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Opinión/Claudio Avruj. El Papa Francisco: Un nuevo tiempo también para nosotros

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Itongadol.- (Especial por Lic Claudio Avruj).- Desde mi absoluta integridad judía y mi compromiso con mi comunidad, no pude, no puedo y no deseo dejar de expresar toda vez que tengo la posibilidad mi enorme felicidad por la designación de Jorge Bergoglio, como máximo líder de la Iglesia Católica a nivel mundial.

Transcurriendo las horas fueron innumerables las conversaciones con amigos y con dirigentes de la comunidad judía coincidiendo en la buena nueva que trae al mundo y en especial al país el Papa Francisco. Quienes tuvimos la dicha de frecuentarlo, conocerlo, escucharlo y aprender, tanto de el cómo de su gente cercana, (el padre Marco y el padre Torella solo por citar ejemplos) sabemos perfectamente de que estamos hablando.

Desde el anuncio de su elección a hoy, innumerables artículos se han escrito, convirtiendo a los ejemplares de los diarios de estos días en verdaderos objetos de colección. Muchas de esas notas fueron escritas por nuestros rabinos e intelectuales lo cual debe ser sumamente ponderado (y difundido).

Desde ayer, día de inicio formal de su actividad Papal, tengo ante mí su homilía y me persigue la pregunta sobre si como comunidad seremos capaces de entender como este nuevo tiempo nos involucra y nos compromete en verdad más allá de los elogios vertidos, los saludos extendidos y la búsqueda de fotos circunstanciales. Si somos capaces de entender en su magnitud el mensaje y poner en práctica las acciones que nos corresponden y que en verdad necesitamos. Si seremos humildes para aceptar todo lo que nos falta y trabajar haciéndonos dueños del concepto de Ser Custodios, como hablo ayer el Papa Francisco ante el mundo.

No soy socio de la Amia y no participo de la contienda electoral, con lo cual nadie puede osar imaginar en estas líneas un afán distinto al que persigo que es que nos permitamos como comunidad reconocer seriamente que las miserias y virtudes que envuelven a nuestra sociedad, cohabitan también en nosotros y que los desafíos que el Papa expone y las exigencias que nos presenta con su inteligente suavidad son para “recoger el guante”.

Tenemos una comunidad dividida, debilitada y muchas veces vaciada que hace que se diluyan y pierda brillo las buenas cosas que se realizan. La sufrimos.

Dividida por personalismos que se anteponen al debate de ideas y a la búsqueda del bien común. Una comunidad debilitada desde adentro y desde afuera. Desde adentro porque es fácil reconocer la falta de asociatividad en los proyectos, de comprensión de las propias diferencias y celebración de lo que nos une. Y porque es fácil también reconocer las dificultades en la transmisión muchas veces vacías de contenido educativo, político, cultural y religioso. Desde afuera por las injerencias políticas ideológicas que cooptan y resquebrajan. La desmovilización de la comunidad tanto el día de la aprobación del memorándum en el Congreso de la Nación, como el acto del pasado 17 de marzo, lo demuestran. Tenemos una comunidad que se acostumbro a la calumnia, la ofensa y la difamación como si estos fueran valores, dejando de lado el viejo precepto judío de que todos somos responsables el uno por el otro.

Una comunidad cada día más vaciada, con dificultades enormes para la renovación de los liderazgos de conducción, lo que es responsabilidad de todos, los que dirigen y los dirigidos. La falta de una visión sobre una comunidad entendida como una verdadera unidad común es lo que lo favorece.

Una comunidad que muchas veces va a contramano de una verdadera actitud de responsabilidad y humildad en la administración de recursos.

Una comunidad, que también, como cita ayer Alvaro Abos en su artículo del diario La Nación referenciando a Umberto Eco; “Se acostumbra a construir un enemigo y odiarlo”. Un enemigo que las más de las veces lo buscamos adentro sin entender que es un camino errado.

A cada judío le corresponde ser custodio desde el lugar que se encuentra. ¿De qué? De la comunidad a la que pertenece, de la herencia que le fue dada, del compromiso con el futuro que le es exigido.

Hay múltiples maneras de ser partícipe y responsable. Con seguridad, ser un testigo pasivo no lo es.

A la dirigencia, a quienes nos atrevemos a ocupar cargos de conducción voluntarios o profesionales nos corresponde más que a ninguno entender qué es ser custodios. Nuestras instituciones, las que distintas voluntades ponen en nuestras manos, fueron creadas y están motivadas en el bien común y no en la satisfacción personal que significa llenar el ego o llenar los bolsillos, con malas prácticas que también existen y las conocemos.

Como dirigentes debemos guiar a nuestra comunidad en el presente y hacia el futuro pensando en qué modelo queremos presentar afuera y adentro. Afuera para que nos respeten por lo que realmente somos: una comunidad de principios y valores que privilegia y honra la vida por sobre todas las cosas, que se funda en los principios innegociables de justicia, verdad y tzedaká, un pueblo con dignidad, no temeroso de los poderes de turno, una comunidad que sabe mirarse hacia adentro y generar sus fortalezas ante las debilidades. Una comunidad de fe con todas sus manifestaciones, absolutamente identificada con el Estado de Israel, comprometida con su pasado y orgullosa de su lugar en el mundo y el mensaje que trae.

Y hacia adentro porque son nuestros hijos los que mañana guiarán nuestras instituciones y nos guiaran a nosotros.

No podemos abstraernos del clima de alegría que envuelve a nuestro país por este momento espiritual que nos llega y justamente en vísperas de Pesaj que nos obliga a repensar nuestro nacimiento como pueblo y el camino elegido.

El Papa Francisco nos habla de saber leer con realismo los acontecimientos, estar atentos a lo que nos rodea, nos habla del respeto y del preocuparnos por todos y nos habla de vigilar nuestros sentimientos sin odios, ni rencores, ni revanchas.

La comunidad judía argentina es la sociedad argentina y a ella se debe, todo lo bueno que sepamos hacer será bueno para todos los argenitnos.

Si somos capaces de expresar nuestra alegría sin vergüenzas individualmente e institucionalmente por el nuevo tiempo que se abre, seamos capaces sin vergüenza como comunidad judía, sin sentirnos que traicionamos a nuestra identidad, de tomar el mensaje del Papa Francisco y hacernos cargo de las cosas que nos corresponden.

Doy el primer paso, dejo en el olvido las ofensas, agravios y difamaciones públicamente recibidas, me he disculpado en privado con aquellos que he tenido desacuerdos, ellos lo saben, hoy lo hago público y extensivo a todos.

Quiero para mí y para mi comunidad que este nuevo tiempo de creación positiva nos tenga de protagonistas y a la altura de las circunstancias.

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