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VIDEO. Discurso del presidente de la AMIA

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Itongadol/AJN.- Ver video AQUI.

19 años y la herida sigue abierta. Una herida que no puede cicatrizar sin verdad y sin justicia.
Nosotros, los que no trabajábamos en AMIA o en los edificios vecinos en aquel momento, los que no pasábamos por esta calle esa mañana, los que no teníamos que hacer algún trámite justo a esa hora, somos sobrevivientes del atentado. Sólo un conjunto de circunstancias fortuitas, de tiempo y lugar, nos libraron de estar entre las víctimas.
El 18 de julio de 1994 nos pusieron una bomba a todos los seres humanos. El brazo asesino del terrorismo golpeó por segunda vez en Buenos Aires y puso de manifiesto su desprecio por el valor supremo de la vida.
Nuestra tradición nos enseña que el Creador hizo al hombre a su imagen y semejanza y que, en virtud de ello, todo ser humano tiene algo de divino. El asesinato no es sólo una grave falta moral o jurídica sino que, al mismo tiempo, es una tremenda afrenta contra Di-s mismo. Que el terrorismo sea una realidad de nuestro tiempo, es uno de los síntomas de un mundo cuyo avance tecnológico no ha sido acompañado por los más elementales principios éticos y espirituales.
El terrorismo no distingue entre género, edad, religión o nacionalidad. Sólo busca imponer condiciones a través de la muerte y el dolor. Constituye un desequilibrio moral de tal magnitud que solo puede ser concebido como consecuencia de la ausencia total de aquellos valores que dignifican al ser humano y que hacen posible la vida en sociedad.
Como contrapartida a tanto horror, ese mismo 18 de Julio, la sociedad argentina, en su conjunto, respondió con una solidaridad conmovedora que unió a todo el país en una actitud fraterna que se manifestó en la compasión por las víctimas, en la indignación por lo ocurrido, en los ofrecimientos de ayuda más diversos y en un reclamo irrenunciable: JUSTICIA!
Se trata de un reclamo que no sólo se limita a perseguir la condena de los culpables sino que también busca el más contundente repudio al terrorismo; a quienes lo promueven, a quienes lo financian, a quienes lo cobijan, a quienes lo ejecutan y, en fin, a quienes pretenden justificarlo a través de un relativismo moral que, ya de por sí, constituye un verdadero atentado contra la dignidad humana.
Ha pasado ya mucho tiempo, demasiado tiempo esperando a una justicia que no llega y ello aumenta nuestro dolor. Dolor cuyo testimonio vivo está en los familiares. Ellos no necesitan ejercitar la memoria ni recordar una fecha específica en el calendario. Ellos sufren, día a día, la angustia inextinguible… de esas ausencias sin sentido.
Desde AMIA, elegida como blanco del atentado por tratarse de una institución social y comunitaria emblemática que estaba cumpliendo los 100 años de su fundación, tuvimos la certeza, aun desde los escombros y la confusión, que había que volver a levantarse. Que ese debía ser nuestro mejor homenaje a quienes ya no estaban.
Y nos levantamos, y reconstruimos nuestro tejido social y volvimos a trabajar para la gente, para nuestra comunidad y para nuestra sociedad; y continuamos y continuaremos luchando por el esclarecimiento de la causa del atentado a la AMIA
Como ya dijéramos en otra oportunidad, Amia ha sido por décadas fuente de asistencia social, de solidaridad, de servicio, de protección de educación y de cultura. Nosotros no elegimos este trágico escenario, sino que fue el terror fundamentalista quien nos eligió. Y como consecuencia de esa inhumana decisión nos vimos obligados, desde hace ya 19 años, a elevar nuestra voz para demandar justicia. Se trata de un derecho inalienable y de un deber irrenunciable.
Es por ello que le decimos al Sr. Juez de la causa, Dr. Rodolfo Canicoba Corral, que, desde el fallo de la Corte Suprema, que en el año 2009 permitió reabrir la investigación por la conexión local, no hemos conocido avances en el esclarecimiento de lo que ocurrió aquí, en suelo Argentino, en los días previos al atentado: no ha surgido de la investigación ni un solo imputado nuevo; ni una pista nueva que permita esclarecer, de manera definitiva, la conexión local en la cual Telleldín está imputado.
Creíamos, y así lo reclamamos, que junto con Telleldín podríamos llevar a juicio a los otros partícipes del atentado. A quienes dieron ayuda a los terroristas; a quienes albergaron al conductor suicida; a quienes dieron un lugar seguro para terminar de armar el coche-bomba; a quienes proveyeron el explosivo; a quienes ingresaron la camioneta Trafic al estacionamiento que está a tan solo dos cuadras de aquí y del cual salió la camioneta, convertida en coche-bomba, hacia su destino final.
Pero nada de ello ha ocurrido. Seguimos esperando todas esas respuestas, y nunca cejaremos en el reclamo por su esclarecimiento.
Siempre se dijo que las causas por los llamados encubrimientos permitirían también esclarecer el atentado. El Sr. Juez Dr. Ariel Lijo ha elevado un tramo de esas investigaciones a juicio, y de allí tampoco ha surgido nada que permita echar luz sobre los responsables de la muerte de 85 personas.
