Inicio ISRAEL Pilotos de la Fuerza Aérea de Israel relatan el caos aéreo durante el ataque del 7 de octubre: «Vi mi kibutz arder»

Pilotos de la Fuerza Aérea de Israel relatan el caos aéreo durante el ataque del 7 de octubre: «Vi mi kibutz arder»

Por Gustavo Beron
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Itongadol/Agencia AJN.- Pilotos de la Fuerza Aérea israelí relataron cómo vivieron las primeras horas del ataque del 7 de octubre, describiendo una combinación de confusión, información incompleta y decisiones tomadas mientras sus propias familias permanecían refugiadas bajo fuego. Los testimonios forman parte de una serie de entrevistas en las que los oficiales reconocen fallas graves, pero subrayan que nunca abandonaron sus puestos.

El mayor A., navegante de combate del Escuadrón 119 en la base de Ramón, contó que se encontraba en guardia rutinaria durante el fin de semana de Simjat Torá y no esperaba un evento excepcional. A las 6:30 comenzaron a sonar las sirenas y, minutos después, las tripulaciones recibieron órdenes de prepararse. A las 6:45 despegaron y hacia las 7:20 cuatro aviones de combate patrullaban frente a la costa de Gaza.

Según explicó, desde el aire solo veían estelas de cohetes, sin comprender la magnitud de lo que ocurría en tierra. “La imagen de inteligencia era incompleta y asumimos que se trataba de otro enfrentamiento limitado con Hamás”, señaló. Recién tras aterrizar, alrededor de las 8, al encender sus teléfonos, vio imágenes de terroristas dentro de Sderot y entendió que la situación era muy distinta.

En la segunda salida, mientras sellaban la frontera, comenzó a distinguir columnas de humo que se elevaban desde comunidades del sur. “Desde arriba identifiqué mi propio kibutz, donde viven mis padres. Lo vi arder. Fue un momento de absoluto silencio en la cabina”, relató. Aun así, dijo que apagó sus emociones y continuó volando. “Fallamos y no eludo la responsabilidad. Estuvimos allí, pero no fue suficiente. Eso me va a acompañar toda la vida”, afirmó.

El coronel A., ex comandante del Escuadrón 190 de helicópteros Apache, describió una escena similar desde el ala rotatoria. Tras las primeras sirenas, decidió activar todos los helicópteros disponibles y despegó a las 8:10. Minutos después fue enviado a la zona de Be’eri, con autorización para abrir fuego en territorio israelí ante reportes de infiltración.

En condiciones de visibilidad limitada y sin claridad sobre quién era terrorista y quién fuerza propia, los helicópteros apoyaron a unidades en tierra y a comandos navales que operaban en la zona. El coronel relató ataques contra infiltrados cerca de Be’eri, el memorial Flecha Negra y Nahal Oz, así como la dificultad extrema para distinguir combatientes en medio de la vegetación y el caos. “Veías a una persona armada moviéndose tácticamente y debías decidir en segundos. No había nadie en tierra diciéndonos quién era quién”, explicó.

Ambos oficiales coincidieron en que alrededor de las 8 de la mañana comprendieron que se trataba de una invasión terrestre a gran escala, muy superior a cualquier escenario previsto. Durante todo el día, helicópteros y aviones de combate de las Fuerzas de Defensa de Israel operaron de forma continua, apoyando a las fuerzas terrestres y enfrentando a los atacantes.

Los testimonios reflejan no solo el impacto operativo del ataque, sino también la dimensión humana del colapso inicial: pilotos volando a decenas de miles de pies, con información fragmentaria, mientras abajo sus hogares y comunidades eran atacados.

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