Inicio ISRAEL El conmovedor testimonio del ex rehén argentino-israelí Yair Horn: “Tengo la responsabilidad de contar mi historia y de honrar la memoria de los que ya no están”

El conmovedor testimonio del ex rehén argentino-israelí Yair Horn: “Tengo la responsabilidad de contar mi historia y de honrar la memoria de los que ya no están”

Por Iton Gadol
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Itongadol/Agencia AJN.-  A tres años de la masacre de Hamás, en la que miles de terroristas irrumpieron en las comunidades del sur de Israel, asesinaron a más de 1.200 personas y secuestraron a 251, el ex rehén argentino-israelí Yair Horn brindó su conmovedor testimonio y expresó: “Tengo la responsabilidad de contar mi historia y de honrar la memoria de los que ya no están”.

En una entrevista con el periodista Eduardo Feinmann por Radio Mitre, Yair Horn recordó sus vivencias a partir del 7 de octubre de 2023: su secuestro en el kibutz Nir Oz, sus primeros minutos en Gaza, el encuentro con su hermano Eitán en la Franja, las torturas físicas y psicológicas, el día de su liberación y la memoria de sus amigos asesinados.

“Cuando crucé el alambrado de la Franja… ahí empiezo a ver la situación al revés. Digo: cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día que sobrevivo es un regalo. Muerto yo ya estoy. Yo no vuelvo. Intenté dar vuelta la situación para no volverme loco”, expresó.

Entre las situaciones que vivió, también recordó cuando un terrorista le ofreció afeitarse la cabeza: “No le podés decir que no al terrorista. Me empezó a cortar y cortar la cabeza. Todo ensangrentado volví a la celda y los chicos me miraron y me dijeron: ‘Te está sangrando toda la cabeza’… ‘Está bien, no se preocupen, está todo bien’, les dije. Me agarré alguna remera, me limpié y volví a que me siga cortando, afeitando la cabeza”.

–¿Cómo recordás el día de hoy hace 3 años?  

–Para nosotros, lamentablemente, empezó como un día normal, porque a las 6:29 sonó una alerta roja. Es la alarma que suena en todos los kibutz o las ciudades que están cerca de la Franja de Gaza cuando hay misiles. Y lamentablemente estamos acostumbrados a eso.  

–Hasta ese día, ¿cuántos misiles o alarmas de misiles habían aparecido?  

– Yo llegué a Nir Oz en 2014 y… perdí la cuenta. Uno se acostumbra de tal manera que hasta… a veces ya dice: «Bueno», se da media vuelta y sigue durmiendo o cosas ilógicas. Yo cuando llegué en el 2014, y todavía no conocía la idiosincrasia del lugar, ni bien llegué ya tuvimos la primera guerra. Y ahí mismo, yo trabajaba en el comedor del kibutz, comenzó esa guerra y en el 2014 cayó un misil. Yo no sabía qué hacer exactamente, no me cubrí, no tomé refugio. Ese misil cayó a 30 metros del comedor. Un comedor donde se come todos juntos, y volaron todos los vidrios y yo salí para atrás… impulsado para atrás por la onda expansiva. Decidí quedarme al igual que un montón de gente que vive en la zona… En el sur de Israel, al lado de la Franja de Gaza.  

– Al lado, ¿cuánto?  

– 500 metros, 600, depende el lugar. Estamos a nada. De mi ventana trasera se ve el primer alambrado y se ve el primer barrio de la Franja. Pero yo quiero destacar que me quedé porque… y la mayoría de la gente que conozco que vive en la zona, somos gente que creemos en la convivencia. Que por eso vivimos ahí. Por eso yo elegí, a pesar de todo, quedarme. 90% paraíso, 10% infierno.

–¿Vos y tu hermano?  

