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Naalé. La particular historia de cuatro hermanos chaqueños que estudiaron en Israel e hicieron aliá

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Itongadol.- Mario Mariach es el titular de la Asociación Israelita Latina “Merced y Verdad” y vicepresidente de la Comunidad Judía de Resistencia, ambas de Chaco, pero también es el padre de Nicolás, Gustavo, Pablo y Josué, cuatro hermanos que estudiaron en Israel en el marco del programa educativo Naalé y luego decidieron hacer la Tzavá y quedarse a vivir en el Estado judío.
El mayor viajó en noviembre de 2002; el segundo, en septiembre de 2005; el siguiente, un año después; y el último, en 2008.
“Éramos una familia que no participaba de la vida comunitaria, pero en 2001 nos acercamos a ella por el tema de la aliá, por la crisis, y nos insertamos en la Kehilá”, contó su padre a la Agencia Judía de Noticias (AJN).
“Un día, Nicolás vino del Ken y me dijo: ‘Papá, me quiero ir a Naalé, a estudiar en Israel’; no teníamos noción del tema, pero en ese entonces había muchas ‘ExpoIsrael’ en las kehilot más grandes de la Argentina, así que con mi esposa fuimos a Tucumán, donde había un stand de Naalé, para enterarnos de qué se trataba”, prosiguió.
Éste es un programa educativo de tres años, durante los cuales sus participantes completan la escuela secundaria en Israel.
El éxito fue tal que “se armó un grupo muy lindo de 7 chicos de acá, y el examen y la selección para la gente del Norte de la Argentina y de Asunción (Paraguay) se hicieron en Resistencia”, se ufanó Mariach.
Pero no todo fue tan sencillo: “En marzo (de 2003) empezó la Segunda Guerra del Golfo y hubo una invitación de la Agencia Judía a los padres, que con un costo irrisorio nos llevó para que viéramos que los chicos estaban bien”, recordó.
Fue el primer viaje de Mariach a la Tierra Prometida, y le “sorprendió lo que era una escuela en Israel y la forma en que se manejaba”.
“Nicolás viajó a los 15 años y en Resistencia era un chico que a ningún lado iba solo, pero con cinco meses en Israel había cruzado todo el país en colectivo para recibirme y esto muestra su gran crecimiento”, se emocionó.
“Él fue el que se animó y probó, los otros llegaron con cierto respaldo porque ya tenían familia allá”, reconoció su padre.
“Por entonces, los chicos estaban divididos en tres escuelas, pero con los años se compró el terreno de Kfar Rutín y ahora están todos juntos”, agregó en referencia al kibutz donde funciona la Pnimiá (internado) de Naalé, a 20 minutos del Kinéret.
Allí, los alumnos tienen habitaciones dobles o triples y cada grupo tiene un moadón (club) en una zona propia del establecimiento, pero estudian en una escuela que está a 5 minutos en micro y a la cual asisten chicos de todos los kibutzim de la zona.
No hace falta llegar con conocimientos de ibrit, ya que en los 6 primeros meses hacen el Ulpán dentro de la escuela, gracias al cual alcanzan un buen nivel de hebreo, y también estudian Matemáticas, Inglés y Moréshet (pensamiento judío).
En el primer año empiezan a entrar de a poco en las otras asignaturas; y a partir del segundo ya estudian como cualquier israelí
“El hecho que después hayan hecho aliá nos muestra que en Israel uno encuentra un lugar y una forma de vida que por ahí acá no”, sintetizó Mariach.
Hoy, Nicolás tiene 25 años y vive en Haifa, a la espera de sus hermanos: Gustavo, de 22, que sale esta semana de la Tzavá, donde hizo el curso de paramédico; Pablo, de 21, que termina a fin de año; y Josué, de 19, que recién la empezó en noviembre.

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