Inicio ISRAEL Jorge Diener, tras la inauguración del Centro de Rehabilitación Gandel: «Hadassah existe para darle a la gente la posibilidad de volver a vivir»

Jorge Diener, tras la inauguración del Centro de Rehabilitación Gandel: «Hadassah existe para darle a la gente la posibilidad de volver a vivir»

Por Gustavo Beron
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Itongadol/Agencia AJN.- Jorge Diener, director ejecutivo de Hadassah Internacional, reflexionó sobre el papel histórico del Centro Médico Hadassah en Jerusalem, institución que desde hace más de un siglo encarna un modelo único de medicina, convivencia y sionismo humanitario. En diálogo con Daniel Berliner, director de la Agencia AJN, en el marco del ciclo “Diálogos”, una entrega semanal transmitida por Dnews. Diener repasó los orígenes del movimiento fundado por Henrietta Szold en 1912, el espíritu pionero que dio forma al sistema de salud israelí, el trabajo de Hadassah durante la guerra y la rehabilitación de soldados heridos, y su mensaje de coexistencia en uno de los lugares más conflictivos del mundo. A su vez, dio detalles sobre la inauguración del nuevo Centro de Rehabilitación Gandel del Hospital Hadassah en el Monte Scopus, Jerusalem.

Hadassah, que hoy cuenta con dos hospitales en Jerusalem, se ha convertido en un símbolo del compromiso israelí con la vida, la innovación médica y la cooperación entre pueblos.

–Hablar del hospital Hadassah es difícil: hace 100 años, incluso antes de que se creara el Estado de Israel, existe Hadassah. ¿Cómo se puede explicar para quien no conoce su historia?

Jorge Diener: Hadassah no fue creado como un centro médico. Fue creado originalmente como un movimiento hace más de 110 años por la visión de una mujer, Henrietta Szold, en Estados Unidos, que fue una de las pioneras sionistas que creó una de las primeras campañas de recaudación más exitosas, que en ese momento fue para que tres enfermeras junto con ella pudieran viajar a lo que en ese momento sería hoy Israel, que era territorio del Imperio Otomano. En ese momento ya había colonos judíos que estaban llegando a lo que ahora es Israel, y no había nada: no había enfermeros, no había médicos; chicos que se iban muriendo por distintas enfermedades. Viajaron, llegaron en barco, y empezaron a curar hasta que se dieron cuenta que tres enfermeras podían curar a algunos, pero no a todos. Entonces lo primero que hicieron fue entender que tenían que crear una escuela de enfermería: la primera escuela de enfermería, la primera escuela de cualquier tema de salud en el Medio Oriente. Entrenaron gente que se voluntarizó para ser entrenada y de ahí esa historia pasó de una escuela de enfermería a una escuela de salud. En Estados Unidos seguían juntando más fondos y pudieron crear hospitales y clínicas. En el año 48, veinte hospitales en Israel o clínicas pertenecían a Hadassah, manejadas, administradas y creadas por Hadassah. Hadassah le regaló todo al nuevo Estado de Israel, al Estado. A partir de ahí quedó solamente un hospital en Jerusalem. En la década del 60 se abrió el nuevo hospital en Ein Kerem, y hoy en día son dos hospitales que siguen manteniendo el espíritu pionero con el cual Hadassah fue creado en 1912, un espíritu que permitió en más de 100 años de historia ser los primeros en crear centros de diabetes, centros de cáncer, centros de fertilidad, y seguir hoy en día trayendo nuevas técnicas y metodologías revolucionarias, curas que salen de ahí por el modelo que siempre tuvo y que sigue teniendo.

–Claramente aquí el sionismo hace lo suyo. ¿Había una ideología detrás de ese impulso inicial?

