva israelí: un golpe a Hezbollah en Sudamérica
Para Israel, la caída del régimen de Maduro es un logro de seguridad de primer orden.
Venezuela era un “paraíso” para integrantes de Hezbollah, dedicados al narcotráfico y al lavado de dinero para financiar el terrorismo en Medio Oriente bajo la protección del régimen.
El colapso de los aparatos del régimen expondrá profundas redes de conexión entre Caracas y Teherán, lo que podría conducir a la revelación de otros activos terroristas iraníes en todo el mundo.
Resumen breve
La captura de Maduro es un terremoto que cambia las reglas del juego. Estados Unidos demostró que está dispuesto a emplear la fuerza militar directa para proteger intereses económicos y de seguridad.
Desde el punto de vista estratégico, se trata de una victoria total de Estados Unidos: limpieza del “patio trasero” de influencias extranjeras y control de la llave del grifo energético global.

