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Para el Bloque Unido Religioso proponer un Estado palestino desde el Jordán hasta el Mediterráneo imposibilita todo tipo de diálogo

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Khaled Mashal, jefe politico de Hamás en el exilio, llamó a «liberar Palestina desde el río Jordán hasta el Mediterráneo". Además, reafirmó que nunca reconocerán a Israel. En un acto por el 25° aniversario de Hamás, el máximo jefe político del movimiento prometió «nunca haremos ninguna concesión de un milímetro de nuestras tierras». «Antes o después, la tierra de Palestina será nuestra y nunca será de los sionistas». 
No es necesario reflexionar demasiado en las declaraciones con las que iniciamos estas líneas para darnos cuenta de la tremenda agresividad de las mismas y de su claro rechazo a cualquier tentativa de negociación. Aquellos que recriminan a Israel por su presunta falta de voluntad para alcanzar un acuerdo de paz con los palestinos, por lo menos deberían haberse percatado de las dificultades implícitas en requerir que se negocie con quienes expresan abiertamente que no quieren hacerlo; con quienes no desean ceder absolutamente nada y con quienes ni siquiera reconocen la existencia de su eventual interlocutor.
Por otra parte, aunque es evidente que el ala más intransigente de los palestinos es aquella representada por Hamás, no habría que perder de vista que los objetivos reales de Al-Fatah permanecen ocultos dentro de una brumosa serie de contradicciones y de disensos internos que, obviamente, provocan una gran confusión a la hora de intentar entender qué es lo que realmente se proponen. Como ejemplo, basta decir que Mahmoud Abbás a veces exige que los terroristas palestinos detengan sus ataques contra Israel para luego abrazarlos (literalmente), llamándolos "héroes que luchan por la libertad". Habla de detener la violencia y simultáneamente del "derecho de retorno" de más de 4 millones de árabes palestinos a Israel, un modo bien conocido de llamar indirectamente a la eliminación del estado judío. Y para ser más precisos, es importante no olvidar que Plan por Etapas de diez puntos, formulado por el Consejo Nacional Palestino en junio de 1974, en su tercer punto establece «que la OLP no considerará realizar acuerdos temporarios que renuncien a su meta final, que es una Palestina desde el Río Jordán hasta el Mar Mediterráneo» ; una sorprendente coincidencia con las recientes declaraciones de Khaled Mashal que, como ahora podemos ver, no son otra cosa que una expresión del ideario de Al-Fatah.
Además, no hay nada que nos permita inferir que Abbás haya renunciado a esas metas sino que, más bien, su discrepancia con Mashal radicaría en las diferencias sobre el modo de alcanzarlas: Mientras este último propone una lucha armada y frontal; el primero, más pragmático, busca obtener parciales logros diplomáticos y militares en el conto plazo que no condicionen el objetivo final a largo plazo, a saber, como ya dijimos, una Palestina que se extienda “desde el Río Jordán hasta el Mar Mediterráneo”.
Y si bien que las diferencias tácticas a las que acabamos de aludir, parecerían tener por consecuencia la existencia de un cierto desacuerdo en la relación de ambos dirigentes; lo más probable es que tal disenso, en caso de ser real y no simulado, tenga más que ver con cuestiones metodológicas y con ambiciones políticas, que con las cuestiones de fondo. Sea como fuere, la realidad es que el gobierno palestino aparece hoy dividido en dos áreas geográficas muy definidas, tal como recientemente dijo el representante permanente de Israel ante Naciones Unidas, Ron Prosor, «la Autoridad Palestina no controla la Franja de Gaza, o el 40 % que clama representar. Ese territorio está controlado por Hamás» .