JD: Había una ideología muy clara que yo la llamo un sionismo humanitario. Era un sionismo basado en apoyar la creación del Estado de Israel, en ayudar a crear la infraestructura de salud que Israel necesitaba para convertirse en un Estado viable, pero al mismo tiempo con un concepto humanitario. Fue muy claro cuando llegaron esas tres enfermeras: llegaron a un territorio donde había tantos chicos judíos, los que habían venido principalmente de Europa, y había chicos árabes. Y la decisión más importante que tomaron fue que cualquier chico que estuviera enfermo tenía que ser curado. Con lo cual ese mensaje está clarísimo desde el principio. Es un sionismo humanitario, un sionismo que pone el tikkun olam en el centro, y que fortalece la creación de un Estado basado en esos valores, en los valores judíos más básicos que sigue teniendo hoy en día.

–Hablando de ese sionismo humanitario, ¿puede vincularse con la ideología de los kibutsim, también inspirada en valores colectivos?

JD: Sí. Los kibutsim vienen también con una ideología política, también con un proyecto político que se asocia con ellos. Hadassah, en ese sentido, no es una organización política, aunque toma posiciones en ciertos temas. Es una organización basada muy claramente en un tema humanitario. Nosotros, en los más de 100 años de historia, tenemos gente de todas las opiniones políticas. Nuestro cuerpo médico incluye todas las poblaciones, todas las religiones, y en ese sentido lo humanitario trasciende. El sionismo basado en los valores humanitarios también está representado, en cierta forma, en los valores de los kibutsim, pero también en lo que significa un proyecto como el de Hadassah.

–Durante la inauguración del nuevo centro de rehabilitación, se vio a soldados que estuvieron gravemente bailar sobre el escenario. ¿Qué significado tuvo ese momento?

JD: Nuestro objetivo desde el principio siempre fue muy claro. Nosotros creamos rehabilitación para toda la gente que la necesita, pero realmente en los últimos dos años tuvimos que recibir casos muy complejos que no tratan normalmente en otros centros de rehabilitación del mundo. Definitivamente no en el volumen que nosotros tuvimos. Yo personalmente me he conectado personalmente con muchísimos de los soldados y de las víctimas civiles también, como resultado de la guerra, que llegaron con sus cuerpos y vidas destrozadas. Verlos en el evento de inauguración, encontrarme con uno y con otro y verlos caminando, sonriendo, bailando, cuando los había visto con una pierna perdida o un brazo mutilado, fue realmente una sensación de “esta es nuestra misión y lo estamos logrando”. Fuimos creados y seguimos existiendo como Hadassah para darle a la gente que no puede caminar la posibilidad de volver a caminar, que vuelvan a sonreír, a ver, a vivir. Y para eso tenemos estos centros increíbles y un cuerpo médico humano que se levanta todos los días no solo para atender un paciente, sino para soñar cómo encontrar otra cura, cómo ayudar a que alguien que llegó, salga lo mejor posible. Verlo logrado es algo increíble. Y el reconocimiento de tener al primer ministro y al presidente de Israel en un evento de inauguración es algo que no se ve todos los días. Habla del reconocimiento del rol estratégico que Hadassah tiene en Israel y desde Israel hacia el mundo. Es un reconocimiento del rol de Hadassah en representar a Israel con un mensaje humano, de abrir las puertas y estar junto al mundo. Y algo más importante aún en este momento, en el que enfrentamos tantos desafíos en tantos lugares: ¿Qué puede ser más importante que eso? Ese reconocimiento es clave tanto por lo que hacemos hace más de 100 años como por lo que seguiremos haciendo para defender, en el área de salud, la existencia de Israel.

–Sos un israelí de origen argentino. ¿Cómo se vivía la mezcla entre angustia, urgencia y logros en medio de la guerra?

JD: Bueno, para nosotros es nuestra misión. Nosotros fuimos creados para curar el mundo. El tikkun olam es la esencia de Hadassah. El sufrimiento, el desafío, las crisis nos alimentan todos los días; es lo que hacemos. En momentos de paz lo mas urgente la crisis de una persona enferma y su familia. En momentos de guerra, tuvimos que hacer lo que había que hacer. Lo mío era generar el apoyo mundial para terminar de construir este edificio, reforzar toda la estructura para operar a todos los heridos que llegaban y atender a millones de personas con problemas de salud mental, trauma y postrauma. El desafío más grande fue que todos éramos parte de la historia al mismo tiempo. Cada uno vivía su propio trauma, todos teníamos a alguien cercano afectado. La resiliencia israelí y la misión de salvar vidas fueron lo que nos mantuvo de pie. Uno dice el tener la misión de tener que salvar vidas, que es lo que Hadassah hace hace 112 años, en el momento más terrible de la historia moderna del Estado de Israel, fue nuestro alimento para seguir caminando. Fue la forma que tuvimos de cumplir nuestra función y nuestra misión, pero por otro lado de darle una respuesta a lo que cada uno estaba pasando.

