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Un sobreviviente del Holocausto donará las conmovedoras cartas de su madre

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Goldbrenner, quien tuvo que esconderse durante la Segunda Guerra Mundial, las cederá al museo del Holocausto. “Escribía hermosamente. Mantuvo su dignidad hasta la última carta”, dijo. “No tener una madre fue difícil para mí. Pero me cuidaron mis abuelos, padre, madrastra y tía, que me amaban”, agregó.

Las viejas fotos no agitan los recuerdos de Jean-Claude Goldbrenner, pero las palabras sí. Pudo identificarse a sí mismo a los tres años en un retrato subido recientemente al sitio web del Museo de Memoria del Holocausto de Estados Unidos. Pero las cartas de su madre, entregadas a él por su tía, son unos recordatorios conmovedores de una niñez conformada por la tragedia.
Estera (Elsa) Goldbrenner fue arrestada por un policía alemán en mayo de 1943 a los 28 años, mientras viajaba para visitar a su marido preso, Willy, en Nice, Francia. Ella comenzó a escribirle a su familia luego de ser llevada a Drance, y un campo de tránsito afuera de París donde miles de judíos franceses eran deportados. Ella escribió cerca de 10 cartas ese junio y julio. Al principio era optimista de que sería liberada porque estaba embarazada. Luego describió las condiciones de vida en Drancy, le pidió a su familia que evite el arresto y prometió: “Les doy mi palabra de que regresaré”. “Lo que más sufro es estar separada de mi pequeño Jean-Claude, a quien pienso todo el tiempo”, agregó.
Jean-Claude fue llevado a la casa de sus abuelos y una tía, y también se escondió con otros chicos en una granja en el sudeste de Francia.
La desdicha de Estera Goldbrenner creció mientras su deportación se hacía inevitable. En su carta final a su esposo y familia, admitió que estaba “un poco asustada”, pero tenía esperanzas: “Me iré mañana y decir que acepto esto con valor sería una mentira, pero no hace bien lamentarse. Mi mayor deseo es verte de vuelta mi amor, con mi pequeño Jean-Claude y todos ustedes”.
Ella también escribió sobre su embarazo y se preguntó sobre cómo le iría en un “viaje de ida” en un calor sofocante. “No es imposible que el destino persistan incesantemente contra nosotros. ¿Cómo está mi niño grande que amo? Querido Dios, ¿por qué fui golpeada por dicha desgracia? Necesitaré un corazón de piedra y debo pensar solo en mí, debo olvidarlo todo para mantener todo el coraje”, expresó.
En las cartas también consoló a sus padres – “queridos papá y mamá, nos volveremos a ver” – y luego escribió a su marido: “Te amo más que nunca. Cómo tendrás que malcriarme para borrar todos estos malos recuerdos. Qué sueño más hermoso. ¿Ocurrirá algún día? Cuando pienso que la Guerra terminará pronto y que mi futuro es negro, tan negro. Pero no lo es, no debo caer, quiero ser fuerte, quiero vivir, sobrevivir a estas miserias y ser feliz nuevamente entre todos ustedes. Les estoy diciendo: Hasta luego, hasta luego, mi querido amado Willy, mi pequeño Jean-Claude, espero al menos mantenerme. Tu Elsa”.
La carta tiene la fecha del viernes 31 de julio de 1943. Siete días después llegó a Auschwitz, donde fue inmediatamente asesinada en una cámara de gas.
El marido sobrevivió. Fue liberado de la cárcel y vuelto a arrestar. En marzo de 1944 escapó de un tren que iba a Auschwitz pero fue recapturado y llevado ahí en junio. Luego fue liberado por las fuerzas británicas en 1945 mientras estaba en el campo de concentración Bergen-Belsen.
Jean-Claude Goldbrenner, hoy 69 y ex consejero de inversiones en el Banco Mundial, dijo que su padre no habló de su pasado, pero en un punto reveló que sus capacidades como jugador de fútbol lo habían salvado: los nazis lo dejaban jugar y lo alimentaban mejor. Pero fue perseguido por sus recuerdos para siempre. “No podía caminar entre la multitud”, dijo Goldbrenner, y también agregó que no podía usar un cinturón de seguridad. “Eso lo traumatizaba”.
Él contó su historia para el proyecto de fotografías del museo del Holocausto sobre niños judíos y destacó: “Algunos de estos chicos pasaron por el infierno. No tener una madre fue difícil para mí. Pero me cuidaron mis abuelos, padre, madrastra y tía, que me amaban. Estoy seguro de que hay ciertos grados de daño. Pero no sufrí como esos chicos que fueron deportados, o que eran mayores y pudieron sentir todo esto”.
Goldbrenner planea donar las cartas de su madre al museo. “Escribía hermosamente. Mantuvo su dignidad hasta la última carta”, dijo.

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