–Mi hermano, junto con el resto de mi familia, viven en una ciudad más al norte. Pero mi hermano siempre venía a visitarme en las festividades judías o a pasar algún fin de semana… toda la gente de mi comunidad ya lo conoce y lo reconoce como mi hermano. Él tuvo la mala suerte de estar el 7 de octubre. Estábamos en casa, me vino a visitar, era la festividad de Sucot, la Fiesta de las Cabañas, y el sábado empezaba Simjat Torá, cuando se termina de leer el libro de la Torá. Y lo primero que fue raro, porque escuché la alarma y… para mí ya era normal. Y yo duermo en el cuarto de seguridad, mi casa es chiquita, y cada casa tiene un cuarto de seguridad. Mi hermano nunca había escuchado en vivo y en persona una alarma, una alerta roja. Y para mí es supernormal, aunque tenemos 7 segundos para buscar refugio.  

– 7 segundos. Imaginen ustedes, imaginen 7 segundos para ir a un cuarto a refugiarse porque si no les cae un misil en la cabeza.  

– Y… y esos 7 segundos son 7 segundos para todos. Para un anciano de 85…para un nene de 3 años, 7 segundos para todos.  

– 7 segundos para un papá o una mamá para ir a buscar a un… a un bebé en una cunita y llevarlo al cuartito ese.  

–Al bebé y al hermano…y levantar a todos, 7 segundos. Nadie se imaginaba lo que iba a pasar, a tal punto que mi madre… mi familia está acostumbrada que cada vez que hay algún altercado o nos disparan misiles, yo siempre soy el único que vive en el sur. Mi madre me suele escribir un WhatsApp diciendo «Por lo menos esta vez no estás solo». No se podía imaginar ni ella ni nadie que después, unos minutos después…  

– ¿Entraron al cuarto?

– De seguridad. Sí. Primero yo forcejeo para que no puedan abrir la puerta. Los cuartos de seguridad, el mío por lo menos, no tengo cómo trabarlo. Y los cuartos de seguridad están preparados para misiles, no para terroristas…  

– No para terroristas que vienen en vivo.

– Comienzan a forcejear con la manija de la puerta hasta que ellos empiezan a disparar. Disparan a la puerta, la puerta no es antibalas, y los primeros balazos me pasan de alguna manera entre las piernas, solo así, y le pegan a centímetros de la cabeza de mi hermano Eitan. Ahí le pido que se cambie de lugar y ahí decido, decido… lo que pensé es que si ya están disparando, después pueden tirarme con una granada o con una bazuca como lo hicieron en otras casas. Que abrieron la puerta, tiraron una granada… Yo en ese momento decido abrir la puerta y salir con las manos en alto para intentar darle a mi hermano Eitan tiempo para hacer algo. Abrí la puerta, no me dispararon, cuatro terroristas apuntándome con su AK-47, su Kaláshnikov, me llevaron… hasta una motocicleta y de ahí a la Franja.  

– ¿Y a tu hermano? ¿También, lo subieron a una moto y se lo llevaron?  

– No. Cuando abrí la puerta intenté como inflarme y ni siquiera miré para atrás…  

– Tu plan era aguantar, salvar a tu hermano…  

–Darle tiempo para que pueda hacer algo. Después él quedó ahí congelado… no es fácil reaccionar en situaciones así. Y más tarde volvieron a la casa y… unas horas después se lo llevaron a él también.  

– ¿Y cuando llegaste allí a la Franja de Gaza, cómo fue?  

– Me suben a una moto, una motocicleta. No la reconozco, pero a lo mejor ya… empezaron a robar todos los vehículos de mi comunidad, de mi kibutz. Empezaron a robar todo para llevarse gente. Y… voy en la moto, un terrorista de Hamás adelante, uno por detrás… cruzamos el alambrado, entramos a la Franja, empiezan a viajar y a los 500, 700 metros frenan, gritan: «¡Yahud, yahud! ¡Tengo un judío!». Se acerca una turba de gente, me comienza a pegar, me pegan, me pegan, me pegan. Ellos disparan al aire, alejan a la turba de gente y empiezan a viajar de nuevo. Medio kilómetro, un kilómetro, vuelven a frenar, vuelven a gritar: «¡Yahud, yahud! ¡Tengo un judío!». No tengo un israelí. Tengo un judío. Se acerca gente, me comienza a pegar, a pegar, a pegar, y así cuatro, cinco, seis veces más que frenaron. Esa fue mi bienvenida a la Franja de Gaza. Ahí, todo ensangrentado, me llevaron a una casa. En esa casa ya había una entrada a un túnel… Me metieron abajo, me bajaron donde pasé prácticamente el resto de mi estadía, que fue 498 días en cautiverio.  

