Inicio Opinión Al conceder un indulto, el presidente Herzog validaría la narrativa del primer ministro Netanyahu de que solo él puede liderar el país

Al conceder un indulto, el presidente Herzog validaría la narrativa del primer ministro Netanyahu de que solo él puede liderar el país

Por Gustavo Beron
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Itongadol/Agencia AJN.- Mientras lidia con la solicitud del primer ministro Benjamin Netanyahu de recibir un indulto sin admitir culpa, el presidente Isaac Herzog enfrenta una decisión política, nacional y de liderazgo como ninguna otra en su rol mayormente ceremonial.

Herzog dijo en una ocasión que la decisión más crítica que tomó fue cuando, como miembro del gabinete de seguridad, votó en septiembre de 2007 a favor de bombardear lo que la inteligencia israelí había determinado que era una instalación nuclear siria incipiente cerca de Deir Ezzor. Herzog recordó que en ese momento le temblaban las manos.

Quienes conocen bien a Herzog creen que no es el tipo de persona que concedería un indulto sin precedentes y sin condiciones a Netanyahu. Una decisión así dividiría profundamente al público en lugar de unirlo, y tendría un impacto duradero en la sociedad israelí durante muchos años.

Sin embargo, Herzog es bueno dialogando y tratando de lograr conciliación y mediación, aunque sus intentos no siempre hayan tenido éxito.

En 2023, cuando la controvertida reforma judicial impulsada por la coalición de Netanyahu dividió al país, Herzog intentó resolver la crisis en reuniones realizadas en su residencia en Jerusalem. Pero fue precisamente allí donde las partes endurecieron sus posiciones, y el plan para limitar al Poder Judicial siguió adelante. En cierto momento, Herzog simplemente se dio por vencido.

“¿Qué puedo hacer? El país decidió volverse loco”, dijo en una ocasión con desesperación, después de que otra ronda de manifestaciones masivas a favor y en contra de la reforma judicial colmara las calles frente a su residencia oficial.

Herzog también intentó ayudar detrás de escena en el caso de corrupción de Netanyahu, intentando armar un acuerdo de culpabilidad que habría exigido al primer ministro admitir ciertos cargos y retirarse de la vida política. Sara Netanyahu también participó en esas conversaciones, incluida una que ocurrió mientras la pareja estaba de vacaciones en Hawái.

Si ese acuerdo se hubiera concretado, Herzog no habría quedado solo al frente de una decisión tan trascendental; habría dado un paso al costado y permitido que la Fiscalía del Estado y los abogados de Netanyahu asumieran el protagonismo.

Sin embargo, ese proceso fracasó porque Netanyahu no estaba dispuesto a retirarse de la política: ni entonces ni ahora.

Da la impresión de que Herzog estaría dispuesto a renunciar a esa condición y permitirle a Netanyahu continuar como primer ministro, pero no tiene el coraje para hacerlo. Herzog no olvida que ocupa el cargo de presidente gracias, en parte, al apoyo silencioso que Netanyahu le brindó detrás de escena cuando fue elegido por la Knesset en mayo de 2021.

¿Hubo un acuerdo previo entre ambos —apoyo a cambio de clemencia—? Herzog lo niega.

¿Romperá el presidente las expectativas esta vez, tomará una decisión contundente y concederá a Netanyahu el indulto más problemático en la historia de Israel?

Es un paso demasiado grande para él. En cambio, buscará un punto intermedio: un indulto condicionado o retomar conversaciones sobre un acuerdo de culpabilidad, esta vez en el marco de la solicitud oficial presentada por el primer ministro.

La carga que pesa sobre Herzog es especialmente pesada. Debe entender, por ejemplo, que un indulto para Netanyahu significaría, en la práctica, desmantelar la exigencia de establecer una comisión estatal de investigación sobre el 7 de octubre.

Conceder clemencia al primer ministro equivaldría a una señal del presidente de que Netanyahu es digno de seguir liderando el país, incluso después del desastre del 7 de octubre, tema que, previsiblemente, no aparece mencionado en la solicitud de los abogados ni en la carta personal de Netanyahu.

