Inicio ISRAEL Netanyahu acusa al paro nacional de alejar la liberación de los rehenes y advierte que sin derrotar a Hamás el conflicto será interminable

Netanyahu acusa al paro nacional de alejar la liberación de los rehenes y advierte que sin derrotar a Hamás el conflicto será interminable

Por Gustavo Beron
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Itongadol.- En la apertura de la reunión semanal del gabinete, Netanyahu aseguró que quienes piden poner fin a la guerra sin eliminar a Hamás “están garantizando que las atrocidades del 7 de octubre se repitan una y otra vez” y que las futuras generaciones “deban combatir en un conflicto interminable”.

Según afirmó, la estrategia del gobierno sigue siendo derrotar militarmente a Hamás y avanzar en la liberación de los rehenes mediante la presión militar. “Para progresar en la liberación de nuestros secuestrados y asegurar que Gaza no vuelva a representar una amenaza contra Israel, debemos completar la misión y derrotar a Hamás”, remarcó.

Un país movilizado por los rehenes

El paro nacional fue organizado por el Consejo de Octubre, que reúne a familiares de víctimas de la masacre del 7 de octubre de 2023, junto con el Foro de Familias de Rehenes y Desaparecidos. Las organizaciones estimaron que cerca de un millón de personas pasarían a lo largo del día por la Plaza de los Rehenes en Tel Aviv, epicentro de la protesta, mientras miles más se manifestaban en otras ciudades del país.

Los organizadores sostienen que la única vía para recuperar a los cautivos es un acuerdo inmediato con Hamás, aunque ello implique concesiones dolorosas para Israel. Por el contrario, la línea defendida por Netanyahu prioriza continuar con la ofensiva militar hasta quebrar las estructuras de poder del grupo islamista en Gaza.

La tensión entre el gobierno y las familias de los secuestrados crece desde hace meses, con acusaciones de que el Ejecutivo antepone sus objetivos militares y políticos por encima del bienestar de los rehenes.

La posición israelí en las negociaciones

De acuerdo con el Primer Ministro, Hamás sigue rechazando las condiciones planteadas por Israel para un alto el fuego. Entre ellas, no solo se exige el desarme del grupo, sino también la desmilitarización efectiva y sostenida de Gaza, bajo supervisión israelí, para impedir que cualquier facción terrorista pueda rearmarse.

Netanyahu advirtió que Hamás pretende la retirada completa de Israel de la Franja, incluido el Corredor Filadelfi —en la frontera con Egipto— y la franja de seguridad en torno al enclave. “Eso permitiría que Hamás se reagrupe, se rearme y vuelva a atacarnos”, señaló.

El jefe de gobierno recordó que el gabinete de seguridad aprobó recientemente la decisión de conquistar Gaza Ciudad, una determinación que fue uno de los detonantes de la protesta nacional. “Esta es la decisión del gabinete adoptada la semana pasada. Estamos decididos a implementarla”, afirmó.

El frente del norte y la amenaza de Hezbollah

Netanyahu también se refirió al frente libanés, donde las tensiones se mantienen con Hezbollah pese al acuerdo de alto el fuego alcanzado. Aclaró que los ataques israelíes contra combatientes y lanzadores de cohetes en territorio libanés responden a intentos de rearmamento. “En virtud de este acuerdo, respondemos con fuego ante cada violación y cada intento de Hezbollah por rearmarse”, subrayó.

Una encrucijada política y social

La fractura entre el gobierno y una parte significativa de la sociedad israelí refleja el dilema central que enfrenta el país: cómo equilibrar la presión militar sobre Hamás con la urgencia humanitaria de liberar a más de un centenar de rehenes aún retenidos en Gaza.

Mientras Netanyahu insiste en que solo una victoria total garantizará la seguridad de Israel, los familiares de los secuestrados temen que esa postura prolongue indefinidamente su cautiverio o incluso ponga en riesgo sus vidas.

La magnitud de las protestas demuestra que el debate no se limita al ámbito político, sino que atraviesa a toda la sociedad israelí, que carga con el dolor del 7 de octubre y la incertidumbre sobre el futuro de los cautivos.

Por ahora, el pulso entre la presión popular y la estrategia gubernamental permanece abierto, sin señales de un punto de convergencia inmediato

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