–498 días, un año y cinco meses más… más o menos. ¿Y tu hermano?  

–Mi hermano… unas horas después se lo llevan a él también y… en algún momento… pasan cuatro o cinco días hasta que… en una casa, yo estaba con un grupo de otros tres pibes y a él lo habían puesto con otro grupo. Lo llevaron primero a un hospital y… después los bajaron a los túneles. Cuatro o cinco días no sabía qué había pasado con él. Hasta que en un momento nos cruzamos, él con su grupo, yo con el mío. Estamos en una casa, raptaron… cantidad de gente, tenían que organizarse a ver dónde ponían a cada uno. Nos cruzamos y… sin hablar entendimos que no íbamos a decir que éramos hermanos. Porque mi miedo, mi lógica era que… si entendían que tenían dos hermanos, a lo mejor se deshacían de uno de los dos. Y decidimos que no íbamos a decir nada. A los cuatro días o cinco me enteré que, por un lado, mi hermano estaba vivo, por suerte, por otro lado, lamentablemente, también secuestrado.  

– ¿Si tuvieras que describir esos túneles, cómo lo harías?  

– Ellos llegaron a construir, una ciudad subterránea, es un laberinto enorme. Llegaron a construir lugares que están más organizados, hasta con baño y cocina. Y otros lugares que son simplemente, el túnel excavado en la tierra, y otros que son tierra y placas de cemento para sostener la tierra. Yo diría… pasamos tiempo ahí, uno no puede… no puede extender los brazos, media menos de un metro. Lugares de total oscuridad, otros lugares con pequeñas lamparitas de LED…

–¿Y comer, agua?  

– Agua… Yo tengo acá en la mano una botellita de medio litro de agua y durante mucho tiempo teníamos medio litro de agua por día. En las buenas épocas teníamos un litro de agua por día por persona, y en las malas épocas media botella. 250 mililitros por día.  

–¿Y comida? En una foto te vi muy flaco.  

– Yo perdí mucho peso. Ellos… nos daban comida… 35 kilos perdí yo. Pero no es solo el peso que uno pierde y la masa muscular, uno pierde también la capacidad de moverse, de caminar, de hacer cosas. Comida también fue… depende las épocas, hubo épocas de alimentos enlatados y arroz o fideos, y otras épocas que era un pan pita árabe, una pita, si conocen, y con un poco de humus, de garbanzos o de porotos o de algún otro enlatado… y hasta a veces teníamos… Siempre estuvimos en grupo y… traían un plato de arroz. Y digo un plato. A veces era una bandeja, pero un plato para todos, para los cinco. Y hay que aprender a compartir, no es como la pizza que te viene cortada en porciones. Pero en situación de cautiverio, en situación extrema… Uno tiene que aprender a… descubrir cuál es su porción dentro de ese plato, y cada cucharita con 10 granos de arroz es la diferencia de lo que vas a comer ese día.  

–Yair, ¿qué te rompieron para siempre?  

–A mí… Lo que más me duele… lo que más me duele a mí… A mí me rompieron amistades. Perdí… Asesinaron muchos amigos míos. Como individuo, como persona, yo intento seguir adelante… y seguir siendo fuerte no solo por mí, sino por ellos. Los amigos… Mis amigos que perdí. La lista es, lamentablemente, muy grande. Y me parece que… como yo los conocí como gente alegre y contenta, y me gustaría… poder seguir adelante… no rendirme ante la tristeza, pero siempre… recordando a los que no están hoy.  

– ¿En algún momento pensaste: «De acá no salgo vivo»?  

–Ese fue mi… mi plan. Yo me di por muerto… para dar vuelta la situación. En el momento que yo cruzo el alambrado entiendo que soy hombre muerto.  

–¿Te diste por muerto?  

–Yo crucé el alambrado, ya está. Y ahí… ahí empiezo a ver la situación al revés. Digo: cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día que sobrevivo es un regalo. Muerto yo ya estoy. Yo no vuelvo. Intenté dar vuelta… la situación para no… no volverme loco.  

