Itongadol/Agencia AJN.- El gobierno británico confirmó el traslado al Reino Unido del activista político egipcio Alaa Abd El-Fattah, luego de que se hicieran públicas antiguas publicaciones en redes sociales en las que expresaba apoyo a la violencia contra israelíes, sionistas, personas blancas y fuerzas de seguridad.
El primer ministro Keir Starmer celebró públicamente la llegada del activista, al señalar que su caso había sido “una prioridad” desde la asunción del actual gobierno. Además, destacó la campaña sostenida de su familia desde 2013 y agradeció al presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi por haber autorizado su liberación.
En la misma línea, el viceprimer ministro David Lammy sostuvo que había asumido un compromiso personal con la familia cuando aún estaba en la oposición y afirmó que el regreso de El-Fattah al Reino Unido representaba “un gran alivio”.
Sin embargo, poco después de los mensajes oficiales, comenzaron a circular capturas y registros de publicaciones previas del activista en X (ex Twitter), en las que expresaba posiciones abiertamente violentas. En distintos mensajes publicados entre 2010 y 2013, El-Fattah afirmó que “todos los sionistas son mis enemigos”, celebró cuando “los sionistas son asesinados” y calificó como “heroico” matar “colonialistas y especialmente sionistas”.
En otros textos, fue aún más explícito. En una publicación de 2011, escribió que desearía tener un dron para “disparar a bodas sionistas”, mientras que en un intercambio previo consideró aceptable cometer un atentado suicida si eso implicaba “llevarse algunas vidas sionistas”. En otro mensaje, sostuvo que era necesario “matar a más de ellos”.
Sus declaraciones no se limitaron a Israel. En diferentes publicaciones manifestó desprecio hacia personas blancas y británicos. En un mensaje afirmó directamente: “Odio a la gente blanca”, y en otro sugirió que generar “más miedo” mediante “tiroteos aleatorios de hombres blancos” serviría para demostrar que el racismo “cuesta vidas”.
También expresó hostilidad hacia el Reino Unido, al que describió en una oportunidad como un país de “perros y monos”, y calificó la historia británica como “pura basura”. Pese a que obtuvo la ciudadanía británica en 2021 —en parte por el estatus de su madre—, sus publicaciones reflejaban un rechazo explícito hacia la sociedad que hoy lo recibe.
Los antecedentes ya habían generado controversia en el pasado. En 2014, la difusión de estos mensajes provocó que se retirara su nominación al Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo.
Tras la confirmación de su llegada al país, organizaciones judías reaccionaron con dureza. El Board of Deputies of British Jews advirtió que el historial de llamados a la violencia representa una amenaza para la seguridad pública y reclamó explicaciones urgentes al gobierno sobre si El-Fattah mantiene esas posiciones y qué medidas se adoptarán para proteger a la comunidad judía.
En la misma línea, el Jewish Leadership Council expresó que la recepción oficial del activista contradice los compromisos previos del primer ministro para combatir el antisemitismo. A su vez, dirigentes opositores cuestionaron la falta de controles y de evaluación previa antes de concederle la ciudadanía y facilitar su traslado.
Desde el Partido Conservador, varios legisladores exigieron aclaraciones formales al primer ministro, señalando que El-Fattah había instado en el pasado a incendiar edificios y atacar a la policía. También se cuestionó si el gobierno conocía esos antecedentes antes de celebrar públicamente su llegada.
Pese a las críticas actuales, la campaña por la liberación del activista fue respaldada durante años por representantes de múltiples partidos políticos, tanto del oficialismo como de la oposición, quienes argumentaron que había sido víctima de persecución política en Egipto.
El caso reabrió el debate en el Reino Unido sobre los límites entre la defensa de los derechos humanos, la concesión de ciudadanía y la responsabilidad del Estado frente a discursos de odio y llamados explícitos a la violencia.

