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Carta de despedida del embajador de Israel en Perú

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“AL PUEBLO PERUANO CON CARIÑO”

Queridos amigos peruanos:

Dentro de pocos días terminaré mis funciones en el Perú. Intenté, durante estos dos años ser fiel a mi país y a este Estado que me hospedó, tan generosamente.

Estoy por concluir mi misión, en el cierre de un ciclo y la expectativa de un mañana. En el libro de Eclesiástes se dice:

“Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo, un tiempo para nacer y un tiempo de morir. Un tiempo de plantar y un tiempo de cosechar lo plantado”. Nosotros somos, únicamente, portavoces de un país que sembró con lágrimas y cosechó con alegrías. Damos, entonces, gracias por lo recibido.

Desde la más remota antigüedad, los “oradores” se convirtieron en “enviados” y, con el tiempo, éstos dejaron de ser “mensajeros” para convertirse en “negociadores”; abandonando la rutina para involucrarse en el devenir de los acontecimientos. Los nuevos tiempos trajeron otros desafíos. Los procesos de globalización en todas las áreas (económica, política y cultural) avanzan y crecen y, cada uno de nosotros, ejercemos diversas competencias, descubriendo oportunidades y brindando servicios. Hoy, los diplomáticos, cumplimos multiplicidad de funciones pero, entre todas, insistí – desde que abracé esta carrera con pasión – que las relaciones amistosas, entre hombres y pueblos, eran el fundamento en que asentaría mi estadía y marcaría mi gestión al frente de una Misión. En ese sentido, intenté hacer fructíferas las relaciones, valorizar lo político y lo económico; dar a conocer la vida cultural de mi país en el Perú, llevar al Perú hacia Israel y, fundamentalmente, cooperar en todo aquello que fuera necesario.

He contado durante mi estadía con el apoyo de muchos de ustedes. Sin este sostén mi tarea hubiese sido más ardua y, por supuesto, más dificultosa. Gracias entonces por recorrer esta parte del camino conmigo.

Me siento realmente honrado de haber aportado un granito de arena en pro del relacionamiento. En este punto, deseo mencionar el creciente número de profesionales peruanos que fueron enviados a Israel, a fin de realizar cursos de perfeccionamiento en sus áreas respectivas, los cuales una vez reintegrados a sus funciones profesionales se encuentran trabajando por el desarrollo del país.

Perú e Israel tienen inagotables posibilidades de intercambiar conocimientos, tienen inagotables posibilidades de obrar conjuntamente.

Desde sus comienzos el Estado de Israel entendió que era necesario que sus relaciones con otros países también fuera caracterizada por vínculos más concretos: económicos, técnicos, científicos, que más que ningún instrumento logran un mejor conocimiento entre las partes a la vez que motivan profundas relaciones de cooperación y amistad. Compartiendo experiencia se gana experiencia, enseñando se aprende.

El conocimiento no es patrimonio de un hombre o de una nación, es patrimonio de la humanidad toda.

Estoy por volver a mi país. Sepan que con todo mi sentimiento y modesta capacidad, hice todo cuanto pude por incrementar la comprensión y el conocimiento mutuo entre Perú e Israel, países tan lejos físicamente pero con muchas cosas en común.

El Estado de Israel sigue con simpatía e interés esta democracia que vive el Perú, y por supuesto que es una democracia que florecerá en cada elección y en cada participación del pueblo; en el fortalecimiento de sus instituciones y en la prosperidad de su gente.

Tanto Israel como Perú continúan en una tarea, siempre inconclusa, de mejorar los fundamentos de la vida nacional; hacerla más próspera y más rica en valores espirituales y materiales. Estos esfuerzos estamos convencidos traerán los resultados que tanto merecemos.

Soy, a partir de este momento, y esté donde esté, Embajador de Buena Voluntad de Perú. Aquí pasé años intensos, aquí hice siembra, aquí vamos a continuar la tarea de cooperar, adoptar y adaptar, en fin no ha sido en vano.

Tengo un compromiso de lealtad con los afectos. Compromiso con el país y compromiso con cada uno de ustedes que nos acompañan generosa y cálidamente.

Le deseo a toda esta gran familia la mayor felicidad y al pueblo peruano, del que tanto aprendí, vayan mis mejores augurios de bienestar, paz y prosperidad. Porque se todo lo que trabajan para lograrlo y porque confío que alcanzarán cada una de sus metas.

A todos, muchas gracias.

Yoav Bar-On
Embajador de Israel

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