Queremos que se determinen las responsabilidades que correspondan a los funcionarios involucrados. Pero como dijimos muchas veces: Nuestro principal objetivo, nuestra principal preocupación, fue, es y seguirá siendo el total esclarecimiento del atentado.
Resulta incuestionable que las conclusiones a que arribara la instrucción judicial de la causa AMIA, luego de años de investigación y con aportes probatorios de distintas fuentes, ampliamente detallados en los dictámenes de la fiscalía a cargo del Dr. Nisman, fueron las que dieron sustento a las acciones que derivaron en que Interpol hiciera lugar a la solicitud de captura internacional de los imputados.
Pero nuestro país nunca encontró en las autoridades de Irán ninguna disposición para aceptar las resoluciones judiciales. Por el contrario, ellos optaron por desvalorizar las conclusiones de la justicia argentina respondiendo con teorías e imputaciones, tan próximas al absurdo, que hasta llegaron al extremo de intentar convertir a las víctimas… en victimarios.
Y a decir verdad, esta actitud deleznable no nos sorprende, ya que, quienes la sostienen, son los mismos que rechazan la existencia del capítulo más aberrante de la historia de la humanidad… la shoá, cuyo relato estremecedor, aun puede ser escuchado de boca de los sobrevivientes de la misma.
Únicamente el odio visceral que los jerarcas iraníes han mostrado para con el pueblo judío puede explicar el cinismo histórico que los conduce a pretender rechazar la existencia de los inhumanos campos de concentración y de exterminio masivo durante el régimen Nazi; atrocidades que avergüenzan al género humano y que nadie, en su sano juicio, puede negar o soslayar. Esta actitud negacionista es coherente con la posición que Irán sostiene en temas más cercanos, y nos ayuda a entender la razón de su rechazo a colaborar con la justicia argentina: Cuando la mentira deviene en un instrumento político, la política se convierte en una construcción mentirosa.
Entonces ¿Qué interés podría tener el gobierno de Irán en encontrar a los culpables de la masacre de AMIA cuando, al mismo tiempo y contra toda evidencia, esgrime los argumentos más disparatados para negar el asesinato de seis millones de judíos en manos de la barbarie Nazi?
Estos graves antecedentes, explican nuestra absoluta desconfianza para con las verdaderas intenciones del Gobierno Iraní al firmar el memorándum con el gobierno argentino.
A este respecto AMIA ha considerado, y ratifica en esta oportunidad, que dicho acuerdo es contraproducente a los fines del esclarecimiento de la causa y que adolece de vicios de inconstitucionalidad.
Por otra parte entendemos que el último dictamen del fiscal Nisman, en el que refiere que el atentado a la AMIA está vinculado al accionar de una vasta red de terrorismo, diseminada en muchos países y liderada por Irán, abre una nueva instancia de investigación que debería ser profundizada en el marco de la colaboración internacional, de lucha contra el terrorismo.
Sin embargo, queremos dejar muy en claro que jamás avalaremos que nuestra posición respecto al Memorándum de Entendimiento, así como nuestras manifestaciones pasadas durante estos 19 años y las que nos toque continuar realizando en el futuro, sean utilizadas con alguna intencionalidad de política partidaria.
Nuestra postura responde únicamente al compromiso por alcanzar la verdad y la justicia. No queremos ser parte de disputas electoralistas ni mediáticas que no nos pertenecen, que podrían perseguir intereses que poco tienen que ver con nuestra causa y que, en consecuencia, nos alejarían de nuestro verdadero objetivo.
Ya para ir concluyendo, quisiéramos invitarlos a pensar, por unos instantes, en cuánto hemos cambiado en estos 19 años. Tal vez hayamos mudado de casa, de trabajo, de estado civil, de amistades. Nosotros, nuestras circunstancias y nuestra sociedad somos diferentes de lo que éramos entonces. Sin embargo, el atentado del 18 de julio de 1994 continúa impune. La herida, sigue abierta como el primer día.
Queremos agradecer a cada uno de ustedes por haber venido hoy a decir presente. A las miles y miles de personas que están siguiendo este acto en sus hogares, en sus puestos laborales, en nuestro país y en distintas partes del mundo. A los medios de comunicación, que cada año nos acompañan y ayudan a que nuestra causa no se olvide.
Quisieron destruirnos pero no pudieron lograrlo; conseguimos que la vida se imponga ante la muerte; AMIA continúa de pié, fortalecida y trabajando solidariamente por la gente. Es nuestra esperanza que el horror vivido, sirva para que apreciemos la inmensa importancia del precepto tradicional que nos manda amar a nuestro prójimo; que la violencia que sufrimos nos conduzca a reconocer el valor de la paz y, en fin, que las vidas que perdimos sean semillas de las cuales broten robustos árboles de justicia. Que Di-s bendiga al pueblo argentino para que así sea.
Muchas gracias


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