Unas medidas poco específicas, relativas «al entrenamiento y la rehabilitación» de las fuerzas de seguridad palestinas, han sido adoptadas hoy por la dirección palestina, tras el asesinato la pasada madrugada del que fuera secretario del presidente Yaser Arafat, Jalil al-Zaben, de 59 años, en Gaza.
El presidente palestino, Yaser Arafat, el Gabinete de Gobierno y el Consejo de Seguridad Nacional, que dirige Jibril Rajub, se han reunido hoy en Ramala para afrontar el caos que se adueña de la Franja de Gaza y de Cisjordania, donde proliferan las armas, las bandas y las venganzas en medio del vacío de poder.
Jalil al-Zaben fue tiroteado hacia la 01.00 hora local (11.00 gmt) cuando salía de su oficina en el barrio de Sabra, de la ciudad de Gaza, por cuatro encapuchados que huyeron en un coche blanco, dijeron a EFE fuentes palestinas.
Testigos que vieron el cadáver dijeron a EFE que al-Zaben presentaba tres balas, dos en el cuello y otra en el muslo derecho.
El periodista Jalil al-Zaben fue secretario de Arafat, y actualmente era asesor del presidente palestino en asuntos no gubernamentales y medios de comunicación, además de editor de la revista «Nashra», que pertenece a la Asociación Palestina de Derechos Humanos de la ANP.
La revista está especializada en la diáspora palestina y es conocida por sus críticas a los regímenes árabes que mantienen a palestinos encarcelados.
Jalil al-Zaben, que regresó a Gaza desde Túnez en 1994 junto con el líder de la OLP y otros dirigentes palestinos, era considerado en Gaza la «voz de Arafat» y contaba con numerosos enemigos.
El asesinato de al-Zaben por unos encapuchados que no se han atribuido la autoría de su muerte, pone de relieve la creciente anarquía que reina en los territorios donde, prácticamente a diario, se registran actos de violencia entre palestinos.
Según el Centro de Derechos Humanos al-Mezan, con sede en la Franja de Gaza, en los dos primeros meses de 2004 se han contabilizado al menos 15 casos de uso ilegal de armas en los que han muerto cinco personas y 25 han resultado heridas.
El sábado pasado, unos 50 encapuchados de las Brigadas de los Mártires de al-Aksa, brazo armado de Fatah, asaltaron las oficinas de la televisión palestina en la ciudad de Jan Yunis, en la Franja de Gaza, para exigir empleo.
La ANP se muestra impotente para controlar la situación por el aislamiento de las ciudades y aldeas exacerbada por la construcción del muro y por la prohibición por parte de Israel de que los policías porten armas, al menos en Cisjordania.
En las ciudades cisjordanas septentrionales de Tulkarem, Naplusa, Jenín, lejos de Ramala, ha aumentado el poder de las familias y clanes en la misma medida que la influencia de las tradiciones tribales en la sociedad, en detrimento del estado de derecho.
Y lejos del control de Arafat, la Franja de Gaza con 1,7 millones de palestinos y completamente cercada por Israel, se ha convertido en una verdadera «olla a presión», donde los diferentes grupos de seguridad y las bandas armadas luchan por el control en una sociedad cada día más islámica.
La anunciada retirada de Israel de la Franja de Gaza, donde mantiene 19 asentamientos y unidades militares, ha destapado especulaciones sobre un posible enfrentamiento entre las diferentes facciones palestinas por hacerse con el poder.
Otro elemento desestabilizador para la Franja de Gaza lo constituye haberse convertido en el destino del destierro de supuestos milicianos de las bandas armadas enviados por Israel desde Cisjordania o de centros de detención.
La Franja de Gaza -separada de Cisjordania por Israel- no ha sido tomada por el Ejército israelí como es el caso de Cisjordania, y en ella tienen su sede la mayoría de las facciones armadas palestinas prácticamente intactas, a pesar de los asesinatos selectivos perpetrados por el Ejército israelí, al igual que se mantienen los servicios de seguridad. EFE cps-jvp/vh
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