Inicio ISRAEL Economista Manuel Trajtenberg: “Si se intenta salva a todas las empresas, no se salva nadie”

Economista Manuel Trajtenberg: “Si se intenta salva a todas las empresas, no se salva nadie”

Por Iton Gadol
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Agencia AJN.- El reconocido economista argentino-israelí brindó una videoconferencia en la que se refirió a la crisis mundial por el coronavirus. Entre otros temas, destacó la importancia de los negocios pequeños frente a los grandes centros comerciales y se refirió a la situación argentina: “Lo que destruye a la economía argentina es Isidorito, el ejemplo del ‘canchero’, del ‘rebusque’, de violar las reglas”, opinó. Además, advirtió al mundo: “Señores, hay un límite. El concepto de que todo puede crecer en forma exponencial, ya sea el crecimiento económico, el número de turistas o de aviones que vuelan, terminó”.

Agencia AJN.- En una videoconferencia organizada por los Amigos Argentinos de la Universidad de Tel Aviv, el economista Manuel Trajtenberg brindó una interesante charla sobre la crisis causada por la pandemia del COVID-19 y afirmó que si los Estados “intentan salvar a todas las empresas, no se salva nadie”.

“Es evidente que no podés volver al mismo lugar donde estabas. Lo que hay que hacer hoy en día es ayudar a la gente a mantener la cabeza arriba del agua. No dejar que nadie se ahogue. Hay que evitar que la gente sufra un golpe económico personal. No es fácil hacerlo. Pero eso no significa que tenés que salvar a todos los negocios, porque eso no se va a poder lograr y es un error porque puede consumir enormes recursos que no tenés”, aseguró Trajtenberg, quien ganó reconocimiento internacional por haber sido una personalidad fundamental en el desarrollo de la economía de Israel.

“Hay que hacer un mecanismo por el cual se pueda ver la viabilidad de sector por sector, la capacidad de recuperarse y que haya un proceso lento, pero seguro, de transferir recursos a los sectores que van a caer, pero que tienen un futuro”, agregó el economista nacido en Córdoba.

Shoppings vs. Pequeños comercios

“En todo el mundo, también acá en Israel y seguramente también en Argentina, el desarrollo comercial y económico ha llevado a que se creen los shoppings o centros comerciales grandes, y los negocios chicos van a cerrando. El almacén de la esquina, la panadería, el café… van cerrando. Por el coronavirus, de pronto, se nota la importancia enorme que tiene el negocio pequeño de la esquina. La comunidad cercana, tus vecinos. Yo veo escenas por acá que me emocionan muchísimo. Uno de pronto ve las cosas en forma diferente”, subrayó durante la videconferencia.

El caso argentino

“Hace mucho que traté de dejar de entender lo que pasa en la Argentina, a nivel de gobierno. Nunca pensé que podía dar consejos a alguien, en ese sentido. Pero hoy en día, en la historia de la economía, ha ocurrido algo interesante. Hay mucho más énfasis en estudiar las instituciones económicas y sociales, qué es lo que rige que la economía se desarrolle de determinada manera. Y el ejemplo de la Argentina se lo estudia desde Haití hasta en Harvard. Es un ejemplo de un país que contradice todo: tiene recursos humanos muy altos, tiene recursos naturales muy altos, no tiene guerras, pero tiene instituciones malas. Instituciones que tienen una gran inercia histórica, que no se pueden cambiar”, destacó el economista sobre las constantes crisis en el país.

“Lo que destruye a la economía argentina es Isidorito. Porque Isidorito es el ejemplo del ‘canchero’, del ‘rebusque’, de violar las reglas y tener un nivel de vida alto sin laburar. Ese es el problema de la Argentina”, opinó.

La situación de Israel

“A Israel esta crisis le llegó cuando estaba muy bien en la macroeconomía, pero aun así hay que tener mucho cuidado, porque el déficit presupuestario va a subir y la deuda nacional también, no hay otro remedio. ¿Pero cuánto? Si no se invierten los recursos de la deuda para crear la infraestructura que pueda llevar a la prosperidad económica futura, lo que se hace es poner un peso enorme a tus hijos y nietos, y no existe el derecho de hacerlo. Entonces hay que hacer un cálculo muy sutil y con mucha responsabilidad frente a las generaciones que vienen”, afirmó.

El mundo tiene un límite

“Los vuelos de aviones se convirtieron en un factor fundamental del cambio climático, al igual que la congestión turística, como lo que estaba ocurriendo en Venecia o Florencia, donde las ciudades no pueden aguantar el flujo enorme de visitantes. Lo que todo esto nos dice es: señores, hay un límite. El concepto de que todo puede crecer en forma exponencial, ya sea el crecimiento económico, el número de turistas o de aviones que vuelan, terminó. El mundo es finito. Y no podemos seguir así. Ese es el mensaje positivo, en última instancia. Y lo entendemos solo a los golpes, no con el razonamiento”, resaltó Trajtenberg.

Una visión optimista

“Yo por naturaleza tengo una enfermedad que se llama optimismo, pero eso no quiere decir que uno no sea realista. Cuando uno ve un fenómeno tan enorme, que está ocurriendo en todo el mundo, por supuesto siempre hay dos caras de la moneda. Pero mi optimismo es que tratemos de identificar lo bueno de esto y lo malo, y no dejar que ocurra de esa manera. Está en nuestras manos”, concluyó.

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