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Mensaje del Presidente de la AMIA en ocasión de las altas fiestas

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Rosh Hashaná es una festividad que simboliza el fin de un ciclo y el comienzo de otro y, por lo general, todos esperamos que lo que viene sea mejor que aquello que ya se fue.

Pero la verdad es que, muy frecuentemente, suponemos que tales mejoras han de producirse por un efecto, de algún modo mágico y casual, que nos deja en la situación de meros receptores pasivos de un devenir venturoso.

Sin embargo, es preciso aclarar que una concepción semejante está muy alejada de nuestra tradición que, por el contrario, nos enseña que Rosh Hashaná señala el comienzo de un trabajo de introspección que deberá conducirnos a descubrir, en nosotros mismos, aquello que debemos modificar para que nuestra realidad sea diferente.

La gran meditación que nos corresponde hacer en estos días está claramente expresada en una frase atribuida al profesor Albert Einstein que dice: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”. Que Rosh Hashaná sea para nosotros el verdadero inicio de un nuevo ciclo y no una mera continuidad disimulada por abundantes brindis, depende de nuestra voluntad de cambio: de descubrir nuestros errores, de adoptar actitudes diferentes y de actuar en consecuencia.

Y si nos preguntáramos en qué consiste ser mejores, diría que, entre muchas consideraciones que se podrían hacer a este respecto, sería oportuno citar un breve párrafo del Pirkei Avot que entiendo sumamente significativo. "Rabí Elazar Hakapar dice: Los celos, los deseos y la búsqueda de honores sacan a la persona del mundo". Celos, deseos y honores son vicios del alma que nos señalan a un hombre aislado en sí mismo y, en consecuencia, separado de la creación, separado de sus semejantes y separado de Di-s. Nos habla de un hombre incapaz de ser compasivo con su prójimo y de cualquier sacrificio personal y que, además, persigue siempre la oportunidad de ser glorificado.

Todos tenemos, en mayor o menor medida, “algo” de ese hombre y estos “Iamim Noraim” nos brindan la gran oportunidad de mirar hacia nuestro interior y comparar lo que allí encontremos con esta tefilá que decimos tanto en Rosh Hashaná como en Yom Kipur:

El fundamento del hombre es el polvo y su final es el polvo
Desgastando su vida consigue el pan
Es como una vasija de barro que se quiebra
Como hierba que se marchita,
Como flor que se desgaja
Como una sombra fugaz
Como una nube pasajera
Como el viento que sopla
Como el polvo que flota
Como un sueño que se desvanece
Pero Tú, eres el Rey, el Di-s viviente y eterno.

Se trata, en fin, de recordar nuestra transitoriedad y de la vanidad que envuelve la mayoría de nuestros afanes cotidianos y de comprender, que nuestra presuntuosa arrogancia, además de dañina, es absurda. Pero también es la ocasión de tomar conciencia de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Di-s y que por ello nuestros sabios enseñan que toda la Torä se condensa en la sentencia que nos manda a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

La misión de ayudar a nuestros semejantes no puede concebirse sin una vocación de amor que nos conduzca a intentar romper la burbuja de egoísmo en la que, con mayor o menor porosidad, todos nos hallamos encerrados.

Rosh Hashaná contiene un simbolismo que inexorablemente nos conduce a reflexionar en la necesidad de mejorar y perfeccionarnos, y esta tarea solo puede ser hecha por aquel que es humilde y, por lo tanto, consciente de sus falencias y dispuesto a superarlas, consciente de sus potencialidades y dispuesto a ponerlas en acto.

Más aun, me atrevería a decir que estas observaciones que acabo de manifestar son válidas, no sólo para los individuos, sino también para las organizaciones. Una cultura institucional que estimule tanto el cuestionamiento razonable y razonado de lo que se hace, como la creatividad innovadora, es un requisito ineludible cuando el objetivo es estar a la altura de los retos que los nuevos tiempos traen consigo.

Es por este motivo que, desde el inicio de esta administración, estamos poniendo tanto énfasis en fortalecer los programas de mejora continua en la calidad de gestión, comenzando por determinar nuestras fortalezas y posibilidades de mejora. Tal como debería ocurrir con todo judío en Rosh Hashaná, estamos buscando que Amia se vaya conociendo a sí misma a fin de que, partiendo de lo que hoy es, pueda elegir el camino cierto para proyectarse hacia el futuro.

Se trata, en fin, de una tarea que apunta a encontrar las vías que nos permitan cumplir de un modo más eficaz con nuestra misión: más ayuda para los más vulnerables, fortalecer la continuidad de nuestro pueblo, posibilitar un mayor acceso de jóvenes judíos a nuestras escuelas, procurar más trabajo para quienes lo necesitan, nuevas alternativas para las personas discapacitadas y, en fin, una indefinida serie de posibilidades que hoy son desafíos pero cuya concreción gradual constituye nuestro futuro.

Ya muy próxima a cumplir 120 años de existencia, Amia es la institución madre del judaísmo argentino y ha sido la generadora permanente de una larga serie de iniciativas que hoy se trasuntan en más de 180 programas proyectos y actividades que atienden a las más diversas necesidades de nuestra comunidad y que, de un modo u otro, involucran a todas las organizaciones judías de nuestro país. Este carácter de centralidad que Amia viene ocupando desde hace tanto tiempo es el producto del trabajo, la capacidad y el sacrificio de muchísimos empleados y askaním a todos los cuales, en esta oportunidad, quisiera manifestarles mi reconocimiento y gratitud y, al mismo tiempo, invitarlos a perseverar en la noble tarea que realizan. Por lo demás, quisiera decirles que, me siento honrado por poder compartir este espacio con ustedes, por darme la posibilidad de aprender de sus experiencias y conocimientos, y por el afecto que cotidianamente me brindan.

Por último, en estos días tan propicios para que Di-s escuche nuestras tefilot, creo que es oportuno pedir por el don más preciado del que podemos gozar… la paz: paz interior, paz en nuestras familias, paz en nuestro país y especialmente, en estos momentos de tanta incertidumbre en Medio Oriente, paz en Israel. Que Di-s nos bendiga para que así sea.

Un año bueno y dulce para todos y que seamos inscriptos en el libro de la vida.
Shaná tová u´metuká.

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