Itongadol.- La pequeña comunidad judía de Cuba tiene mucho con que lidiar: la falta de recursos y rabinos, una población que está envejeciendo y disminuyendo, y la continua incertidumbre sobre cuánta ayuda y asistencia pueden esperar de sus correligionarios en los Estados Unidos.
A esa larga lista se agrega la dificultad para encontrar alimentos judíos tradicionales. Una de las razones es que el alimento básico más importante en la dieta cubana es la carne de cerdo, una categoría de carne que nunca es kosher.
A diferencia de otros países latinoamericanos, Cuba sufre un embargo de décadas impuesto por Estados Unidos que bloquea la importación de ciertos alimentos (y una variedad de otras cosas).
Pero la comida de temporada de festividades también es un desafío. Las papas no están en temporada de invierno, lo que exige que los latkes en Jánuca se hagan con malanga, el vegetal de raíz también conocido como taro. En Purim, las hamantaschen se hacen con un relleno de guayaba en lugar de la típica semilla de amapola, chocolate u otro tipo de fruta.
Menos sorprendente, los bagels tampoco se encuentran en ninguna parte. Si bien los cubanos son maravillosos para hacer pan, «no pueden hacer un agujero en el centro», dijo Adela Dworin, líder laica de la principal comunidad judía de la capital cubana.
Dworin recordó una reciente visita a los Estados Unidos en la que estaba ansiosa por comer bagels normales, con salmón y queso crema de la marca Philadelphia. Pero, «pensaron que extrañaría mi país», por lo que sus anfitriones le sirvieron frijoles negros y arroz.
Hablando de pan, la jalá para la cena de Shabat también puede ser escasa a veces, debido a la escasez del tipo correcto de levadura. Matzá fue servida en su lugar.
«Es muy difícil en Cuba mantenerse kosher», dijo Dworin.
La figura principal que mantiene vivo el estilo de vida kosher es Jacob Berezniak, un carnicero que también es el líder de Adath Israel, la sinagoga ortodoxa de la Habana Vieja. Berezniak, un hombre de mediana edad corpulento y barbudo, viaja 45 millas a un matadero, donde realiza la matanza ritual de más de 60 vacas a la vez y trae de vuelta la parte delantera del animal, que es la parte kosher.
Además de la sinagoga de Berezniak y la más grande de La Habana conocida como el Patronato, hay otro lugar en la ciudad para obtener comida judía: el Hotel Raquel, un hotel kitsch de temática judía que abrió en el antiguo barrio judío de la ciudad en 2003. El restaurante del hotel se llama Jardín del Edén y sirve platos como borscht y ensaladas israelíes. Su lobby bar se llama Lejaim.
Más allá de la comida, las comunidades judías en Cuba están luchando con problemas demográficos. Actualmente no hay niños en la comunidad, con 127 familias y menos de 300 miembros.