Instructores del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y de la milicia Basij enseñan a civiles a manipular rifles tipo Kalashnikov. En paralelo, los medios estatales promueven a voluntarios dispuestos a morir por Irán y los críticos advierten que los niños están siendo incorporados a la militarización.
Itongadol/Agencia AJN.- Miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés) muestran regularmente al público cómo manipular rifles de asalto tipo Kalashnikov. En la misma línea, los desfiles por la capital exhiben vehículos militares equipados con ametralladoras soviéticas de cinta, y en una boda multitudinaria incluso se colocó un misil balístico —similar al que lanzó municiones de racimo sobre Israel— como decoración del escenario.
Las armas se exhiben cada vez con mayor frecuencia en Teherán, en una creciente muestra de desafío mientras el presidente estadounidense Donald Trump amenaza con reanudar la guerra contra Irán si fracasan las negociaciones y la República Islámica se niega a ceder el control del estrecho de Ormuz.
Las exhibiciones reflejan la amenaza que percibe Irán: Trump sugirió que fuerzas estadounidenses podrían apoderarse por la fuerza del uranio altamente enriquecido iraní y anteriormente afirmó haber enviado armas a combatientes kurdos para que llegaran a manifestantes opositores al régimen.

Pero también funcionan como herramienta de motivación para los sectores más duros del régimen y como una distracción en medio de una fuerte incertidumbre económica, con despidos masivos, cierres de negocios y aumento de precios de alimentos, medicamentos y otros bienes.
La posibilidad de armar a más simpatizantes oficialistas también podría servir para disuadir nuevas protestas contra la teocracia iraní, que reprimió violentamente manifestaciones nacionales en enero, en una ofensiva que, según activistas, dejó más de 7.000 muertos y decenas de miles de detenidos.
Durante meses, la televisión estatal y mensajes impulsados por el gobierno alentaron a la población a sumarse a los “Janfada” (quienes sacrifican sus vidas). En un momento, sectores ultraconservadores incluso alentaron a familias con hijos varones desde los 12 años a enviarlos al IRGC, una práctica que Amnistía Internacional calificó como crimen de guerra.

Funcionarios iraníes aseguran que más de 30 millones de personas, en un país de unos 90 millones de habitantes, se ofrecieron voluntariamente mediante formularios en línea o actos públicos para defender a la República Islámica. No existe manera independiente de verificar esa cifra y tampoco se observó una movilización masiva comparable a la de Ucrania antes de la invasión rusa de 2022.
Sin embargo, sí hubo anuncios públicos reiterados y presentadores armados aparecieron en transmisiones en vivo de la televisión estatal como parte de la campaña oficial.
En una práctica realizada el martes por la noche en Teherán, hombres y mujeres fueron separados en distintas clases. Hadi Khoosheh, miembro de la fuerza Basij del IRGC, mostró cómo manipular un rifle de asalto Kalashnikov con culata plegable.

“Al finalizar el entrenamiento, quienes completen el curso recibirán una tarjeta Janfada que certifica que recibieron instrucción básica y preliminar para utilizar este tipo de arma si, Dios no lo permita, ocurre algo en nuestro país”, explicó Khoosheh.
A pesar de esto, el entrenamiento resultó rudimentario. Algunos jóvenes y hombres mayores tuvieron dificultades para colocar el cargador y uno de ellos incluso apuntó accidentalmente el cañón del arma descargada hacia otras personas, una grave falla de seguridad en el manejo básico de armas de fuego.
Fuente: YNET News.

