Itongadol/Agencia AJN.- Las Fuerzas de Defensa de Israel proyectan un esquema de seguridad para la posguerra que exige mantener unos 60.000 reservistas en servicio activo de manera continua a partir de 2026, en un contexto que la institución describe como un período prolongado de tensión en múltiples frentes.
De acuerdo con evaluaciones internas revisadas por altos mandos militares y funcionarios políticos, Israel enfrentará al menos un año de operaciones de seguridad intensificadas, incluso bajo un escenario relativamente estable sin nuevas escaladas en Líbano o Gaza. El volumen propuesto equivale a más de la mitad del total combinado de tropas de combate y apoyo previstas para el próximo año en comparación con el ejército regular.
A partir de enero, el servicio de reserva volverá al esquema de movilización estándar en lugar de órdenes de emergencia. Un acuerdo en negociación contempla fijar un límite anual de hasta dos meses y medio de servicio por reservista, un plan que debía aplicarse en 2025 pero se postergó tras la caída del acuerdo de rehenes y la continuidad de operaciones en Gaza. Sin nuevos mecanismos de incorporación para sectores como el ultraortodoxo, el IDF sostiene que no puede reducir la carga actual sobre los reservistas.
Aunque el Ministerio de Finanzas y la cúpula militar coinciden en que las unidades regulares resultan más eficientes en términos de costos, persisten diferencias sobre la duración del refuerzo de la cuota de reservistas. El Tesoro propone limitarla estrictamente a 2026, mientras que el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, reclama una garantía de cinco años, argumentando que la presión de seguridad continuará durante buena parte de la década. La División de Galilea, por ejemplo, opera hoy con dos veces y media más personal que antes del ataque del 7 de octubre.
Cada día de servicio de un reservista cuesta al Estado aproximadamente 1.100 shekels. Finanzas estima que los dos años de guerra generaron un gasto directo de unos 70.000 millones de shekels y un impacto económico adicional de unos 110.000 millones. En paralelo, se iniciaron investigaciones internas del IDF por presuntos abusos en el uso del servicio de reserva, incluidos casos en los que contratistas recibieron varios días de paga por labores mínimas. Una nueva directiva busca restringir esas prácticas y reforzar la supervisión.
El Ministerio de Finanzas afirma que unos 17.000 reservistas permanecen movilizados de forma ininterrumpida desde el 7 de octubre, una cifra equivalente a cuatro brigadas completas que, según plantean, podrían haberse formado con ese personal. La institución militar responde que crear nuevas unidades requiere entre uno y dos años y que expansiones planificadas, como la Brigada Hashmonaim, no estarían operativas antes de 2028.
Otro punto de fricción es la necesidad de reconstruir la “caja de sorpresas”, la reserva de capacidades avanzadas empleadas solo en misiones críticas. Durante la operación del verano pasado contra Irán, el IDF utilizó municiones de precisión de alto costo, tecnologías avanzadas y herramientas de engaño altamente reservadas. Reponer estos recursos demandará varios años y decenas de miles de millones de shekels.
El presupuesto propuesto por el IDF para 2026 asciende a unos 140.000 millones de shekels, aproximadamente 40.000 millones por encima del piso recomendado por el Tesoro, argumentando costos de guerra, adquisiciones y las recomendaciones del Comité Nagel sobre gasto en defensa.
Ante la escasa comunicación entre ambas partes, la decisión final recaerá en el primer ministro Benjamin Netanyahu. El IDF planea advertir que la falta de un acuerdo integral, sumada a la salida de miles de oficiales de carrera por compensaciones insuficientes, podría afectar la preparación militar. Funcionarios señalan que, sin una definición presupuestaria clara, Israel podría enfrentar costos aún mayores y una reducción en la capacidad operativa del ejército.