La escandalosa solicitud de Netanyahu también se apoya en lo que el primer ministro describió en detalle como enormes éxitos en los ámbitos diplomático y de defensa. Según la petición, conceder un indulto le permitiría a Netanyahu continuar guiando al Estado de Israel hacia un futuro más próspero y seguro.

Sin embargo, si Herzog accede, Netanyahu no sanará las fracturas internas, como promete. Nadie puede cambiar a este primer ministro a los 76 años.

Netanyahu no es una figura que unifique; por el contrario, se nutre del conflicto interno y lo ha fomentado durante mucho tiempo, mucho antes de que comenzaran sus investigaciones penales en 2016.

Netanyahu ha prometido reconciliación si recibe un indulto. El cinismo es evidente: proviene de un hombre que trabaja para desmantelar las instituciones de aplicación de la ley y el sistema judicial.

Si la evidencia en su juicio por corrupción realmente se está desmoronando, como él afirma en su solicitud, entonces debería acelerar las audiencias y derribar los cargos lo antes posible.

Pero en la práctica, Netanyahu se queja constantemente de que el juicio avanza demasiado rápido, con demasiadas audiencias por semana (¡tres días!), mientras intenta retrasar el proceso y el eventual fallo judicial.

¿Y qué hay de la reconciliación? La solicitud de indulto no acerca a la nación fragmentada; la divide aún más. Quizás sea otro cálculo político del primer ministro.

El debate nacional en los próximos días, semanas y meses girará en torno a si Netanyahu debe recibir un indulto. El movimiento de protesta antigubernamental, que se había calmado un poco tras el alto el fuego en Gaza, se reactivará ante la dramática situación generada por el primer ministro.

Es muy posible que eso sea precisamente lo que Netanyahu desea: una campaña electoral centrada en el indulto y un discurso político basado en el texto de tono mesiánico que presentó el domingo al presidente.

Mientras tanto, la solicitud desvía la atención del controvertido proyecto de ley revisado por el diputado del Likud Boaz Bismuth sobre la exención del servicio militar para los haredíes, que la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa de la Knesset comenzó a debatir el lunes.

Según la solicitud, Netanyahu se considera el salvador absoluto, la figura indispensable para liderar el país, aquella cuya conducción Israel necesita. De hecho, sugiere que Israel debería agradecer que Netanyahu esté dispuesto a aceptar clemencia y seguir prestando sus servicios.

“El bien del Estado de Israel y de sus ciudadanos requiere la finalización del proceso penal en curso”, dice el texto.

En otras palabras: si Herzog concede un indulto, estaría apoyando y legitimando las palabras de autoelogio del primer ministro, según las cuales podrá “dedicar toda su fuerza, energía y mente a liderar al Estado de Israel en estos días históricos”.

¿Qué es esto sino una alineación política de Herzog junto a Netanyahu en un año electoral, para un presidente que formalmente debe mantenerse por encima de la política partidaria, en un momento en que al menos la mitad del país cree que Netanyahu es la última persona que debería liderar el país en días tan críticos?

Y por último: la intervención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump —mencionada en la solicitud mediante la carta personal en la que exhorta a Herzog a perdonar a Netanyahu— debería ser vista como un insulto para Herzog si realmente representa al Estado soberano de Israel.

El presidente estadounidense básicamente afirmó que las autoridades judiciales israelíes están “molestando a Netanyahu” y que, por lo tanto, el primer ministro merece un indulto.

La Policía de Israel, la Fiscalía del Estado y los jueces en varios tribunales han determinado que Netanyahu debe ser juzgado por los hechos que presuntamente cometió. El presidente debe respaldar a estas instituciones y exigir que el juicio llegue a su fin, a menos que Netanyahu admita los delitos y pague el precio.

Con todo el respeto hacia las solicitudes de Trump, y más allá del dilema de Herzog, esto es lo que exige la ley israelí.

Autor: Shalom Yerushalmi
Fuente: The Times of Israel

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