Un sobreviviente del Holocausto afirmó que la gente “no puede saber ni imaginar el dolor” que significó el exterminio llevado a cabo por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, pero consideró que “si la sensibilidad judía es demasiada aguda también juega en contra” de las víctimas.
De esta manera, Jack Fuchs, que salió de las antesalas de las cámaras de gas de Auschwitz, se refirió, en una entrevista con la Agencia Judía de Noticias (AJN), a las polémicas declaraciones del ministro de Economía, Amado Boudou, que banalizó la Shoá (Holocausto) para agredir a dos periodistas.
En su casa de Barrio Norte, en el centro de la ciudad de Buenos Aires y en me dio de libros y reconocimiento, Fuchs se mostró dispuesto a sentarse con el ministro de Economía para “explicarle que hay gente sobreviviente e hijos de sobrevivientes y que es un tema muy delicado”.
“La gente dice cosas sin saber lo que dice, pero si nuestra sensibilidad es demasiada aguda también juega en nuestra contra porque a veces estamos muy sensibilizados”, dijo Fuchs, quien no solo estuvo en Auschwitz sino que también pasó por los campos de concentración de Lodz y de Dachau.
Entre café y torta, el sobreviviente insistió en que “se debe ver hasta que punto la sensibilidad no va contra uno mismo”. “Uno tiene que tener cuidado con las palabras, pero confieso que los chistes que había en los campos de concentración no se podían creer. Nosotros nos podíamos dar ese lujo, pero no los demás”, agregó.
Para Fuchs, “se está exagerando un poco el tema de los negadores porque a la larga es un mea culpa de lo que los judíos no hacemos”. “El 19 de abril (Día de Conmemoración del levantamiento del Gueto de Varsovia), se lleva a los chicos para llenar una sala de dos mil personas en una ciudad donde viven 100 mil judíos”, argumentó.
Asimismo, Fuchs citó el caso de los intelectuales judíos asesinados en Rusia el 12 de agosto de 1952, a siete años de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, por parte del régimen stalinista, hecho que fue calificado como “una propaganda de los yanquis”. “Ahora los que dijeron que eran una propaganda de los yanqui, luchan contra los negadores de la Shoá”, sostuvo.
Por eso, este hombre, que como suele decir volvió a nacer, insistió en que “no importa lo que se diga porque el dolor sigue”.
“Hay hechos que no recuerda nadie porque cada uno recuerda lo suyo. Por eso yo pregunto: ¿Qué es memoria? Es una palabra que no tiene definición. Le pregunte a un psicólogo y a un psiquiatra sobre el tema de la memoria, y me respondieron que tenemos una memoria selectiva porque sabemos como salir y volver a casa, pero memorial es como democracia, república e igualdad, palabras que es muy difícil de explicar”, afirmó.
Por eso, Fuchs resaltó que frente al Holocausto, “la vida es más fuerte que la morbosidad y la tragedia”. “La gente se ha alejado de nosotros y es muy difícil que se pongan en nuestro lugar porque no entendían como nosotros luchábamos por mantener la memoria”, explicó.
Cuando AJN insistió sobre cómo afecta a un sobreviviente del Holocausto declaraciones como las realizadas por Boudou, Fuchs respondió que todos los comentarios y preguntas “están dentro de una lógica humana”, pero aclaró que quienes pasaron por los campos de concentración vivieron “una experiencia extrahumana”.
“Ocho días en Auschwitz fue una eternidad, ocho horas en Auschwitz fue una eternidad, porque todo estaba limpio, no quedaba nadie. Es muy difícil que la gente entienda esto y al sobreviviente”, apuntó.
Y pese a la insistencia de las distintas instituciones, para Fuchs “no hay forma de educar” sobre el Holocausto. “La gente no puede entender que la vida es más fuerte que la muerte no es una cosa ideológica”, señaló.
“Tengo amigos que perdieron uno, dos o tres hijos. ¿Qué se les puede preguntar? En la vida no hay lógica. Mucha gente judía murió de angustia después de la guerra, se dejaron morir”, contó.
Fuchs, que vivió en la ciudad polaca de Lodz, donde antes del Holocausto había 250 mil judíos sobre una población de 750 mil personas, sostuvo que “cuando la mayoría no son judíos uno no puedo ir como el pobre chico del gueto”.
“Yo no podía caminar cuando estaba en el campo de concentración, tenía 37 o 38 kilos, yo quería patear una pelota y me caía. La gente no se puede imaginar el dolor porque hay una autodegradación de la humanidad”, afirmó.
Fuchs insistió en que “la vida es para vivirla” y contó que “después de la liberación un amigo le decía que había que “sobrevivir para demostrar que el pueblo judío era fuerte y muchos no pudieron sobrevivir”.
“No quieren entender que tanto aquí como en Estados Unidos muy pocos intelectuales se acercaron a los sobrevivientes. Los sobrevivientes se comían la mierda solos. No se cuál es el motivo, pero yo no me hago problemas”, agregó este sobreviviente que no quiere hacer de su causa una bandera y que espera que esta charla se vuelva a repetir cualquier día sin necesidad de que coincida con fechas.
Fuchs tenía 21 años y sólo pesaba 38 kilos cuando terminó el terror. Padecía tifus y tuberculosis; y como pudo llegó a una granja de donde más tarde fue llevado hasta Saint Ottilien, un antiguo monasterio transformado en hospital. Fue allí donde como suele decir volvió a vivir.
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