Los adornos de un movimiento de protesta, los cánticos, las banderas y los puños en alto, llenan la Plaza Tahrir en el Cairo, el enclave de aquellos que buscan un nuevo Egipto. Pero algunos temen que haya un enemigo entre ellos.
Hasta ahora, el desafío más audaz para el presidente egipcio, Hosni Mubarak, de tres décadas de poder autoritario, ha fallado en su objetivo principal de echarlo del gobierno. Y luego de la euforia inicial sobre su desafío en un estado que una vez se pensó resistente, los manifestantes no están tranquilos de que Mubarak o los líderes que él eligió puedan manejar mantenerse en el poder.
Si lo hacen, hay un gran temor de que un régimen atrincherado intentará vengarse de la manera que ha hecho muchas veces antes, arrestos masivos y abuso de los detenidos.
Muchos en la Plaza Tahrir, el epicentro de las protestas del Cairo, se han fijado en algunos que parecen no pertenecer. Tienen teléfonos celulares y cámaras de video. Los opositores sospechan que son policías encubiertos que están documentando quiénes están yendo a las protestas y temen que si no ganan las concesiones pronto, un cuerpo de seguridad los identificará y los rodeará uno por uno.
“Hemos escuchado acerca de policías de civil que están entre la multitud”, dijo SAlih Abdul Aziz, de 39 años, que se unió a las protestas en la plaza el 28 de enero, el día de los choques intensos con la policía. “Estamos teniendo cuidado en lo que nos decimos. Y no hablamos de política con personas que no conocemos”, agregó.
Por décadas, los egipcios han aguantado la brutalidad y corrupción de la policía, y temen que esto sea parte de su plan. Una maestra de 30 años que se iba a encontrar con funcionarios del gobierno para discutir reformas dijo que una de las principales demandas de los opositores era la anulación de las leyes de emergencia represivas del país, que el gobierno ha prometido levantar eventualmente.
“Esto debe llevarse a cabo. De otro modo no estamos seguros. No podemos ser arrestados en cualquier momento”, dijo la docente, quien solo dio su primer nombre, Heba, por miedo a una venganza del gobierno.
Las leyes de emergencia aumentaron los poderes de la policía y cortaron los derechos para demostrar y organizar la política. Las restricciones fueron impuestas luego de los asesinatos de un ex presidente egipcio, Anwar Sadat, en 1981, lo cual llevó a que Mubarak asuma el poder.
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