Itongadol.- El presidente de Otzma Yehudit y ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, advirtió al primer ministro que su partido abandonará la coalición si, tras la liberación de todos los rehenes, Hamás continúa existiendo como organización.
Ben Gvir afirmó que, además del objetivo urgente de asegurar la liberación de los secuestrados, “el objetivo principal de la guerra derivada de la masacre del 7 de octubre cometida por los monstruos de Hamás, es que la organización terrorista Hamás no puede seguir existiendo. Debe ser destruida”. Y agregó: “Por lo tanto, a la luz de los últimos acontecimientos, yo y el partido Otzma Yehudit hemos informado claramente al primer ministro: si después de liberar a todos los rehenes la organización terrorista Hamás sigue existiendo, Otzma Yehudit ya no formará parte del gobierno”.
El ministro insistió en que su postura no contradice la felicidad que esperan por el regreso de los rehenes, pero subrayó el límite político: “No podemos aceptar bajo ninguna circunstancia un escenario en el que la organización terrorista que trajo el mayor desastre al Estado de Israel tenga un renacimiento. No seremos cómplices de eso bajo ninguna circunstancia”.
El anuncio de Ben Gvir llega en un momento de intensa negociación diplomática y presión internacional para lograr un canje de rehenes y un cese de hostilidades. Fuentes políticas advierten que la amenaza de salida de Otzma Yehudit puede forzar a Netanyahu a adoptar una línea más dura en las negociaciones —o bien a abrir una negociación interna sobre los objetivos de la campaña— para no perder la mayoría parlamentaria.
La postura pública del ministro complica la ya frágil aritmética de la coalición y podría acelerar tensiones dentro del ejecutivo sobre la estrategia a adoptar tras un eventual acuerdo. Analistas señalan dos riesgos principales: primero, que la retirada de Otzma Yehudit desemboque en una crisis de gobierno y en una reconfiguración del gabinete en medio de una guerra; segundo, que la presión política por demostrar “resultados” dificulte las opciones diplomáticas y pragmáticas —como mecanismos de supervisión internacional o soluciones de administración transitoria en Gaza— necesarias para asegurar un cese de hostilidades sostenible.
Fuentes del entorno del primer ministro, consultadas por distintos medios, indicaron que Jerusalem necesita equilibrar tres prioridades: la seguridad inmediata de los ciudadanos y la liberación de rehenes; la neutralización del aparato militar de Hamás; y la gestión política interna para preservar la gobernabilidad. La advertencia de Ben Gvir podría obligar al gobierno a transparentar —con mayor precisión— sus objetivos posteriores a un eventual acuerdo, algo que hasta ahora había sido comunicado de forma ambigua.
La demanda de Otzma Yehudit refleja la radicalización del debate interno sobre el “día después” en Gaza: mientras sectores presionan por medidas de máxima dureza, otros actores diplomáticos y militares abogan por soluciones que reduzcan la probabilidad de una recaída violenta. En ese escenario, la pregunta que queda abierta es si el liderazgo político israelí logrará presentar una hoja de ruta creíble que asegure tanto la seguridad nacional como una vía política viable para el futuro de la Franja —o si, como amenaza Ben Gvir, la discordia interna terminará por redefinir la gobernabilidad en Israel en un momento crítico.