–El hospital Hadassah es un símbolo de coexistencia. Médicos y pacientes de distintas religiones conviven allí cada día. ¿Qué representa eso?

JD: Sí, para nosotros eso representa uno de los valores más importantes. Nosotros, de cierta forma, creamos dentro de Hadassah la utopía que debería ser posible en otros lugares: un espacio donde judíos, cristianos, musulmanes trabajan juntos para salvar la vida de judíos, cristianos, musulmanes, hindúes, laicos, etcétera. Pero en nuestra esencia nunca señalamos quién es árabe, quién es cristiano, quién es judío. Somos humanos que curamos humanos. Y no hay un mensaje más fuerte que ese, especialmente en el contexto de Jerusalem, de Israel, del Medio Oriente, tan conflictivo y con tanto odio por fuera. Lo que pasa dentro de Hadassah es realmente un espacio de coexistencia, porque lo que nos une es la misión que todos tenemos, desde el familiar que entra hasta el paciente que quiere luchar por sanarse. Nosotros, como organización, representados por miles de personas, incluidos millones alrededor del mundo, que forman parte de lo que llamamos el movimiento Hadassah. Si Hadassah como idea pudiera replicarse en muchos otros espacios, quizás el mundo sería mejor.

–Entonces, ¿La medicina puede ser un camino hacia la paz?

JD: En este caso, la medicina une a la gente. La medicina genera una diplomacia que es la más fuerte del mundo, porque finalmente hay un juramento que los médicos hacen que es muy básico, y que en realidad en otros lugares del mundo también todos los médicos tienen que tratar a toda la gente. En nuestro contexto, el espacio que se crea en un lugar tan conflictivo se convierte en una historia extraordinaria que no debería sorprendernos. Yo entro todos los días al hospital, es el día a día. Pero el que viene y lo ve, ve a la madre árabe y la madre judía sentadas una al lado de la otra cuidando a sus bebés, y aunque no conversarían en ningún otro lugar juntas, en algún momento están ahí y empiezan a hablar. Una le pide: “Por favor, mirá a mi bebé, tengo que ir un minuto al baño”. Esas cosas son historias que generan un diálogo que no sé si va a resolver los problemas del mundo, pero le da un oxígeno que el mundo tanto necesita.

–¿Cómo vivieron los profesionales estos años tan duros en la primera línea? ¿Qué lecciones deja este período?