–¿Y cuando te liberan… al año y 5 meses, y tu hermano queda?  

– Para mí fue… Fue el peor día de mi cautiverio. El peor día. Primero vienen cuatro o cinco días antes… de que de que me van a largar… y nos dicen… nos dicen… «Hay dos del grupo de ustedes van a ser liberados, del grupo de cinco, dos van a ser liberados», y nos hacen creer que nosotros podemos elegir o tenemos que elegir quién… quién va a ser liberado. Y así pasamos cuatro o cinco días de mucha tensión.   

–Una tortura psicológica monumental.  

– Constante desde el minuto cero.  

– ¿Torturas físicas?  

– Yo recuerdo… Me ofrecen en uno de los distintos lugares que me llevaron me ofrecen… Habían recibido una navaja nueva y… Para afeitarse. Y me ofrecen un… Cuchillo para afeitar… Me ofrecen si quería afeitarme la cabeza. Y… No le podés decir que no al terrorista. Y del poco pelo que ya tengo y… aparte del pelo que me iba afeitando, me empezó a cortar y cortar la cabeza. Todo ensangrentado volví a la celda y los chicos… Los chicos me miran y me dicen: «Te está sangrando toda la cabeza… Está bien, no se preocupen, está todo bien». Me agarré alguna remera, algo, me limpié y volví a que me… a que me siga cortando, afeitando la cabeza. Cosas de ese estilo.  

–¿Alguna parte de… de vos quedó ahí, en algún túnel?  

–Yo creo que nunca… Nunca… Nunca terminé de salir, nunca salí del todo. Pero… Lo uso para… Primero para entender que estoy vivo y es un alivio, una alegría, y… Y por otro lado son todo el tiempo emociones encontradas… porque ahora entiendo que tengo una responsabilidad… De contar mi historia y de honrar la memoria de los que ya no están.  

– ¿Qué creés que provoca que cuentes la historia? Ya sabés que hay muchos que banalizan lo que pasó. Y acá en la Argentina, por ejemplo, y en el mundo entero, enarbolan rápidamente la bandera de Palestina y se ponen del lado de los terroristas de Hamás. ¿Qué les dirías?  

–Hamás es un grupo terrorista, obviamente. No son locos. No son locos. Un loco no sabe lo que hace. Esta gente sabe exactamente lo que hace, son terroristas, me odian por ser judío y quieren destruirme, matarme por ser judío. Yo… Pongo mi historia sobre la mesa. Cada vez que cuento la historia queda sobre la mesa para que la gente… la escuche y después haga con ella lo que crea correcto. Pero entiendo, como cualquier persona con un poco de lógica, que la moneda tiene dos caras. Y para poder entender, decidir, elegir o… el sinónimo que quieras, uno tiene que escuchar las dos caras de la moneda, de la historia, para poder decidir. Yo cuento mi historia, la historia de mi comunidad, que fue masacrada, uno de cada cuatro… O asesinado o secuestrado, uno de cada cuatro. Lamentablemente famosos, nos hicimos por eso. Familias vivas… Los Cunio, nombro solo a los argentinos para no hacer toda la lista.  

–Sí. Porque entre los secuestrados… entre los 251 había 21 argentinos. ¿Los conocías a todos, a los argentinos?  

–La mayoría de la gente son de mi kibutz. Ariel y David Cunio… con las nenas… Las nenas, Emma y Yuli, las nenas. Dos, tres años… secuestradas…  

–Los chiquitos Bibas. Nueve meses y el otro cuatro años, ¿no?  

–Arielito, Arielito. (Pausa emotiva)  

–Cuánto dolor… Yo creo… no sé… no sé si ustedes coinciden, yo estoy convencido que no es solamente un tema de judíos. Yo creo que los terroristas van o vienen por los valores judeocristianos. Me parece que vienen por todos nosotros, nos quieren matar a todos nosotros. Quieren eliminar de la faz de la tierra no solamente a los judíos.  

Te queremos homenajear. A vos y a todos aquellos que sufrieron esta masacre.

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