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Itongadol.- Alberto Zimerman ocupa el cargo de protesorero de la DAIA. Sin embargo, para muchos es más conocido como el mejor amigo del Papa Francisco dentro de la comunidad judía. Su relación con él data desde 1999, cuando aún se trataba del cardenal Jorge Bergoglio y el vínculo que formaron fue tan fuerte que compartieron su última Navidad en Buenos Aires. En diálogo con la Agencia Judía de Noticias (AJN), Zimerman contó que planeaban pasar Pesaj juntos este año, pero la designación como Sumo Pontífice impidió su regreso.
“Siempre, Pesaj cae con semana santa y muchas veces jueves o viernes, días que para él (Francisco) son de ayuno, sagrados y no iba a venir a comer a casa. Por más de que yo había fantaseado con el hecho de no cocinar carne. Tres veces lo invité y por sus Pascuas nunca podía asistir, hasta que que este año sí accedió”, relató Zimerman a AJN.
Bergoglio partió a Roma para participar del cónclave que elegiría al sucesor Benedicto XVI, el Papa que había decidido renunciar. Antes de irse, lo llamó por teléfono y le aseguró: “Alberto, quédese tranquilo. Esta vez va a ser corto porque no hay funerales. Yo vuelvo y en Pesaj estoy en su casa”. Zimerman le hizo junto a Mabel, su esposa, una invitación por escrito y un pergamino con la brajá de Birkat Haderej (oración para los que viajan). Bergoglio se lo agradeció y le manifestó que era justo lo que necesitaba.
El 13 de marzo pasó lo inesperado. La noticia paralizó al país y fue festejada en el mundo católico. Jorge Mario Bergoglio se convirtió en Francisco. Esta vez, el motivo para no asistir a la cena era más que justificable.
El día de Pesaj, un lunes a la noche, ya como Papa, llamó a la casa de Zimerman donde fue atendido por la mucama. “Conversaron como cinco minutos de cosas profundas. La chica sabía que estaba invitada una persona y que al final no iba a venir. Pero no imaginó nunca que era el cardenal Bergoglio. Después me llamó a mí, yo estaba el subte”, recordó.
“ese día lloré”, expresó Zimerman emocionado. “Le dije que así como cuando mi hijo mayor se había ido a vivir a Miami, mi corazón se había partido en dos, ahora tengo mi corazón de vuelta partido porque usted se fue a Roma.”
“Para mi cumpleaños también me había llamado. Primero me dijo que estaba más viejo y después que dejara de hablar por el teléfono de línea porque le daba ocupado.”
Su vínculo antes de que se convirtiera en Papa
Su relación con Bergoglio comenzó cuando estaba en Bnai Brith y organizaba todos los años la conmemoración de la Kristallnacht (Noche de los Cristales Rotos). “Fuimos a pedirle la catedral, el en ese momento se negó. Con mi suave carácter le dije que en nombre de mis cuatro abuelos, 18 tíos, cinco sobrinos, uno de ellos de un año y medio, asesinados sólo por el hecho de ser judío, se lo agradecía mucho. Casi me matan cuando se lo dije. Me salió de adentro. El primer día que fui ya me tiré con los tapones de punta. Desde ahí se fue dando un vínculo cada vez de más amistad, porque no hacía diálogo teológico conmigo. Establecí un vínculo fuerte.”
Hace tres años, durante la presentación del libro “El Jesuita”, escrito por Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, le preguntaron a Bergoglio si tenía un amigo judío que lo pudiera presentar, y lo eligió a Zimerman.
Cuando se le preguntó al protesorero de la DAIA sobre el momento más especial que pasó con el Papa, siempre reiteró que no podía elegir uno, porque las anécdotas eran miles.
“Hace tres años atrás se hizo una jornada en San Cayetano y él me invitó. Yo fui en auto, llegué a las 17, estaba toda la gente del arzobispado, de la pastoral social que era quien hacía el evento. Cuando llegó él, lo saludé y le pregunté cómo hizo para llegar. ‘Fui en subte hasta Primera Junta y allí me tomé el 2’, me contestó. Él no tenía chofer ni coche. Viajaba por los medios de transporte comunes. Bergoglio siempre fue así. No es que ahora es distinto a como fue en Buenos Aires”, explicó Zimerman.
“Yo sentí siempre que él me respetaba porque era judío”, afirmó. “Él me lo dijo en distintas oportunidades y sabía que me plantaba en mi judaísmo, que había tenido un papá muy fuerte desde lo ideológico. Y hasta me cargaba, yo le mandaba chistes judíos y él me mandaba chistes de la iglesia católica”, relató a AJN entre risas.
Consultado sobre sus deseos para Francisco, este amigo incondicional contestó: “Lo que espero para es que pueda hacer todo lo que comentó en Roma que iba a hacer cuando estuve con él en Junio. Yo sé que se preparó toda la vida. Es un jesuita, tiene una manera de pensar muy profunda. Creo que tiene muy claro lo que se llama la cultura del encuentro, que para él es lo único que hace que los pueblos y las familias vayan para adelante. Siente un gran respeto por la historia del pueblo judío y respeta tanto a los judíos como a los musulmanes. Espero es que le vaya muy bien y que no pase mucho tiempo hasta que lo pueda ver personalmente”.
Israel, el Vaticano y el diálogo interreligioso
“Yo sabía que iba a ir a Israel, él me lo había contado”, admitió Zimerman en relación a la visita que hará Francisco alrededor del 25 de mayo de 2014 a Medio Oriente.
“Tuve dos maestros en diálogo interconfesional que lamentablemente ya no están, uno fue el Rabino León Klenicky, otro era el embajador Shmuel Haddas. Así que al tema de las relaciones entre Israel y el Vaticano, yo lo conozco más o menos bien por lo que me contó el embajador en su momento. Sé que no es un tema fácil, pero es importante que Francisco siga haciendo los gestos que está haciendo. No solamente para nosotros los judíos, sino para la paz de Medio Oriente.”
Cuando Zimerman accedió a la DAIA ya lo conocía al cardenal Bergoglio. Empezó a trabajar con él en el diálogo interconfesional, al que en este momento se le asignaba una importancia muy significativa. “Ahora, el hecho de estar en la DAIA me facilita hacer cosas del diálogo que creo que van a ser en beneficio para toda la comunidad judía. A todos los rabinos y a todos lo que tenemos que dialogar con la otredad.”
Consultado sobre si le preguntó si extrañaba Argentina, Zimerman resaltó que “es un ser humano, pero en este momento no puede pensar en Buenos Aires. Él no es más Bergoglio, él es Francisco. Es un hombre que ve todo el mundo y bueno, lo de Buenos Aires ya fue”.
Zimerman describió a su amigo como “un hombre muy estudioso, muy sabio, una gran persona. Es un mench (ser gente)”.
Por último, se le preguntó si cree que el tiempo puede hacer que se disuelvan estas importantes relaciones que tuvo al ser absorbido por Francisco. “Él tiene tiempo para todo. Hay algunas personas a las que les contesta mails y algunas a las que no. Pero él es muy respetuoso de las formas y tiene tiempo para todo”, concluyó el amigo del Papa.

