Itongadol/Agencia AJN.- Al 5 de marzo de 2026, Israel se encuentra en una posición de ofensiva militar directa contra Irán, con el respaldo estratégico de Estados Unidos y con capacidad para sostener ataques contra infraestructura militar iraní. Sin embargo, el enfrentamiento comenzó a ampliarse a nivel regional, con respuestas de Teherán y la participación de actores aliados como Hezbollah.
La escalada comenzó a fines de febrero, cuando Israel y Estados Unidos lanzaron una serie de ataques contra instalaciones militares y objetivos estratégicos iraníes. Las operaciones incluyeron bombardeos contra bases, centros de mando y capacidades vinculadas a misiles balísticos, considerados por Israel como una amenaza directa a su seguridad.
Las Fuerzas de Defensa de Israel y el ejército estadounidense concentraron gran parte de los ataques en infraestructuras asociadas a la Guardia Revolucionaria iraní, depósitos de misiles y centros logísticos. El objetivo declarado fue degradar la capacidad de Irán para lanzar ataques de largo alcance y limitar su capacidad de coordinación militar.
Superioridad militar y reducción de la capacidad iran
Según análisis de expertos y reportes diplomáticos, las operaciones permitieron a Israel y a Estados Unidos establecer una ventaja inicial en el plano militar. Los ataques sostenidos contra lanzadores de misiles y depósitos estratégicos redujeron significativamente la capacidad iraní de responder con la misma intensidad que en los primeros días del conflicto.

Funcionarios israelíes indicaron que el volumen de misiles disparados desde territorio iraní cayó de forma considerable luego de los primeros bombardeos. Esto se atribuye a la destrucción de plataformas móviles de lanzamiento y a daños en redes logísticas utilizadas para desplegar ese armamento.
La estrategia de respuesta de Irán
A pesar de esa presión militar, Irán comenzó a aplicar una estrategia de respuesta más amplia y prolongada. El régimen iraní recurrió a ataques con misiles y drones contra territorio israelí y posiciones estadounidenses en la región, al mismo tiempo que activó a aliados regionales para ampliar el frente de confrontación.
Uno de los principales focos de tensión se encuentra en el frente norte de Israel, donde Hezbollah intensificó ataques desde el Líbano en apoyo a Irán. Paralelamente, milicias proiraníes en Irak y otras zonas del Medio Oriente amenazaron intereses estadounidenses, incluyendo bases militares y rutas estratégicas en el Golfo.
La expansión del conflicto también generó preocupación por el impacto en rutas comerciales clave. Irán lanzó advertencias sobre el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico y en el estrecho de Ormuz, una de las principales vías por donde circula el comercio energético mundial.
Un conflicto con implicancias globales
En el plano político, la guerra también tiene implicancias globales. La administración del presidente estadounidense Donald Trump respaldó públicamente la ofensiva contra Irán y sostuvo que el objetivo es eliminar una amenaza estratégica para Estados Unidos y sus aliados.
Mientras tanto, el liderazgo iraní, encabezado por el líder supremo Ali Khamenei, denunció los ataques y prometió continuar respondiendo. La retórica desde Teherán apunta a sostener un enfrentamiento prolongado que desgaste a sus adversarios y aumente la presión regional.
Este escenario comenzó a transformar el enfrentamiento en un conflicto regional más amplio. Analistas internacionales advierten que, aunque Israel mantiene por ahora la iniciativa militar y una superioridad tecnológica significativa, la estrategia iraní apunta a prolongar la guerra, multiplicar los frentes de presión y aumentar los costos políticos y militares del conflicto.
En ese contexto, el desarrollo de las próximas semanas será clave para determinar si la ofensiva logra debilitar de manera decisiva las capacidades militares iraníes o si el conflicto continúa ampliándose en distintos puntos del Medio Oriente.