JD: No podemos ponerle un punto final a una guerra que todavía no terminó. En ese sentido somos muy cuidadosos en entender que estamos en un momento de cierta pausa que ojalá se convierta en una paz duradera y en una nueva era donde los Acuerdos de Abraham y otras iniciativas nos permitan generar un nuevo momento en el que lo que pasa dentro de Hadassah pueda pasar también fuera de Hadassah. Por otro lado, tenemos que seguir como hicimos hace 20 años, cuando nadie pensaba que algún día pudieran bombardear y que íbamos a tener que mover cientos de pacientes a un refugio antinuclear, a un hospital de emergencia bajo tierra, y lo tuvimos que hacer. Seguimos pensando que eso puede volver a pasar. Aprendimos lecciones de lo que pasó ahora. La rehabilitación física, resultado de la guerra, todavía continúa y es muy larga. La rehabilitación de alguien que perdió músculo, nervio, hueso, y fue reconstruido requiere tiempo. Hay que reconectar, hay que tener éxito. Ayer, en la inauguración, me encontré con uno de los soldados que ya pasó por varias operaciones. Hizo un trabajo extraordinario: camina, sonríe. Me dijo: “Todavía hay una parte que no recuperé”. Lleva casi dos años, y no sabe si lo logrará. Yo le di toda la esperanza de que sí, que puede contar con eso. Es largo, pero en algún momento va a terminar.
Lo que va a llevar mucho tiempo es la rehabilitación mental, la rehabilitación psicológica. La doctora Sherven David, directora general de todos los psicólogos del hospital, lo dice muy claro: justamente cuando el conflicto se reduce, como ahora, es cuando la gente empieza a sentir lo que le dolía internamente. Estamos hablando de por lo menos medio millón de personas diagnosticadas o en proceso de diagnóstico de postrauma, un tema muy complicado. Hay distintos tipos de trauma: trastornos alimentarios, insomnio, ansiedad, depresión. Se calcula que entre tres y cuatro millones de israelíes, un 30 o 40% de la población, sufren algún tipo de trauma. Hablás con cualquier persona —incluido el que está hablando— y puede haber ruidos que funcionan como disparadores: alguien pincha un globo, y ese ruido genera una asociación. Es algo muy común. Israel va a llevar muchos años para sanar. La experiencia de estos últimos dos años es muy traumática para todo el país. En eso no hay fronteras entre judíos y no judíos: todo israelí pasó por una experiencia muy difícil. Esperemos que finalmente termine. Pero va a llevar mucho tiempo, y hay un déficit enorme de psicólogos, clínicas y capacidad para tratar a toda esa gente. Ese será el desafío médico más grande de los próximos años. Nosotros hablamos de la experiencia del Holocausto: sobrevivientes que siguen viviendo el trauma; hijos de sobrevivientes que también lo cargan. Lo mismo pasa ahora. Imaginemos lo que es vivir esto en Israel, donde uno se sintió seguro toda la vida y pasó por los últimos dos años, desde el 7 de octubre y todos los ataques que siguieron. Es una experiencia que va a llevar mucho tiempo procesar. En eso el rol de Hadassah, nuevamente, es ser líder en formar, generar conocimiento y atender tanto en trauma psicológico como físico, junto con otros hospitales y equipos del país. Es crítico.

–¿Qué significó escuchar el reconocimiento del primer ministro israelí y del presidente durante la inauguración?

JD: Creo que lo importante fue recibir, tanto del presidente como del primer ministro, el reconocimiento del trabajo que nuestros equipos hicieron. Para mí, los grandes héroes en este tema son nuestros terapeutas, enfermeras, médicos, fisioterapeutas, técnicos en las salas de operación que hicieron milagros para poder salvar vidas, casi como en una fábrica. Suena terrible, pero fue el volumen que tuvimos. El reconocimiento fue para la gente en el frente de los hospitales. A veces se olvida que en las guerras hay distintos frentes: el frente militar, donde están los soldados, nuestros grandes héroes; y la retaguardia, que son los hospitales, que protegen a los soldados, a los civiles, a los heridos, y los reconstruyen. En ese sentido, el reconocimiento del presidente y del primer ministro fue muy importante. También el reconocimiento a la familia Gandel, de Australia, que hizo una contribución enorme para que pudiéramos levantar este centro de rehabilitación, y a través de ellos, a todos nuestros donantes, incluidos los de Argentina, que también ayudaron a construir este centro y muchas otras cosas que Hadassah hizo históricamente. Ese reconocimiento del Estado es también un reconocimiento al rol fundamental que la comunidad judía en el mundo tiene, tuvo y tendrá para seguir protegiendo la existencia del Estado de Israel, reconociendo a Adasa y a sus donantes. Es un reconocimiento que fortalece esa relación y que mantiene a las comunidades judías del mundo en ese lugar tan importante que tienen para que nadie se olvide. Sí, el soldado en el frente, en Gaza o en el Líbano, dio su vida, pero cada uno, desde su lugar y su comunidad, tiene y seguirá teniendo un rol para que Israel siga existiendo, siga siendo una nación innovadora, y siga dando orgullo por lo que hace. A través de historias como la de Hadassah podemos reconstruir relaciones con quienes dejaron de mirarnos, con quienes tuvieron críticas, y crear puentes para la paz, en nuestro caso a través de la medicina.

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