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Advierten que no será la misma la relación entre Egipto e Israel y alertan sobre la amenaza iraní

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La crisis institucional en Egipto generó una importante preocupación en Israel que sigue con atención los sucesos que se producen en El Cairo mientras trata de espantar el fantasma de un posible gobierno fundamentalista islámico como el que controla la República de Irán.
Al menos así lo explicó el profesor e historiador argentino Aharon Erlich, quien en declaraciones a la Agencia Judía de Noticias (AJN) describió como “bastante complicada” la situación que se vive en Egipto, y señaló que “lo más importante es que todos están de acuerdo que fue una sorpresa para todos, nadie se lo esperaba”.
Erlich indicó que “es evidente que lo que empezó en Túnez se está dando como en un efecto dominó” en todos los países de la región.
“También resulta evidente que cualquier cambio que haya en Egipto va a afectar la relación con Israel, que aunque no sea la ideal de todas maneras es una frontera donde no hay problemas”, indicó Erlich.
Para el historiador, “le va a resultar muy difícil a (Hosni) Mubarak (presidente egipcio) salir adelante” e incluso estimó que es “muy difícil que siga en el cargo”.
“Mubarak está enfermo y hacía todos los preparativos para dejar su puesto a su hijo y como él pensó con el nombramiento de un vicepresidente (el jefe de la inteligencia Omar Suleiman), estaba dando lo que los manifestantes exigían, pero la situación no es tan fácil”, argumentó.
Erlich señaló que los manifestantes quieren la renuncia de Mubarak y todos aquellos que están a su lado.
“Por eso, la situación es muy delicada para Israel porque con Egipto y Jordania tenemos una paz estratégica”, señaló.
Para este historiador argentino que está radicado en Israel, “la situación no va a ser la misma entre Israel y Egipto que se daba antes”, pero aclaró que es “muy difícil saber cuáles serán las consecuencias como tampoco pudo preverse el conflicto”.
“La mayor preocupación es que los grupos islámicos extremista tomen el poder y sabemos que eso no va a ser nada positivo ni para Egipto, ni para Israel”, señaló.
Asimismo, Erlich apuntó que “detrás de todos los grupos extremistas está Irán y seguramente el gobierno iraní ve con satisfacción lo que está pasando en Túnez y en Egipto”.
“Ver información con críticas de Irán a la reacción de la policía egipcia y la violencia contra los manifestantes es una burla cuando todos sabemos lo que pasó en Teherán no hace mucho tiempo cuando hubo manifestaciones mucho más limitadas”, afirmó.
Consultado sobre la posibilidad de que se avance en un proceso democrático en Egipto, Erlich admitió que “sería lo mejor”, pero aclaró que “hay muchos signos de dudas”.
“Pienso que a toda la opinión publica le gustaría ver un cambio democrático, pero no sabemos en que medida la sociedad egipcia puede pasar a una situación de democracia. Si se diera algo intermedio para llegar sería más positivo”, consideró.
Al analizar el pasado de la relación entre Egipto e Israel, Erlich comentó que “se vivieron momento de euforia” cuando se firmó el tratado de paz en 1979.
“Una corriente que cambiaba todo el panorama porque la paz con Egipto no se dio de un día para otro. Lo que fue inesperado fue el viaje del presidente egipcio Anwar el-Sadat a Jerusalén en 1977, que justamente dieron el impulso para al firma del acuerdo”, relató.
El Tratado de Paz entre Israel y Egipto firmado en Washington D. C. el 26 de marzo de 1979, marcó el término de treinta años de hostilidades y cinco guerras.
Este tratado fue firmado tras intensas negociaciones, dieciséis meses después de la visita de Anwar el-Sadat a Jerusalem, invitado por el entonces primer ministro israelí, Menájem Beguin, y de la firma de los Acuerdos de paz de Camp David en 1978, bajo el auspicio del ex presidente estadounidense Jimmy Carter en carácter de testigo.
De esta manera culminaba el estado de guerra existente desde la Guerra árabe-israelí de 1948, así como el fin de los actos o amenazas de beligerancia, hostilidad o violencia; el establecimiento de relaciones diplomáticas, económicas y culturales; y la eliminación de los obstáculos para el comercio y la libertad de movimiento.
También se anunciaba la retirada israelí de las fuerzas militares y asentamientos civiles de la península del Sinaí, capturada durante la Guerra de los Seis Días en 1967, la cual fue concluida en 1982.
Egipto se convirtió así en el primer país árabe en sellar una paz duradera con Israel, lo que fue interpretado dentro de círculos radicales como una “traición”. Egipto fue boicoteado por otros estados árabes y la sede central de la Liga Árabe fue transferida de El Cairo a Túnez. En 1989 fue reinstalada en El Cairo y los países árabes normalizaron las relaciones con Egipto.
GB

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