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Suerte que el 2003 termina.Feliz año, desde Jerusalén.

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No estoy segura de que eso de «escoba nueva barre bien» sirva realmente para describir lo que nos depara el nuevo año 2004.

Pero no sería justo excluirnos de antemano de esa esperanza, cuando nos estamos despidiendo de un año de violencia y conflicto, un nuevo año perdido por israelíes y palestinos para la paz, un año que no lamentamos que termine.

A decir verdad, ya me cansa decidir en qué café sentarme a tomar algo, en base a si tiene o no guardia a la entrada, por temor a nuevos atentados.

O en qué punto del café ubicarme, pensando en poder mirar la puerta y darme cuenta a tiempo si entra «alguien sospechoso».

O levantarme preguntándome dónde es el operativo militar de turno, con el que se intenta detener a tiempo a un suicida camino a Israel, sabiendo de antemano que ésa es sólo parte de la solución.

Mi cumpleaños 42

Nuestros momentos difíciles del 2003 empezaron hace casi un año, justamente en mi cumpleaños, a comienzos de enero.

Salía de entrevistar, en su despacho en Tel Aviv, al líder laborista Shimon Peres, quien en medio de las críticas al gobierno de Ariel Sharon, se decía seguro de que la paz debe seguir siendo el sueño que guíe a todos.
En Jerusalén me aguardaba la familia para salir a festejar mis flamantes 42 años.

Pero, súbitamente, un potente estruendo me hizo temblar. Pocos segundos después, otro.

En cuestión de instantes, el ulular de las sirenas me rodeaba, pero no alcanzaba a captar adónde se dirigían.

Era la noche del doble atentado en Neve Shaanan, al sur de Tel Aviv, que cobró la vida de 22 civiles.

Fue un mal comienzo, pero en realidad, nada nuevo.

No todo está perdido

A pesar del tono sombrío de nuestro resumen, sería imperdonable olvidar que hay quienes muestran que, en realidad, no todo está perdido.

A pesar del tono sombrío de nuestro resumen, sería imperdonable olvidar que hay quienes muestran que, en realidad, no todo está perdido

En medio del conflicto y la desconfianza, hay pruebas de que las cosas podrían ser diferentes.

Como la historia de paramédicos israelíes y palestinos, que en el marco de la Estrella de David Roja y la Media Luna Roja palestina, respectivamente, saben colaborar en momentos difíciles con tal de salvar vidas.

Y está también la nobleza de espíritu de aquellos árabes y judíos, que tras perder a seres queridos, donan sus órganos a pacientes que esperan ansiosos una nueva oportunidad.

No preguntan a quién llegará el corazón o el riñón donado.

«Lo que importa es la vida», han dicho unos y otros, en distintas ocasiones.

Con esas actitudes, no sólo actúan con nobleza ante el prójimo, también nos dan a todos la esperanza de que las cosas pueden ser distintas, de que todo puede ser mejor.

Optemos, por un momento, por ilusionarnos con ello y olvidarnos de los muchos otros problemas aún no resueltos.

¿Está mal? No. Aunque sea al despedirnos del 2003 y pedirle que no vuelva, podemos permitirnos soñar un poco.

Feliz año, desde Jerusalén.

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