A la luz de lo que acabamos de decir es fácil darse cuenta de que la reciente aceptación de Palestina en la ONU como “estado observador”, supone la falacia de haberle concedido ese status a un estado que no tiene gobierno o, lo que es lo mismo, que tiene dos; uno de los cuales además, el de Hamás en Gaza, niega ostensiblemente la solución propuesta por la ONU de “dos estados para dos pueblos”.
Por otra parte, valdría la pena preguntarnos si este carácter bicefálico del supuesto estado constituye una debilidad o una fortaleza para el mismo; en efecto, esta situación fácilmente podría entenderse como parte de una estrategia que, a través de la polarización del gobierno palestino entre negociadores y terroristas, disimule una línea de acción común que termine arrinconando a Israel: Si Israel acepta negociar con Mahmoud Abbas tendrá que hacer concesiones que la expondrán peligrosamente a las embestidas de Hamás; si no acepta negociar con Abbas será acusada de intransigente y, por último, si ataca militarmente a Hamás, el mundo entero se desgarrará las vestiduras reprochándole su brutalidad y escasa disposición al diálogo.
El mismo Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, parece reconocer la situación antes descripta cuando dice «La unidad palestina en apoyo de la solución biestatal negociada es esencial para la creación del Estado palestino en Gaza y la Ribera Occidental. Es primordial que los palestinos superen sus divisiones (…)» . Ahora bien, si no hay “unidad palestina en apoyo de una solución biestatal” y si los palestinos no han superado sus divisiones ¿Con quién pretenden las Naciones Unidas, y el mundo en su conjunto, que Israel negocie la paz? ¿Las declaraciones de la máxima autoridad de Hamás no son un contundente rechazo a las aspiraciones del Secretario General? ¿Por qué entonces las Naciones Unidas no repudian enfáticamente las declaraciones de Khaled Mashal? ¿Por qué Naciones Unidas acepta como “estado observante” a quien, claramente, propone entre sus objetivos destruir a Israel que es un miembro pleno de la misma?
Son preguntas cuyas respuestas son muy difíciles o muy fáciles, según se quiera. Muy difíciles si se pretende abordarlas desde una perspectiva ecuánime y justa; muy fáciles si se piensa que en el mundo hay 45 estados islámicos, que hay cerca de 1500 millones de musulmanes, que el petróleo y las finanzas derivadas del mismo pueden condicionar muchas voluntades y que, obviamente, persiste un cierto antisemitismo que, ahora reciclado como anti-sionismo, recurre a las mismas descalificaciones de siempre.
Descalificaciones que, a pesar de su repetitiva mediocridad, excepcionalmente pueden llegar a asombrarnos; pero he aquí un caso: «Día a día estamos progresando en esta escalada de un extremismo fascista cuyo resultado inmediato es la descomposición institucional de la sociedad israelí. En nombre del judaísmo y del sionismo se cometen atrocidades antidemocráticas frente a una incomprensible pasividad de la mayoría de la sociedad judía de Israel. El liderazgo judío de las diásporas no es una excepción. Se comporta como miembros embelesados de un club de fans de Israel que aplaude el show de gala del gobierno de Israel cuando en realidad, frente a sus ojos, le están haciendo añicos el sueño de 2000 años» .
Y si se nos preguntara que vemos sorprendente en este párrafo, responderíamos que, al margen de tan grotesca argumentación, lo llamativo es su procedencia: Es la opinión de Convergencia, uno de los partidos que integran Acción Plural Comunitaria y que pretende acceder al gobierno de AMIA en las próximas elecciones.
Ya para terminar, digamos que si semejante odio contra Israel ha calado tan hondo en el seno de un sector de la comunidad judía, nada de lo que pase afuera de la misma debería llamarnos la atención, inclusive en la ONU.

1. https://www.danielpipes.org/2339/which-way-will-abbas-go

2. web1.bridgesforpeace.com/national/pr/PRNews64.html

www.un.org/spanish/News/story.asp

www.un.org/es/events/palestinianday/2012/sgmessage.shtml

espacioconvergencia.com.ar/2/index.php/israel/2481-



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