Inicio ISRAEL Análisis. ¿Netanyahu o Bennett? La guerra oculta en la Casa Blanca antes de las elecciones

Análisis. ¿Netanyahu o Bennett? La guerra oculta en la Casa Blanca antes de las elecciones

Por IG
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Itongadol/Agencia AJN (Por Amit Segal/Israel Hayom).- Sobre el Mar y A-Lago: hubo un momento que molestó en el Likud durante un discurso en la Knesset (Parlamento israelí) el día del final de la guerra. Fue cuando el presidente (estadounidense, Donald) Trump elogió espontáneamente a (el jefe de la oposición) Yair Lapid. «Es un muchacho agradable», le dijo a (Benjamin) Netanyahu, y luego reprendió al primer ministro: «No tenés que ser tan intransigente ahora que la guerra ha terminado». ¿Acaso es una pista de que el Presidente pretende -D’s nos libre y nos guarde- adoptar la neutralidad en la próxima campaña electoral?

Existen precedentes. Netanyahu, cabe recordar, colgó un póster gigantesco de él y Trump en Metzudat Zeev (la sede central del Likud) durante la campaña de 2019 y entonces el Presidente de los Estados Unidos tuvo la precaución de invitar a la Casa Blanca a su competidor directo, Benny Gantz, pese a la oposición de la Oficina del Primer Ministro. Incluso el Presidente más «halcón» en temas de paz y territorios, y el más amistoso con Netanyahu, prefirió entonces mostrarse como alguien que no interfiere en las elecciones de aquí.

La razón es que, tanto entonces como ahora, tiene lugar en la Casa Blanca un debate oculto sobre el tema de Netanyahu. (El yerno y asesor presidencial) Jared Kushner, por ejemplo, está lejos de ser un partidario entusiasta del primer ministro y del Likud. Steve Witkoff tiene una opinión aún más negativa sobre Netanyahu. Cabe suponer que los informes mordaces -y en retrospectiva, muy inexactos- contra el primer ministro previos a la reunión de esta semana vinieron de esos sectores. Hay poderosos elementos en la administración estadounidense que desearían mucho ver a otro primer ministro. Tanto por motivos personales como ideológicos.

Pero sectores incluso más amplios de la administración -el secretario de Estado (Marco) Rubio, el secretario de Defensa (Pete) Hegseth, el embajador (en Israel, Mike) Huckabee y otros- siguen siendo plenamente likudistas, si no están más a la derecha. ¿Y dónde está Trump? Aquí las encuestas lo clasificarían como «inclinado hacia el Likud».

El resultado, por ahora, es inequívoco: «Con casi cualquier otro líder, Israel no habría sobrevivido», aclaró una y otra vez ante las cámaras en Mar-A-Lago. Netanyahu no podría haberlo expresado mejor. Quién mejor que él comprende la dramática trascendencia electoral que eso podría tener. O, por ejemplo, llegar a recibir el premio Israel en vísperas del lanzamiento de la campaña. Aun así, quien presiona para que se conceda un indulto también pueden sorprender con medidas inesperadas.

Pero los esfuerzos para influir sobre Trump para que no apoye a Netanyahu no cesaron. Así, por ejemplo, recientemente le insinuaron a Naftali Bennett que la manera de llegar al corazón del Presidente es establecer un gran organismo político, con (el jefe del Ejército Gadi) Eizenkot y, preferiblemente, también con (el líder de Israel Beiteinu, Avigdor) Liberman. Alguien conocido por su afición a lo extragrande, y para quien todo es grande, desde la vida y los hoteles hasta la firma, ni siquiera pensaría en acercarse a partidos boutique.

La pregunta más importante mira hacia el futuro: suponiendo que la mayoría de las encuestas sean ciertas y dada la creencia generalizada de que este será el último mandato de Netanyahu, ¿es probable que Liberman regrese al bloque y asuma casi automáticamente una posición de liderazgo en la carrera por el liderazgo de la derecha del día después?

El propio Liberman aclara que no existe ninguna posibilidad. Pero sus conocidos en el establishment mantienen un acalorado debate al respecto: hay quienes están convencidos de que regresará porque un futuro prometedor en la derecha es preferible a la donación de bancas a otro gobierno inestable a merced de la izquierda y quizá de los árabes y de que quienes se asombraron una vez, se asombrarán de nuevo en la dirección opuesta, y hay quienes piensan que nunca regresará a ese kibutz.

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